Nuestra comida también está sedienta. Para producirla es necesario usar masivas cantidades de agua, tanto para cultivarla como para empacarla y hasta para transportarla, si es que sumamos los insumos que implica la producción de combustibles.

Es así que detrás de una bebida como el café puede haber hasta 140 litros del líquido vital, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Evidentemente, esta cantidad supera por mucho a las onzas de las que esté constituida cualquier taza de café. Se trata más bien de lo que se conoce como “agua virtual”, o “consumo indirecto”, a partir del cual se calcula cuánto de nuestra huella hídrica proviene del agua usada para producir lo que consumimos.

Así que ahorrar agua no sólo depende de cerrar el grifo.

En realidad, la mayoría de nuestro consumo de agua es por vía indirecta. Y la industria alimentaria no es la única que utiliza cantidades masivas de agua. También está la industria de la moda, por ejemplo, que para hacer una sola playera de algodón requiere de usar entre 1,000 y 2,000 litros de agua.

Según la Comisión Nacional del Agua,  
en México consumimos indirectamente 96% de agua.

Pero eso no significa que ya no podamos comer o vestirnos. El cálculo del agua virtual dentro de la huella hídrica es importante en tanto que nos puede ayudar a hacer conciencia de cuánta agua requieren nuestros hábitos y ayudarnos, así, a repensar algunos de ellos. En el caso de la comida, la carne es el alimento que, por mucho, utiliza más agua. Por eso es importante replantearnos nuestro consumo de carne, y pensar en sustituirla con proteína vegetal.

El café también puede ser reemplazado: quizá no para suprimirlo, pero sí para reducir su consumo. El té, por ejemplo, es una bebida relativamente más sustentable, ya que por cada taza se utilizan en promedio 35 litros de agua. Así, podemos ahorrar agua de formas alternativas, lo cual no está de más en estos momentos, cuando debemos transitar con urgencia a formas de vida más sustentables y orgánicas.