Imagina que hay un tiempo consciente y otro imperceptible cuya experiencia después se vuelve parte del tiempo que vives ahora. Por ejemplo, el tiempo imperceptible será aquel en el que fabricas el futuro y el consciente aquel donde –a su tiempo– realizas ese futuro. En cierto sentido, la ley del desdoblamiento del tiempo puede ser compleja, pero en realidad se trata del maravilloso descubrimiento de tu gemelo cuántico.

Este viaje comienza como un espacio imperceptible del tiempo. Así como a veces perdemos imágenes intermitentes de una película, en la vida pasa lo mismo. El tiempo pasa entre dos instantes perceptibles donde siempre hay uno que se pierde. 

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Esta es la teoría del desdoblamiento del tiempo (creada por Jean Pierre Garnier Malet), una ley que prueba científicamente que el ser humano vive entre el tiempo real y el cuántico, este último con infinitos estados potenciales casi imperceptibles que transmiten lo mejor de él al tiempo real. Lo mismo que vemos en la serie Dark de Netflix. 

Así nace el gemelo cuántico de cada persona. Tal como el tiempo se desdobla, el ser humano también lo hace; en la realidad está el “yo” consciente, mientras que en otro plano temporal está el “yo” cuántico.

Entre ambos “yoes” se crea un intercambio de información que permite anticipar el presente a través de la memoria del futuro. Esto quiere decir que el “yo” cuántico funciona como un previsor para el “yo” del tiempo real, y le transmite información que puede ser importante en su tiempo.

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Explorando la ley del desdoblamiento del tiempo

Así como se explica la dualidad de la materia (una partícula es a la vez cuerpo y energía), parece explicarse la existencia de un gemelo cuántico para cada persona. Tal como las partículas, el ser es al mismo tiempo cuerpo y energía.

Es en esta particularidad que podemos conectarnos con nuestro gemelo cuántico. ¿Cuándo sucede? La ley del desdoblamiento del tiempo plantea que en los sueños experimentamos la máxima actividad cerebral, lo que permite el intercambio de información entre los tiempos.

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El “yo” cuántico ha analizado la suficiente información durante los sueños como para determinar qué vale la pena recordar y qué no. En ese intercambio, es posible arreglar el futuro vivido durante el día y transformarlo para el día siguiente. De ahí viene la intuición y el instinto de supervivencia.

Si alguna vez te dijeron que la mente es muy poderosa, están en lo correcto. Cada persona puede diseñar su futuro a través del intercambio de información con su “yo” cuántico. Como tal no hay prueba de que esto suceda como nuestro cerebro lo piensa, pero sí hay una atracción que se explica con la ley del desdoblamiento del tiempo.

Pensemos a este doble cuántico como un ayudante del tiempo. Ocupemos la noche para borrar los potenciales peligros o sucesos no deseados y aprovechemos el día para llenar de existencia a nuestro “yo” del tiempo real.

 

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