Con el paso de los años los etólogos han ido descubriendo más datos asombrosos sobre los animales y su comportamiento. Por muchos años de estudios a nuestros compañeros de planeta se pensó que las conductas animales eran aleatorias, pero han surgido grandes mentes capaces de conectar de tal manera con ellos que nos han ayudado a comprender que no es así. Las abejas son insectos asombrosos, gracias a ellas el planeta subsiste y tenemos alimentos en la mesa, pero no sólo se trata de insectos que vuelan grácilmente con su danza, si no que son un misterio en sí mismas.

Pero para hablar de abejas no podemos dejar de lado el nombre de Karl von Frisch, la primera persona que las miró con respeto. Hoy en día se cree que se ha logrado descifrar el lenguaje de las abejas, pero la primera persona en prestar atención a esto fue el etólogo de origen germano-austriaco. Sin Frisch quizá habríamos tardado más tiempo en descifrar el intrincado sistema de comunicación de las abejas.

qué pasa si desaparecen abejas

Karl von Frisch y el estudio de las abejas

Karl se sentó pacientemente a observar el comportamiento de las comunidades de abejas. Un día colocó un plato de agua con azúcar cerca de la colmena para atraer a una de las abejas. Cuando esta llegó a beber, el etólogo la marcó para mantenerla monitoreada. Al siguiente día, la abeja marcada volvió después al mismo bebedero para alimentarse, pero esta vez, Frisch notó un comportamiento inusual, se le unieron más abejas tras pasar algunas horas.

Uno podría pensar que no habría misterio detrás del hecho, ya que las abejas acompañantes podrían haber fácilmente seguido a la abeja marcada. No obstante, este evento tan simple no se le pudo escapar al etólogo quien estaba seguro de que las nuevas visitantes al bebedero no habían seguido a la abeja marcada. Él pasaba horas estudiando a la colmena y además se aseguró de utilizar agua con azúcar en vez de miel, para que el olfato no interviniera en el camino hacia el alimento. De este primer acercamiento dedujo una sola cosa; debía haber un sistema intrincado de comunicación entre abejas.

Poco a poco, Frisch alejó el bebedero varios metros más de la colmena hasta llegar a un kilómetro de distancia. Sin embargo, el resultado siempre fue el mismo; la abeja marcada y nuevas acompañantes lograban descifrar la localización del bebedero. Karl se preguntó cómo es que la abeja marcada podía revelar con tanta precisión la ubicación del agua con azúcar. Debía existir un mensaje encriptado en su andar. Así que decidió echar un vistazo de cerca a la comunidad de abejas y descubrió una especie de meneo pintoresco de la abeja marcada.

danza de meneo de abeja

La danza de las abejas

Lo que para otros observadores había resultado una coreografía espasmódica con movimientos sin sentido, para Frisch resultó revelador. Descubrió que el movimiento característico de 8 que seguía la abeja marcada, era en realidad un mensaje complejo. Pero no cualquier tipo de mensaje, sino que en él contenía información precisa del clima y la astronomía. Que además estaba sintetizado para transmitir a las otras abejas la localización exacta del bebedero.

La dirección con la que la abeja se movía en forma de 8 en relación con la colmena indicaba el ángulo del sol. Así, si se movía verticalmente y hacia arriba quería decir que había que volar directamente hacia el sol. En cambio, si lo hacía hacia abajo, indicaba volar hacia el lado contrario de la posición del sol. Y sus giros en 8 en horizontal indicaban las coordenadas exactas del bebedero, aunque estuviera a kilómetros de distancia. Pero eso no es todo, la velocidad a la que la abeja sacudía su cuerpo durante su danza, indicaba el tiempo que tardarían en llegar hasta el bebedero.

En otras palabras, las abejas son tan sorprendentes que son capaces de hacer cálculos matemáticos muy precisos y comunicarlos a sus hermanas. Karl von Frisch ganó el Nobel de Fisiología en 1973, por sus estudios avanzados en abejas que lo ayudaron a descubrir el intrincado lenguaje y su danza de meneo, su sistema de comunicación.