Ellas (las sirenas) cantan, nos llaman, las seguimos y jamás retornamos.

Gustave Flaubert

 

Estamos en medio de una pandemia mundial y los científicos alrededor del mundo trabajan exhaustivamente para entender al virus que la ocasiona. Entre las incontables perspectivas desde las que se está analizando el SARS-CoV-2, un grupo de investigadores del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) eligió la música y tradujo musicalmente la estructura del virus que llegó para sacudir la realidad de este planeta.

Con el fin de familiarizarse con el SARS-CoV-2, un grupo de investigadores encabezados por Markus Buehler, ingeniero y músico, se han abocado a transformar en música uno de los elementos más distintivos en la fisiología de este virus: los picos que sobresalen alrededor de su cuerpo y que están formados por cadenas de proteínas. 

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Buehler y sus colegas le asignaron a cada una de estas proteínas el sonido de un instrumento (por ejemplo un koto, de la música tradicional japonesa) y luego los combinaron para finalmente generar, por medio de inteligencia artificial, una secuencia sonora. El resultado es una pieza que, paradójicamente, reconforta: acordes armónicos que incluso generan un sutil encantamiento en quien los escucha. 

Más allá de su extravagancia y su estética sonora, este ejercicio tiene también un valor científico ya que, como advierte Buehler, los detalles más minuciosos de las estructuras proteicas del SARS-CoV-2 no se pueden percibir ni siquiera utilizando sofisticados microscopios, pero sí mediante el sonido: “estas estructuras son demasiado pequeñas para la vista, pero pueden escucharse”.