Esta pandemia ha dejado en claro que los humanos tenemos mucho menos control sobre el mundo de lo que creemos. Es verdad que el origen del virus aún se desconoce, pero eso no necesariamente quiere decir que seamos menos responsables de esta situación. El cambio climático causado por el ser humano esconde algunas pistas que podrían arrojar luz sobre la explicación causal de la COVID-19

En el día a día normalmente no nos percatamos de la gran brecha que existe entre los descubrimientos científicos y el tiempo en el que se hacen públicos, pero en tiempos de crisis esta dinámica se esclarece un poco. Por ejemplo, hay que esperar todo un año para que se desarrolle una vacuna contra este virus. 

Con esto en mente, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha hecho un esfuerzo por recopilar  el conocimiento y los hallazgos científicos que hasta el momento se tienen sobre el virus. El primer dato interesante es que 60% de todas las enfermedades infecciosas en humanos son zoonóticas, es decir, se transmiten de manera natural de los animales a los seres humanos. También representan 75% de todas las enfermedades infecciosas emergentes (lo cual se refiere a las infecciones virales o bacterianas que han surgido en las últimas 3 décadas, según la UNAM). 

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Deforestación en Indonesia

Hagamos un ejercicio. Piensa en cualquiera de las enfermedades graves que hayas visto en los medios en los últimos 20 años. Es muy probable que lo que sea que se te haya ocurrido sea una enfermedad zoonótica. Ébola, Zika, SARS y MERS cumplen con esta definición. Hoy sabemos que, como explica la ONU, el brote de Ébola “fue el resultado de la pérdida de bosques que condujo a contactos más cercanos entre la vida silvestre y los asentamientos humanos”.

 

¿Cambio climático y COVID-19?

Según la ONU hay cinco factores que han contribuido a que se incrementen los brotes de enfermedades zoonóticas. El primero tiene que ver con la deforestación, el segundo con la resistencia antimicrobial, el tercero con la intensificación de la producción agrícola y ganadera, el cuarto con el tráfico ilegal (o mal regulado) de vida salvaje y, finalmente, el quinto está relacionado con el cambio climático.

No en vano estamos en la era geológica del Antropoceno, lo que básicamente se refiere al papel que juega la humanidad en cuanto a generar cambios a la tierra a través de factores como la urbanización y la utilización de combustibles fósiles, según la WWF.

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Lo que la ciencia sabe hasta el momento de la COVID-19 

Hasta ahora, lo que la ciencia puede decir del virus SARS-CoV-2 y la relación que el ser humano tiene con la naturaleza es lo siguiente: 

  1. El ganado funciona como puente epidemiológico entre la vida silvestre y las infecciones humanas. 
  2. El cambio climático causado por diversas actividades humanas juega un papel importante en los cambios de los patógenos que siempre evolucionan para explotar nuevos hosts.
  3. Los virus asociados con los murciélagos surgieron debido a la pérdida del hábitat del animal como resultado de la deforestación y la expansión agrícola, y estas criaturas son de los polinizadores más importantes del planeta.
  4.  Los cambios ambientales inducidos por el ser humano modifican la estructura de la población de vida silvestre y reducen la biodiversidad, lo que resulta en nuevas condiciones ambientales que favorecen a los vectores y/o patógenos particulares.
  5. La integridad del ecosistema puede ayudar a que estas enfermedades se regulen, porque apoya a una diversidad de especies que vuelve más difícil la propagación patógenos. 

La evidencia muestra que el cambio climático tiene consecuencias devastadoras. Si el ser humano no modifica la relación que tiene con el medioambiente, en un futuro habrá inundaciones irreparables y más brotes epidemiológicos. Es imposible predecir cuándo sucederán. Es tiempo de mirar el mundo con otros ojos, porque cuidar el planeta es la mejor forma de cuidar al ser humano.