Después de ver esto no volverás a prohibirle a los niños que digan groserías

Según la ciencia, hay muchas razones para sentirnos libres de utilizar estas palabras…

Las malas palabras tienen algo de atractivo, quizá por ser esa parte rebelde de la semántica que nos libera de las reglas impuestas por la sociedad. Pero lo cierto es que las groserías son todo menos malas, según han descubierto diversas ramas de la ciencia.

Varias investigaciones han demostrado las bondades que tiene proferir groserías. Entre otras cosas, se ha vinculado a las personas honestas con el lenguaje grosero y un mejor manejo de la ira. Además, blasfemar ha demostrado no ser sinónimo de tener poco vocabulario, sino al contrario: quienes usan groserías en sus expresiones cotidianas son personas más elocuentes e inteligentes, capaces de defender su postura con intensidad, firmeza y decisión.

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Por ello, no decir groserías es señal de una personalidad reprimida, mientras que hacerlo nos dirige a un momento catártico que incluso puede ayudarnos a tolerar el dolor. Como varios estudios han comprobado, las groserías nos hacen más fuertes: alguien con una mano sumergida en hielo aguantará 50% más de tiempo si dice groserías que alguien que diga palabras neutrales o no diga nada. Esto es así por el aumento de adrenalina, lo que conduce a una analgesia inducida por el estrés (y sí: el estrés también puede ser benigno).

Entonces, ¿en nombre de qué nos callamos y evitamos maldecir? Parece que en nombre de convenciones sociales y de tabúes que, no obstante, deben romperse, como bien recomienda la doctora Emma Byrne en su libro Swearing is good for you.

A Byrne, quien en realidad investiga sobre inteligencia artificial, la sedujeron las groserías en un sentido tan científico como social y pedagógico. Para ella, y más allá de la lingüística, es importante ocuparnos como sociedad del lenguaje; sobre cómo lo usamos y qué implicaciones tiene. A partir de eso podemos eliminar todo tabú y revolucionar la manera en la que nos desenvolvemos. Incluso es una herramienta para inculcar nuevos valores a nuestros hijos.

Tratamos de mantener el lenguaje fuerte lejos de nuestros hijos hasta que ellos saben cómo usarlo […] Deberíamos revisar esta actitud […] Los niños necesitan aprender cómo puede afectar a otros maldecir.

De hecho, para Byrne las groserías con parte de una programática social (lo que que la involucra también como investigadora de inteligencia artificial), pues expertos como ella buscan saber más sobre las bases de nuestra condición humana. Y sin duda el lenguaje es una de esas bases: nos hace lo que somos como individuos y como seres comunitarios; nos vincula con las emociones de otros, y no es algo que se pueda prohibir de facto. Eso sí, como bien resalta, se debe enseñar sobre las posibilidades y consecuencias del lenguaje y las groserías, muchas de las cuales llegan a ser racistas o sexistas.

Pero concordamos con Byrne: enseñarle a nuestros hijos a decir groserías es parte de una evolución social necesaria, tanto como lo es desmontar mitos sobre lo que una persona “malhablada” demuestra de sí misma. Porque a veces los beneficios para nuestra salud física y mental, e incluso para la sociedad en su conjunto, están donde quizá nunca imaginaríamos encontrarlos.

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¡No apartes la vista del cielo! Lluvia de estrellas Oriónidas el 21 y 22 de octubre

Este mes, el cielo será escenario de una lluvia de estrellas. ¿Cómo, cuándo y dónde ver el espectáculo de las Oriónidas?

Los meteoros que adornarán el cielo nocturno del 21 al 22 de octubre son de los más veloces en su tipo. Si alzas la vista este fin de semana podrás observar la caída de entre 15 y 20 estrellas fugaces por hora. 

Lo que hace más especiales a las Oriónidas es que realmente son trozos del famosísimo Cometa Halley, que pasa por la Tierra cada 76 o 76 años. Deben su nombre a la constelación Orión, punto desde el cual irradian. 

¿Quieres aprovechar al máximo este regalo del cielo? Aquí va todo lo que necesitas saber:

¿Dónde verlas?

No necesitas vivir en otro país para admirar esta magnífica lluvia de luces: las Oriónidas son visibles en cualquier parte del mundo. Como ocurre con todos los fenómenos nocturnos, lo ideal es alejarse lo más posible de las luces artificiales. Si vives en una gran ciudad, lleva tu manta o silla hacia un punto apartado en el que el cielo se vea completamente oscuro. 

