Alguna vez la poeta Maya Angelou dijo haber aprendido que la gente puede olvidar lo que el otro le dijo, que puede olvidar lo que el otro hizo. Pero que la gente jamás olvida cómo el otro la hizo sentir.

La joven noruega Vilde Westeng parece haber tenido esto muy claro cuando decidió deshacerse de los rígidos estereotipos que constriñen todo –el arte incluido– y comenzó a entrenar para competir en un halling, una danza folclórica noruega tradicionalmente masculina, la cual está repleta de acrobacias.

Por este desafiante acto, la joven sufrió burlas de sus compañeros. Como expresó en el corto documental Sorrow is the Price you pay for love, del director Erlend E. Mo:

Mucha gente cree que las chicas no deberían bailar el halling. Eso es porque las pocas chicas que lo hacen lo bailan al estilo ballet. 

No obstante, las burlas no la hicieron desistir. Al los 12 años ganó una competencia nacional de esta danza en su versión más “varonil”, mostrando que podía bailarla como –o mejor– que los hombres. Ello sin importar que el halling es una danza particularmente ruda, que requiere de desarrollar gran fortaleza muscular.

Pero Vilde Westeng no sólo quiso ser la mejor para satisfacer su propio deseo. Desde que su abuelo, quien también fue un danzante profesional, enfermó de cáncer, la joven se propuso ganar la competencia nacional para honrarlo y mostrarle su amor.

No te diremos el final de esta historia conmovedora, desafiante y llena de compromiso. Puedes ver el corto documental aquí mismo, cortesía de Erlend E. Mo y The Atlantic. Además podrás ver las asombrosas presentaciones de Westeng bailando esta danza tradicional nórdica, que son simplemente imperdibles.