Desapareció una laguna en México en un instante (la causa es un fenómeno que los mayas ya conocían)

El inesperado secamiento de lagunas es catastrófico para los ecosistemas: ¿por qué no estamos evitándolo, como lo hacían nuestros ancestros?

20 hectáreas de la laguna Chakanbakán, al sur de México, desaparecieron de un día a otro. Esta laguna, situada en la antigua ciudad maya –y reserva de la biosfera– de Calakmul, en Campeche, fue literalmente engullida por la tierra. El suceso, que sorprendió a especialistas de todo el mundo, se debe a un fenómeno hidrológico conocido en lengua maya como xuch.

El xuch quizá fue ocasionado por la cercanía de esta laguna con un manto freático, el cual quizá reblandeció la tierra y provocó su colapso.

Desapareció una laguna en México de un día a otro a causa de un fenómeno que los mayas sabían evitar

El resultado es estremecedor. Pero según los geólogos y biólogos que han estudiado la zona, los socavones en la laguna Chakanbakán se cerrarán, lo cual posibilitará que la lluvia rellene la laguna eventualmente.

No obstante, el daño ya está hecho: esta inesperada desecación afectará a los pobladores –quienes planeaban un proyecto turístico–, así como a especies que están en peligro de extinción y que habitan en la zona, como el puma y el tigrillo.

 

Pero, ¿por qué se llama xuch a este fenómeno?

Xuch es un verbo que significa “devorar por la boca. Por eso es que se conoce así a este fenómeno natural. Pero también porque existió en Yucatán un sitio geológico llamado Xuch por los antiguos pobladores de la región de Puuc: una zona en la cual se asentó, a principios de nuestra era, una de las más importantes civilizaciones mayenses.

Según el trabajo de investigación del arqueólogo Christian Isendhal, el sitio Xuch fue nombrado a partir de los canales verticales de piedra caliza que los pobladores construyeron durante las sequías en los cuerpos de agua, que conectaban a la superficie de la tierra con los mantos acuíferos a través de socavones (o xuch).

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El xuch fue una ingeniería que la civilización maya utilizó en Puuc para recolectar agua en las depresiones formadas naturalmente, mismas que probablemente estaban conectadas con los mantos acuíferos. De esta forma, los habitantes podían seguir cultivando incluso durante la temporada de sequías.

Pero los mayas sabían del peligro latente de que los canales y socavones construidos artificialmente hiciesen colapsar la tierra, ocasionando lo mismo que pasó recientemente en la laguna Chakanbakán: el secamiento repentino de los cuerpos de agua.

Por eso, parte de la ingeniería del xuch incluía tecnología para controlar el flujo de agua que pasaba por los socavones artificiales. La pregunta es: si los mayas hicieron eso, ¿por qué nosotros no?

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Hoy en día, la desaparición del lago Chakanbakán nos recuerda el delicado equilibrio de la existencia. Pero también nos plantea una pregunta: si podríamos evitar ciertos fenómenos por el bien de los ecosistemas y de nosotros mismos, ¿por qué no lo hacemos? Quizá porque prácticamente no hay inversión en proyectos para el medioambiente en México.

Sólo existen 12 proyectos medioambientales, de los más de 350 que están en desarrollo.

Nuestros gobernantes han priorizado el desarrollo de grandes megaproyectos por encima del resguardo de los ecosistemas. Paradójicamente, estos megaproyectos podrían ocasionar que fenómenos naturales como el xuch se intensifiquen, debido al peso de muchas de las infraestructuras que se construyen en áreas naturales (como hidroeléctricas, carreteras o centros turísticos) y que ocasionan enormes fracturas subterráneas.

Desapareció una laguna en México de un día a otro a causa de un fenómeno que los mayas sabían evitar

Existen otras lagunas con riesgo de ser subsumidas por la tierra, como lo son Bacalar, Holbox y Xcalak, en Quintana Roo.

Además ya se han perdido cuerpos de agua en los ríos Atoyac, Tilapa y Tlacuapa.

