Wihelm Reich fue el más brillante de la segunda generación de pupilos de Sigmund Freud. A él le debemos una de las mejores teorías científicas acerca de la energía creativa de la sexualidad: la teoría del orgón. Reich decía que el orgón era el principio antientrópico del universo; un sustrato creativo que se encuentra en toda la naturaleza y al que algunos se refieren como Dios. Para él, una vida sexual sana –o como él la llamaba, la “potencia orgástica”– era sinónimo de bienestar emocional. Y, por el contrario, el fracaso en la descarga de la energía sexual resultaba en desórdenes neuróticos. En pocas palabras, Reich fue un evangelista sexual que sostenía que un orgasmo satisfactorio marcaba la diferencia entre la enfermedad y la salud. 

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Este bienestar emocional del que hablaba no sólo giraba en torno a una moralidad derivada del placer. En una entrada de su diario, con fecha del 7 de junio de 1948 y publicada en Where’s the Truth?: Letters and Journals, 1948-1957, Reich enumera las seis condiciones necesarias para la salud creativa. La lista es limpia y quizá un poco presuntuosa, pero allí se encuentran consejos pragmáticos que son una buena guía medicinal para permitirnos sentir el placer de la creatividad. 

 

Para mantenerse sano en un mundo insano, como un hombre o mujer creativo, él o ella debe:

1. Mantener una vida financieramente independiente. 

2. Continuar incesantemente ejercitando su poder creativo en tareas concretas y arduas, buscando siempre la perfección o lo más cercano a ella.

3. Apreciar cuidadosamente el AMOR de una pareja, con toda la gratitud posible de todo el ser emocional y, si es necesario, de una manera limpia, también del cuerpo.

4. Alejarse de la trampa de la confusión de una mujer o de un hombre ordinario, ayudando, lo mejor que pueda, a otros a mantenerse fuera de la trampa.  

5. Mediante el reconocimiento y corrección de cada error, mantener una estructura limpia como el agua de un arroyo, haciendo del error corregido una guía hacia una nueva verdad.

6. Nunca entregarse a los oportunismos de la vida excepto cuando sean básicamente inofensivos o cuando la línea principal de desarrollo para la duración de nuestra vida no se vea impedida. 

 

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