El cuerpo humano es como una máquina cíclica. Nuestro organismo se rige por un ritmo interno, como el de un reloj. Este ritmo marca el desarrollo de acciones fisiológicas cada cierto tiempo y es mejor conocido como cronobiología humana.

Como tal, la cronobiología es una ciencia que estudia la armonía endógena, es decir, el compás de nuestro cuerpo y de algunos de los procesos que ocurren en él. Por ejemplo, el ciclo menstrual o el ciclo del sueño.

cronobiologia-reloj-interno

Sin embargo, el ser humano no cuenta con un solo reloj interno. El organismo está lleno de relojes que se sincronizan entre sí y con el exterior para generar ciertos procesos. El sueño, por ejemplo, se sincroniza con nuestra necesidad de dormir, pero también se activa al caer la noche.

Los ritmos biológicos son variados: “si miras con detalle cualquier función del organismo, encuentras un ritmo, esto es un mecanismo adaptativo a un ambiente cambiante”, apunta Antoni Díez-Noguera, profesor de Fisiología de la Universidad de Barcelona.

 

Explorar la cronobiología para entender el organismo  

El ser humano se ha adaptado a casi todo lo que el planeta representa; a la luz, la atmósfera, la gravedad. La sincronización que tenemos con el mundo y en general con el universo es, hasta cierto punto, mágica.

Hasta ahora, la cronobiología cuenta con tres ciclos básicos. Por un lado, los ritmos infradianos, que duran alrededor de unos 14 a 29 días, por ejemplo, los ciclos lunares o de migración de aves. En segundo lugar están los ritmos ultradianos, que duran menos de 24 horas y abracan desde la ingesta de comida hasta las fases del sueño.

En último lugar están los ritmos circadianos (que son los más famosos); un buen ejemplo de ellos es el ciclo de sueño-vigilia de los seres humanos. La función de estos ciclos es que el ser humano comprenda y sea capaz de reconocer la elección del “momento correcto”.

La cronobiología tiene su propia influencia en la medicina, utilizando los ritmos del organismo con el objetivo de tratar distintas enfermedades. No obstante, por ahora dejaremos esa parte de lado y nos concentraremos en las posibilidades de utilizar este reloj interno para mejorar nuestra propia existencia.

También en Ecoosfera: ¿Cómo afecta a tu cuerpo dormir poco? La ciencia responde

 

Cómo aprovechar la cronobiología para mejorar la existencia

Creemos que fluir con el paso del tiempo y la rutina saca lo mejor de nosotros, y ello en algunos casos funciona; sin embargo, la cronobiología nos ofrece la posibilidad de conocer a fondo nuestro reloj interno y aprovecharlo al máximo.

Poco a poco, cada ser humano va ajustando su ritmo endogénico. No obstante, el objetivo de esta ciencia es hacernos ver que forzar el cuerpo y alterar los múltiples relojes internos no es bueno. Una forma de mejorar nuestra existencia es comprendiendo la evolución y adaptación del ritmo natural interno. Puedes iniciar con cosas muy básicas como cenar temprano, ya que a partir de las 10 de la noche el sistema digestivo es más lento. 

humano-ciclo-circadiano-reloj-interno

Pero las actividades de rutina no son las únicas que puedes mejorar; también hay mejores momentos para reflexionar, tomar decisiones, estudiar o incluso regenerar el cuerpo. Aunque no son horarios inamovibles, la Universidad de Harvard ha señalado que cualquier momento de reflexión resulta más productivo si se hace a las 10 de la mañana.

Asimismo, se considera que es mejor hacer ejercicio a las 6 de la tarde, ya que la flexibilidad y la fuerza están en su punto máximo. Para regenerar el cuerpo el horario ideal es a las 12 de la noche, justo cuando la melatonina alcanza su pico para comenzar con la limpieza de las células.

Es seguro que no todos tenemos el mismo ritmo, pero nuestra naturaleza marca un momento ideal para ciertas cosas. Es verdad que el mundo actual en algunas ocasiones nos impide seguir los ritmos internos. No obstante, siempre hay una oportunidad para descubrir que estas conexiones son herramientas generosas que nos permiten evolucionar para bien.

 

Sigue leyendo: Científicos aseguran que la inteligencia surge en épocas de calor