¿Cuándo?

Aunque se predice que los días con más estrellas serán el 21 y 22 de octubre, será posible admirarlas desde la noche del 20. No olvides que el mejor horario para verlas es en la madrugada. Es posible que el brillo de la luna obstaculice la visión, por lo que se recomienda salir poco antes del amanecer entre 2 y 3 am, cuando la luna se haya ocultado. 

Sobre todo…ten paciencia

Tómate unos 20 minutos para que tus ojos se ajusten a la oscuridad y dedica por lo menos una hora a tu cita con el cielo. No desesperes: los rastros de luz que las Oriónidas pintarán en el firmamento son la mejor recompensa



Las abejas usan los hongos como medicina (y esto podría evitar su extinción)

Este instinto en las abejas ha sido estudiado por un experto en hongos, que cree poder salvar a estos nobles polinizadores.

Los seres humanos hemos desarrollado una fijación con el futuro. Pero para salvar el presente deberíamos voltear hacia atrás y volver a la naturaleza; o por lo menos a sus principios. Porque si retomáramos su inherente sabiduría y resiliencia podríamos resolver muchos de los problemas actuales que nos están acercando peligrosamente a la catástrofe mundial.

El más contundente ejemplo de lo anterior está en las abejas, que no sólo son seres con una serie de comportamientos fascinantes, sino que incluso podrían haber encontrado la manera de eludir la extinción a la cual las estamos conduciendo desde principios de este siglo.

Las abejas han encontrado una cura a todos estos males en los hongos.

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Pero, ¿que está extinguiendo a las abejas?

Las colonias de abeja están experimentando lo que los expertos han llamado un “colapso”, es decir: las abejas están muriendo de manera masiva, causando el colapso de sus complejas comunidades. Esto tiene que ver con una docena de razones que investigadores como el mexicano Ernesto Guzmán-Novoa se han dedicado a develar.

El uso masivo de pesticidas tóxicos –por ejemplo, los de Monsanto– es la principal causa detrás del colapso de las colonias de abejas. Pero no solamente: la contaminación del aire les dificulta localizar las flores, y el cambio climático está trastocando los ciclos naturales. No obstante, ahora lo fundamental es curar a las abejas de los virus que las invaden, mientras se pone en marcha el uso de pesticidas alternativos.

Por qué un extracto en los hongos cura a las abejas

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En un estudio reciente publicado en la revista Nature se probó a dos grupos de abejas. El primer grupo  se alimentó de jarabe de azúcar mezclado con un extracto del micelio fúngico –una serie de filamentos presentes en los cuerpos del hongo. Este grupo desarrolló defensas contra dos virus comunes que están causando el colapso. Al segundo grupo, que sólo se les alimentó del jarabe de azúcar, resultó ser mucho más propenó a contraer ambos virus.

Lo más curioso es que el estudio se llevó a cabo… porque las propias abejas condujeron a él.

En 1984, el micólogo, escritor y activista Paul Stamets notó que las abejas en su patio se alimentaban de los hongos que usaba para sus investigaciones, creyendo que lo hacían por las azúcares naturales presentes en los hongos. Pero sabiendo sobre las propiedades mágicas del micelio fúngico –que entre otras cosas es un gran antiviral–, Stamets pronto se preguntó si las abejas no estarían más bien medicándose con los hongos.

Entonces Staments comenzó a colaborar con Walter Sheppard, jefe del departamento de entomología de la Washington State University. Ambos analizaron los efectos del micelio, y sus estudios los llevaron hasta el más reciente estudio citado, publicado en Nature este año, y que es la conclusión de sus investigaciones a lo largo de 12 años.

Las abejas condujeron al descubrimiento del primer antiviral para insectos.
Con un poco de nuestra ayuda, esto podría evitar su extinción.

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Staments y su equipo seguirán probando esta insospechada cura en las colonias de abejas, esperando encontrar la solución al colapso de éstas. Pero en lo que esto sucede, este caso ya puede –y debe– servir como una pista para la humanidad, la cual nos está urgiendo a ver cómo la naturaleza es capaz de sobrellevar, incluso, el daño que le estamos causando. Sobre todo debemos concentrarnos en lo que podemos aprender de esto para poder ayudarle a resarcir nuestros errores.

Porque aún estamos a tiempo, no sólo de salvar a las abejas, sino a la casa que compartimos con ellas. Y parece que el precioso y virtuoso reino del fungi será en esto un gran aliado.