Esta animación explora la depresión en nuestra era

Este cortometraje animado retrata la tristeza y el duelo en tan sólo 8 minutos.

Estar deprimido es como vivir en constante acecho. Quien haya sufrido la pérdida de un ser querido, lo sabe mejor que nadie. Después de la negación, la fuerza sofocante de la tristeza se cierne sobre uno e inunda hasta los momentos más cotidianos. Aunque se trata de un sentimiento universal, en muchas ocasiones es difícil transmitirlo.

Ahí es donde entra Blue Hands, una poderosa animación de Diyala Muir.

La protagonista de Blue Hands (Manos azules) despierta con los ojos irritados por el llanto y aborda el transporte público. El destino es incierto, pero su desesperación es clara. En medio de una marejada de gente, ajetreo y locales vistosos que incitan al consumo, esta mujer se encuentra realmente sola a pesar de vivir en una ciudad.

Aferrada a las memorias de una pérdida pasada, vive en un estado de constante desamparo que se representa a través de unas manos azules que la acompañan en todo momento. La ansiedad provocada por las redes sociales, el ajetreo de la vida moderna y la indiferencia colectiva resultan en el aislamiento total de las personas que, como ella, sufren en soledad.

El cortometraje de Diyala Muir condensa este mensaje de manera magistral en tan sólo 8 minutos. Su animación fluida y su música punzante crean una atmósfera que es tan envolvente como la tristeza misma. Quien se haya sentido así alguna vez, entenderá. Míralo entero:



Nueva investigación confirma que hay más de un tipo de depresión

La depresión es esquiva, pero se ha confirmado que existen por lo menos 3 tipos distintos de este trastorno.

Si de por sí cuesta entender la depresión –y a las personas que la padecen–, imagínate si existiesen decenas de tipos diferentes de este trastorno… Eso es, de hecho, lo que sucede.

Sólo que los tipos de depresión que existen son todavía un misterio de la psique.

Cada vez más personas padecen depresión, al grado de que podemos hablar de crisis de tristeza en países como México. Pero lo cierto es que este trastorno sigue siendo sumamente esquivo e incomprensible, incluso para la comunidad científica.

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La prueba de ello está no sólo en las maneras diferentes como actúa cada paciente depresivo, sino en que a muchos no les funcionan los antidepresivos. Esto sucede porque la depresión se origina por motivos distintos, que dependen de las experiencias del paciente. Además, este trastorno es, a grandes rasgos, un desbalance químico; pero se ha comprobado que elementos como las proteínas también juegan un papel en su desarrollo.

Pero por fin, un equipo de investigadores del Okinawa Institute of Science and Technology ha constado que existen por lo menos tres tipos de depresión.

El hallazgo fue realizado tras una ardua investigación que involucró una gran recolección de datos sobre la depresión, basados en investigaciones previas. Se recabó información médica y se realizaron cuestionarios e imágenes por resonancia magnética en más de 120 pacientes (con y sin depresión).

Toda esta data fue analizada y reveló coincidencias suficientes como para determinar que existen 3 tipos de depresión.

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Las principales variables en los tipos de depresión son:

  • La presencia o ausencia de trauma infantil.
  • Los patrones de conectividad en el giro angular derecho y otras zonas del cerebro.

Los pacientes sobre los cuales no surtían efecto los antidepresivos –que promueven la serotonina en el cerebro– son aquellos en quienes había un aumento en la función del giro angular, y que habían experimentado traumas infantiles. Esto era lo que los diferenciaba de los pacientes sobre quienes sí surtía efecto el antidepresivo.

No obstante, para los científicos queda mucho aún por indagar. Los traumas, y otros elementos externos que pueden ser determinantes en el tipo de depresión de cada paciente, son quizá la variable que hace más difícil entender este trastorno. Qué tipo de cambios producen las vivencias personales en un cerebro tendiente a la depresión seguirá siendo una gran incógnita.

Pero lo que este equipo de investigadores ha descubierto servirá para ahondar en los aspectos neurobiológicos de la depresión, y sin duda facilitará mejores tratamientos en un futuro.

 

* Imágenes: Moonassi (Daehyun Kim)



Investigadores observan cómo se ve la tristeza en tu cerebro

Se trata de una inédita cartografía de la tristeza sobre el vasto territorio del cerebro.

La tristeza es como el clima: un estado psíquico fluctuante, que viene y va, quizá como una tormenta. La tristeza puede llegar en cualquier momento pero, por fortuna y hay que recalcarlo, también siempre pasará. No cabe duda de que todos la hemos experimentado, pues se trata de una condición humana primigenia. Más aún, la tristeza es una energía que potencia nuestras capacidades sensoriales y cognitivas, pues nos hace experimentar el mundo de otras maneras.

Es por eso que la tristeza ha sido el sedimento de portentosas creaciones humanas. Y por eso –ya lo decía Virginia Woolf–, hay un tipo de tristeza que algunos no buscar mitigar, sino quizá comprender y aprovechar. Pero esa gran energía que compartimos colectivamente, ¿es asequible? Al parecer, sí.

Un grupo de científicos estadounidenses pudieron ver cómo se ve la tristeza en el cerebro.

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Recientemente se realizó en la Universidad de California un estudio en el que participaron 21 pacientes de epilepsia, quienes estaban en un hospital esperando una cirugía que tardaría varios días. Los psiquiatras insertaron cables en las cabezas y sienes de los pacientes y midieron su actividad eléctrica durante 1 semana. De esta forma, los investigadores pudieron observar el tipo de comunicación eléctrica que se generaba en el cerebro de los pacientes.

Para su sorpresa, la comunicación entre redes específicas del cerebro, involucradas con la emoción y la memoria, coincidió en 13 de los 21 pacientes. La tristeza estaba asociada en ellos a un circuito neuronal particular en el cerebro, el cual conecta la amígdala, una zona del cerebro encargada de regular las emociones, con el hipocampo, principal almacenador de recuerdos.

Esto quiere decir que las emociones modifican cómo dialogan las zonas del cerebro entre sí, y cómo funcionan las redes neuronales. Éstas han sido cada vez más tomadas en cuenta en estudios sobre el cerebro y la inteligencia, e incluso se ha develado que compartimos mucho más con algunos animales de lo que creíamos, debido al funcionamiento de estas redes.

Según dijo para NPR Vikaas Sohal, uno de los autores encargados de dicha investigación:

Había una red que una y otra vez nos decía si se sentían felices o tristes.

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Así se ven los mapas de estas redes neuronales

Este estudio podría llevar a trascendentes avances para una mayor comprensión de los trastornos emocionales, pues los investigadores cuentan ahora con una cartografía más clara de la tristeza sobre el vasto territorio del cerebro. Esto podría ser especialmente importante en el caso de la depresión, pues saber más sobre las redes neuronales que activan y desactivan diversos procesos en zonas como la amígdala y el hipocampo puede ayudar a encontrar nuevos remedios para la depresión.

Podrían hacerse tratamientos específicamente para cambiar la actividad de estos circuitos neuronales.

Esta cartografía cerebral de la tristeza es una buena noticia para las millones de personas que padecen depresión, la cual será para el 2020, según la OMS, la primera causa de discapacidad en países como México. Y también es buena noticia para la conciencia contemporánea, pues con este tipo de evidencias científicas es posible cultivar una mayor empatía colectiva hacia los trastornos mentales, que sin duda modifican nuestro cerebro de maneras hasta ahora desconocidas, pero que nos atañen a todos.

 

* Imágenes: 1) Videohive, edición Ecoosfera; 2) Johnny Keethon; 3) Cell