El asombro no tiene límites… ¿O sí? Quizá no. Pero esta capacidad humana ha sido milenariamente acaparada por filósofos “profesionales”, quienes se han reservado el derecho a pensar la existencia y cuestionar sus misterios. Más aún: se han convertido en los únicos y legítimos filósofos, herederos de la sapiencia humana generada con el pasar de los siglos. Se olvidan de que filosofar es una tarea elemental y primigenia que, en realidad, todos hacemos cotidianamente.

Porque todos somos filósofos…

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Filosofar es pensar. Y el motor de ese pensamiento empieza con la curiosidad y suele arribar al asombro. Pero, además, esto trasciende las ideas para llegar a moldear incesantemente el mundo real. Es así que la filosofía la hacemos todos: porque todos hemos hecho el mundo. Por eso la necesitamos para transitar la sociedad contemporánea, como también necesitamos de la ciencia –de la cuál la filosofía es su complemento fundamental ya que, a decir de Heidegger, la ciencia no es la encargada de pensar–.

Por eso, Darío Sztajnszrajber está popularizando la filosofía
(y lo que es mejor: sin trivializarla en el intento).

Este filósofo y docente, cuyo apellido se pronuncia shtain-shraiber, lleva años devolviendo la filosofía al imaginario colectivo en su natal Argentina. Su principal objetivo es, quizá, reactivar el pensamiento filosófico en cada psique individual, y hacer que la filosofía –no como actividad aislada y neutral, sino colectiva y polémica– vuelva a servir a su propósito original. Esto es: mantener al mundo girando. Porque únicamente con filosofía podemos sortear las contradicciones que nuestro solo “estar” en el mundo implica, y superar los retos que nuestra propia época, sin duda original, nos presenta. 

En ese sentido, nunca fue más pertinente esta aseveración de Ludwig Wittgenstein:

La filosofía debería ocuparse más de lo que dice la gente que de lo que dicen los filósofos.

Siguiendo quizá esta idea, Sztajnszrajber se ha convertido en una de las figuras más populares en Argentina, a tal grado que su programa, Mentira la verdad, fue nominado a los premios Emmy en 2012. La obra de Sztajnszrajber ha cobrado relevancia –no sólo en Argentina, sino en otros países– a raíz de sus producciones literarias y sus presentaciones, en las cuales hace accesible la filosofía sin trivializarla, algo que se agradece en estos tiempos en que la filosofía se sirve rápido, como la comida chatarra.

Lo mejor es que la mayoría de las clases impartidas por Sztajnszrajber están en línea, así como los episodios de Mentira la verdad y sus participaciones en diversos programas y espacios de difusión. Además, este docente pop gusta de filosofar sobre temas de la vida cotidiana como el amor, la tecnología y hasta el fútbol. Así, todos formamos parte de su pensar y nos convertimos en filósofos conscientes de que estamos filosofando. Nada mejor y más urgente para nuestros convulsionados tiempos.