Alterar tus ritmos circadianos podría ser la gran causa de tu depresión

Respetar los tiempos del cuerpo puede ser clave para evitar la depresión y otros trastornos psíquicos, como demuestra un estudio reciente.

Nuestro cuerpo tiene una agenda muy puntual para poder regular todas sus funciones a lo largo del día. A esto se le conoce como “reloj biológico”, pero en realidad tal reloj comprende una serie de variaciones llamadas en biología ritmos circadianos. Éstos son vitales y, por lo tanto, no deben ser interrumpidos, pues de ser así se desencadenan una serie de reacciones muy negativas para el organismo e incluso para la psique.

No obstante, es tan difícil ahondar en las consecuencias que tiene la interrupción de los ritmos circadianos –ya que pueden ser afectados de formas tan diversas como diferentes pueden ser las reacciones consecuentes– que los biólogos, psicólogos, neurólogos y todo tipo de especialistas siguen investigando al respecto para poder elaborar tratamientos cada vez más sofisticados contra algunos padecimientos.

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El campo de investigación es todavía tan vasto que los especialistas aún se preguntan si, en el caso de la depresión, es ésta la que desencadena interrupciones en los ritmos circadianos o, por el contrario, es la interrupción de dichos ritmos lo que provoca depresión.

En un estudio reciente, realizado en el Reino Unido, se comprobó que las interrupciones del ritmo circadiano podrían estar detrás de las peores depresiones.

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En esta investigación, se siguió durante 1 semana a 91 mil participantes de entre 37 y 73 años que no reportaban desórdenes de sueño, y a quienes se les colocó un acelerómetro en la muñeca para registrar cuán activos o pasivos eran durante las 24 horas del día. Adicionalmente se les dio un cuestionario de salud cuyos datos, junto con los recabados por los acelerómetros, permitieron a los investigadores comprobar que aquellos que son más activos de noche tienen mayor tendencia a la depresión u otros trastornos. También son notablemente más infelices, más neuróticos y más propensos a inestabilidad emocional.

Además, quienes presentaron depresión eran en su mayoría hombres, con un nivel educativo bajo y con experiencias traumáticas en la niñez, lo que podría explicar qué ocasiona la interrupción de los ritmos circadianos, que a su vez llevan a la depresión –o por lo menos a su profundización–, lo que después se vuelve un círculo vicioso.

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Así que estamos ante un problema multidimensional, no sólo de acción y reacción, sino de interrelación entre los ritmos circadianos y la salud de nuestra psique. Por eso, y partiendo de este tipo de investigaciones, se podrían plantear en un futuro tratamientos mucho más integrales contra la depresión y otros desórdenes; para funcionar de manera óptima, estos tratamientos deben incluir la regulación de nuestros vitales ritmos biológicos, junto con remedios alternativos para combatir la depresión.

Para regular nuestros ritmos circadianos más allá de los tratamientos, sin duda es necesario echar un vistazo pormenorizado a nuestros hábitos y, de ser necesario, cambiarlos; sobre todo aquellos que tengan que ver con el dormir, pues esta actividad debe llevarse a cabo en un horario nocturno pues, de otra manera, no obtenemos todos sus beneficios.

Hay que añadir también que debemos abrir nuestra mente a prácticas que quizá desconocemos, pero que pueden servirnos de mucho para modificar los malos hábitos (por ejemplo, la meditación), y que debemos prestar atención a aquello que podría estar siendo nocivo para nosotros (por ejemplo, el ruido en las ciudades, al cual hay que anteponer necesarios espacios de silencio que son como un masaje para el cerebro).

De esas formas alternativas, y mientras la ciencia encuentra nuevas respuestas y tratamientos, quizá recuperemos el ritmo y logremos ponernos en sintonía con el día a día.



El sol es el mejor antidepresivo natural

Toma luz, no fármacos. La deficiencia de vitamina D es uno de los factores causantes de un desbalance en la psique.

Es muy difícil conseguir vitamina D a través de los alimentos, ya que sólo se encuentra en pescados grasos, algunos hongos y soya orgánica. La mejor manera de conseguir la vitamina es indudablemente a través del sol. Ya que se produce fotoquímicamente en la piel a partir de 7-dehidrocolesterol, este se sucede con una eficacia impresionante: el exponer todo el cuerpo al sol por media hora producimos entre 10 mil y 20 mil UI (unidades internacionales) de la vitamina, esto se debe a una reacción con los rayos ultra violeta.

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La falta de exposición al sol en algunos países nórdicos es una de las causas principales de la depresión de los habitantes, al grado que durante los inviernos les recetan dosis de tres meses de vitamina D para combatir los efectos físicos causados por la ausencia del sol en cielos permanentemente grises. Una deficiencia de vitamina D sólo se puede combatir tomando la versión sintética ya que los alimentos no aportan las cantidades necesarias para balancear nuestro sistema. Los síntomas de la falta de vitamina D incluyen dolores musculares óseos, deterioro cognitivo en adultos mayores, asma severo en niños pequeños e infecciones debilitantes (respiratorias y estomacales).

