La cooperación no sólo surge de un deseo de autopreservación. Es también un acto de empatía: una capacidad que nos ayudó a evolucionar colectivamente, más allá de la mera supervivencia individual y del egoísmo que, al parecer, es innato –más no imprescindible–.

En la naturaleza, y no sólo en la sociedad humana, existen muchos ejemplos de ello. Este es el caso de los cuervos, aves extremadamente inteligentes a la vez que sensibles, que son capaces de defenderse en grupo de la muerte y que no perdonan a quienes los ofenden.

Ahora se sabe otra cosa que hace de los cuervos una sociedad más compleja de lo que podríamos pensar: estas aves sienten aversión por la desigualdad y el egoísmo, algo que sólo se había comprobado en primates y, en menor medida, en perros.

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En un estudio publicado en PLOS se puso a prueba a un grupo de diez cuervos –seis hembras y cuatro machos–, a los cuáles se recompensó de manera ya sea equitativa, dándoles la misma recompensa por el mismo esfuerzo, o no equitativa, haciendo variar las recompensas.

En el caso de las recompensas no equitativas, y aunque el esfuerzo era el mismo, un cuervo podía obtener a cambio algo de menos valor que su compañero, mientras que en una variación a la prueba, uno de los cuervos no recibía nada y su compañero sí. La variante con mayor desigualdad ocurría cuando a un cuervo se le daba una recompensa “gratis”, mientras que al otro se le hacía realizar la prueba para obtener lo que al primero se le había regalado.

Ante la desigualdad, el rendimiento de los cuervos en las pruebas bajó.

Pero lo más sorprendente es cómo reaccionaban al egoísmo.

Según puede leerse directamente en el artículo producto del estudio:

Durante estos eventos, los cuervos prestan atención a si su compañero es egoísta (se come toda la comida al obtenerla) o si comprarte. Ellos recuerdan esto, y si se les da la opción en el futuro, no trabajarán con los pájaros egoístas. Más aún, ellos sí se percatan de cuando reciben una peor recompensa por hacer el mismo trabajo, por lo cual dejan de trabajar.

Aunque el estudio es reducido y se necesitarán más investigaciones en el futuro, este primer experimento saca a relucir la naturaleza empática de los cuervos. No obstante, dentro de su sociedad también existen aves que van contra la corriente y toman decisiones en pos de la autopreservación y el bienestar individual, en lugar de velar por el otro o por la comunidad.

Como sea, estas sorprendentes aves, asociadas a la más tétrica oscuridad, son más bien de una sensibilidad exquisita y una gran nobleza. No extraña que por ello, y pese a no tener neocórtex, sean estudiadas ampliamente por la neurociencia. Porque tenemos mucho que aprender de la particular inteligencia de los cuervos, así como de sus sorprendentes y complejos comportamientos sociales.

 

* Imágenes: 1) CC; 2) June Hunter