No está de más recordar que el fenómeno de los socavones está presente incluso en las ciudades: la Ciudad de México está experimentando un hundimiento paulatino que pone en riesgo a la urbe y a todos sus habitantes, pues provoca socavones, inundaciones y muchos otros fenómenos.

A pesar de que es urgente encontrar soluciones para evitar catástrofes de enormes magnitudes en el futuro cercano, es poco lo que se está haciendo respecto de estos problemas geológicos.



Organizar tu día según la jornada de 8 horas te hace improductivo (y lo contrario te llena de energía)

Está demostrado que debemos tener muchos breaks durante la jornada.

La jornada de ocho horas de trabajo, por increíble que parezca, es el esquema en el que descansa el sentido que le damos al tiempo cada día. Pero, ¿por qué? Básicamente porque durante la Revolución Industrial, el galés Robert Owen concluyó que la fórmula “ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo, ocho horas de descanso” era la mejor para fomentar tanto la calidad en el trabajo como la calidad de vida de los trabajadores.

Pero, ¿es esta división en tres todavía funcional? Algunas empresas contemporáneas creen que no…

En un estudio conducido por la compañía tech, Draugeim Group, un grupo de investigadores rastrearon los hábitos de trabajo de empleados de la oficina mediante una aplicación. Ésta midió cuánto tiempo pasaron las personas en varias tareas y lo comparó con sus niveles de productividad.

Descubrieron algo que servirá en el futuro para desmontar la idea anacrónica de que la jornada debe durar estrictamente ocho horas, y que ésta debe llevarse de a cabo de manera consecutiva. Y es que los investigadores pudieron observar que la duración de la jornada no importaba tanto como la manera como los empleados estructuraban su día.

Al parecer, lo mejor es trabajar 1 hora y descansar 15 minutos.

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Esta estructuración del tiempo dio mayor energía y enfoque a los empleados. Y ella implicaba que estuvieran totalmente concentrados en su tarea durante la hora de trabajo, así como totalmente desconectados durante los 15 minutos de descanso. Siguiendo este ciclo, cada hora de trabajo fue mucho más eficaz.

Así que las nuevas dinámicas de trabajo requerirán que esto se tome en cuenta, dejando de ser tan rígidas si lo que quieren las empresas es una mayor productividad, una mayor calidad y cuidar la psique de sus empleados. Se trata de no condenar la procrastinación, pues otros estudios han demostrado que cuando “perdemos el tiempo” en internet –buscando información sobre productos, leyendo o viendo videos– es porque nuestra mente lo necesita. Y es que, en promedio, nuestra concentración no puede durar más de 20 minutos a su máxima potencia.

Eso sí: no podemos disolvernos en el internet y en las nocivas formas que tiene para acaparar nuestra atención. Se trata de estructurar nuestro tiempo y de hacer las cosas cuando debemos hacerlas –y no hacerlas cuando no debemos hacerlas, es decir: saber tomar verdaderos descansos–.

¿Qué hacer en los breaks?

Lo más importante es que te relajes. Si tu trabajo no te permite navegar mucho en internet, y crees que ahí encontraras sosiego, ¡adelante! Pero recuerda no todo son las redes sociales, y que éstas te pueden ocasionar ansiedad. ¿Y si mejor observas la foto del universo del día, cortesía de la NASA? ¿O qué tal si escuchas sonidos naturales de todo el mundo en este mapa interactivo. O descubre más música de los artistas que más te gustan. El punto es que pierdas el tiempo con sentido.

Pero si quieres estar offline, puedes simplemente salir al parque más cercano y sentarte a observar lo que pasa a tu alrededor. O aprovechar para respirar profundo por cinco minutos y oxigenar tu cerebro. Incluso puedes ponerte metas: como aprender origami, o aprender a tejer, pues las manualidades tienen la capacidad de relajar la mente. Verás que esos 15 minutos son mucho más tiempo del que parece.

*Imágenes: Max Löffler