Para evitar una deficiencia de la “vitamina del sol” podemos intentar pasar algo de tiempo afuera; caminatas cortas, paseos por bicicleta, lectura en una banca del parque son solo algunos ejemplos de cómo recargar nuestra vitamina D. Prevenir es siempre mejor que lamentar, mientras más informados estemos en cuanto a la salud de nuestro cuerpo podremos reconocer los síntomas antes de tener que lidiar con problemas serios. Extrañamente los países con más deficiencia de vitamina D son Australia, Estados Unidos y Canadá, que nos recuerda que pasar todo el día encerrado en una oficina o en casa no aporta nada a nuestra salud; una vida pasiva es mucho más nociva que una activa.

Pareciera que los humanos dependemos de la luz solar tanto como las plantas, lo que nos recuerda que a pesar de nuestra forma no sustentable de vida, tenemos mucho más en común con el reino vegetal de lo que creemos. El balance de nuestro planeta se refleja en todos los niveles; debemos empezar cuidando nuestro organismo para después poder ocuparnos de otros.

 

Con información de Oliver Gillie, científico y médico experto en el rubro; Vitamin D can probably stop ‘modern’ diseases – Gillie 2014



¿Quieres saber si alguien tiene depresión? Fíjate en sus palabras

La frecuencia y uso de ciertas palabras y construcciones lingüísticas es más frecuente en pacientes con depresión.

La depresión no es un estado de ánimo: es una enfermedad que afecta a más de 300 millones de personas a nivel mundial, entre ellos muchos jóvenes, con implicaciones negativas en su calidad de vida. De igual forma, cada caso de depresión presenta particularidades y diferencias que deben ser tomadas en cuenta por el profesional de la salud mental que lo trate; pero en muchas ocasiones, la gente que sufre este trastorno teme pedir ayuda, o simplemente no sabe que está viviendo con depresión.

Una nueva herramienta que podría ayudar a identificar casos de depresión echa mano del recurso más íntimo que tienen los seres humanos para comunicarse: el lenguaje.

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Laura Makabresku

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Un nuevo estudio publicado en la revista Clinical Psychological Science describe un intento por tratar de analizar la escritura de personas con depresión mediante métodos de análisis computarizados. Este análisis no sólo busca palabras clave, sino también estructuras sintácticas, prevalencia y clases de palabras, diversidad léxica, longitud de las oraciones y patrones gramaticales, entre otras variables.

Uno de los investigadores es Mohammed Al-Mosaiwi, candidato doctoral en psicología de la Universidad de Reading, quien afirma que:

En su conjunto, los resultados de esta investigación revelan diferencias claras y consistentes en el lenguaje de quienes presentan y no presentan síntomas de depresión.

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Laura Makabresku

 

Así habla la depresión

En su investigación con inteligencia artificial, Al-Mosaiwi y sus colegas diferencian entre contenido y estilo de la escritura. Grosso modo, el contenido es el tema y el estilo es la manera de tratarlo. El estudio consistió en analizar 64 foros de salud mental, con más de 6,400 miembros, y contrastarlos con 19 foros de control sobre otros temas.

Un rasgo esperable en el contenido de la escritura de la gente con depresión es la prevalencia de palabras que refieren a emociones negativas, como solitario, triste o miserable. Sin embargo, resulta más inesperado encontrar que utilizan pronombres singulares de primera persona (todo lo que refiere a “yo”), en vez de pronombres que refieren a otros (“él”, “ella”, “ellos”, etcétera).

Esto sugiere que los individuos con depresión se enfocan más en hablar de sí mismos, o desde un lugar conceptual y gramaticalmente aislado, en lugar de incluir a otras personas en su discurso. Esto es consecuente con el “rumiar”, el pensamiento obsesivo respecto a uno mismo, que presentan muchos pacientes con depresión.

No obstante, para los investigadores esto no representa necesariamente patrones de pensamiento distintos entre quienes sufren este padecimiento y quienes no; solamente se trata de evidencia estadística.

También sobresale el uso de palabras “absolutistas”, como “siempre”, “nada” y “completamente”. En comparación con los foros de control, las palabras absolutistas fueron 50% más frecuentes en foros de ansiedad y depresión, e incluso 80% más frecuentes en foros sobre ideación suicida.

El objetivo de este estudio es apoyar la labor de los terapeutas para clasificar distintos padecimientos psíquicos de acuerdo a la manera en que hablan y/o escriben los pacientes. Los investigadores advierten que en el futuro próximo, los algoritmos serán más sofisticados y permitirán identificaciones más precisas; sin embargo, no se debe confundir el uso de este tipo de marcadores gramaticales en el discurso con un diagnóstico de depresión, el cual solamente debe ser realizado por un profesional de la salud mental.

 

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