La neurotecnología viene a plantearnos un desafío ético. La privacidad de los pensamientos y las acciones se ve sobrepasada con los avances actuales. 

Los avances tecnológicos han ido en aumento, parece que con el transcurrir de los años tenemos un avance potencial más que lineal en cuestiones de tecnología. En todas las áreas vemos avances tecnológicos cada vez más sorprendentes y la neurociencia no es la excepción.

Implantes cocleares para ayudar a las personas sordas a escuchar, estimuladores del cerebro profundo para personas con Parkinson. En fin, no hay un límite para la tecnología, pero ¿cuál es la ética detrás de la neurotecnología?

La neurotecnología es nuestro intento de expandir el cerebro con dispositivos tecnológicos, para hacer frente a las desafíos de la vida moderna. Aunque muy útil, también resulta alucinante pensar que el cerebro se puede conectar de forma casi quimérica a una máquina o computadora.

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Interfaces cerebro-computadora: Tecnología invasiva 

Las interfaces cerebro-computadora (BCI) son el corazón de la neurotecnología. Se encargan de recopilar, interpretar, inferir o modificar información generada por cualquier parte del sistema nervioso.

Existen distintos tipos de interfaces, algunos son invasivos, mientras que otros no. La tecnología no invasiva nos permite modificar ciertas respuestas del sistema nervioso. Por ejemplo, los investigadores de IBM junto con Boston Scientific, están aplicando el aprendizaje automático y la neurotecnología para mejorar las terapias contra el dolor crónico.

Aunque también está la otra parte. Las interfaces BCI invasivas implican, como su nombre lo dice, colocar microelectrodos u otro tipo de neurotecnología directamente en el cerebro. Con esto se detecta o modifica directamente la actividad neuronal.

Por ejemplo, existen prótesis capaces de hacer sentir al tacto, el calor o frío en personas con extremidades faltantes. También, recientemente Rodrigo Hübner que sufre paraplejia, condujo un auto con su mente a través de dispositivos de neurotecnología.

El desafío ético de la neurotecnología

Hasta aquí todo es ya de por sí bastante impresionante. No obstante, no existen límites para los investigadores que están indagando nuevas posibilidades. Rafael Yuste, quien es neurobiólogo de la Universidad de Columbia, está indagando en un estudio un tanto escabroso. Se trata de obligar a un ratón a realizar una acción mediante el control neuronal de ciertas zonas del cerebro.

Él y su equipo han registrado la actividad neuronal de un ratón que estaba realizando una acción, como lamer para obtener una recompensa. Posteriormente el equipo estimuló las misma zona neuronal y consiguieron que el ratón realizara la misma acción. Incluso cuando el roedor no tenía intención de hacerlo en ese momento.

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Justamente es aquí cuando se abre el debate ético de la neurotecnología. Sobre todo porque avanza a una velocidad vertiginosa que no existe regulación alguna sobre su aplicación. Como avance emergente, esta desafía a las empresas, investigadores y personas para reafirmar el compromiso con la innovación responsable.

Es momento de pensar en los desafíos que nos traerá la posmodernidad, así como estar preparados para afrontarlos con la mayor ética posible. Pensar en el respeto a la privacidad de nuestros propios pensamientos ya es un hecho del mañana. Debemos aseguraros de que los derechos humanos de cada individuo sean respetados por las empresas encargadas del desarrollo de neurotecnología.

Al final del día, uno se pregunta: ¿Realmente nos gustaría estar conectados a una computadora?

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