En medio del desierto helado de Siberia, la tierra se abre en forma de un gran cráter. Midiendo aproximadamente 50 metros de profundidad, este agujero en medio de la región noroeste de la península es la advertencia de la llegada de un calor inusual en una de las regiones más frías del planeta.

La península de Yamal, al noroeste de Siberia, es un pequeño territorio que se encuentra dentro del océano Ártico. A este territorio se le conoce como “el fin del mundo”, un nombre que le otorgaron las etnias nómadas nenets, las cuales habitan gran parte del extremo norte de Rusia hasta la península de Siberia.

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Aquí en invierno la temperatura ronda los -50°C y en verano hay una máxima de 15°C. No obstante, este verano ha sido distinto. Durante los últimos años, el pico de temperatura máxima se ha superado y en lo que va de 2020 se han registrado 37°C. Este abrupto y crítico cambio en la temperatura ya es visible en el suelo de Yamal.

En este territorio la mayoría de la superficie está compuesta de permafrost, un suelo que no se descongela casi nunca debido a su fría temperatura y altos niveles de metano. Lamentablemente, el aumento del calor ha tenido consecuencias visibles en las profundas capas de permafrost. Con el aumento de la temperatura, el hielo se derrite y termina por liberar metano a la atmósfera. Esto genera que de vez en cuando la tierra explote creando cráteres enormes debido al metano acumulado.

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El segundo cráter de Siberia

La reciente difusión de la existencia de un segundo cráter en Siberia delata la grave situación climática. El primer cráter se descubrió en 2014 y este apareció en julio de 2020. Esta sin duda no es una situación común y los expertos siguen preocupados por lo que pueda ocurrir en la región.

“Creo que es muy probable que las olas de calor estén desencadenando abruptos eventos en el Ártico. Esto es bastante importante, porque estos eventos son en su mayoría irreversibles”, apunta Sue Natali, directora del Programa Ártico en el Woodwell Climate Research Center.

La naturaleza ya está cediendo ante las presiones humanas. El mundo está cambiando, incluso en el llamado “fin del mundo”. Ahora, lo que antes pudo ser un fenómeno de evolución natural es una clara alerta de los efectos y cambios en lo más profundo de la tierra.

 

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