¿Quién paga los costos ambientales que nadie paga?

¿Quién paga el costo de los recursos usados en la producción de un bien, más la pérdida de bienestar que ocasiona el proyecto al modificar el entorno?

* por: Francisco José Flores Ramos

 

“El que contamina paga” es una frase que se usa a menudo para asignar moralmente la responsabilidad de dañar el medioambiente al culpable, las legislaciones de varios países adoptan esta postura, incluso los llamados partidos verdes que existen en diversos países. Esta postura está basada en los escritos de Arthur C. Pigou (1877-1959), quién decía que el Estado debe proteger el bien común, obligando a los responsables de los perjuicios ambientales a incluir los costos de reparación en los costos de producción. Nada más lejos de la realidad; si esto fuera cierto no existirían los procesos mineros, ya que al dimensionar los daños ambientales y sociales y estar obligados a repararlos, los proyectos serian inviables económicamente.

Pigou señaló la necesidad de que el Estado intervenga y finque la responsabilidad sobre los costos a los responsables.

La idea de Pigou en su concepción es brillante, es en la práctica donde se han encontrado limitaciones por falta de honestidad de los seres humanos. Pigou presentó en 1920 sus estudios que mostraban la importancia del bienestar privado frente al bienestar común, escritos que son retomados en 1992 por la Organización de las Naciones Unidas.

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Lucy Nieto-Flickr, Creative Commons

Derivado de la falla que encuentra Ronald Coase en Los impuestos pigouvianos, escribe en 1961 El problema del costo social, que se refiere a los costos ambientales y sociales que no se enlistan en los proyectos y por los que nadie paga.

El ensayo de Coase es una critica frontal a la teoría de Pigou. Ronald Coase argumenta lo siguiente:

El error de análisis de los economistas radica básicamente en considerar al gobierno como una fuerza correctiva de las fallas de mercados que no tiene costos, lo que está muy lejos de la realidad.

Coase es muy claro en su postura, por más que se hagan esfuerzos por enlistar todos los costos ambientales y sociales, hace énfasis en los costos que tienen precio de intercambio cero, es decir, son costos que el mercado no reconoce pero que existen. Por ejemplo, el grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia al cual pertenecen el doctor Jerónimo Aznar y Vicente Estruch, entre otros, ha detectado en sus estudios doctorales sobre valoración de activos ambientales que sólo el 35% del Valor Económico Total de un recurso es reconocido por el mercado, existe un 65% de valores sociales o superiores que no son reconocidos por el mercado, es decir no tienen precio, lo cual no significa que no tengan valor. Por el contrario, son valores superiores. Esto es a lo que se refiere Coase cuando dice que por más que un Estado enumere los valores que se van a perder tras la ejecución de un proyecto, nunca se van a determinar todos los costos, y menos a pagar por su remediación.

todos los elementos que tras la ejecución del proyecto no sean repuestos, y los elementos de bienestar o valores superiores que se pierdan, cuando nadie paga por ellos, quien paga es la sociedad, ese es el costo social.

 

Ejemplo: La alcaldía vs la ciudadanía

Pongamos por ejemplo el caso de la ciudad que se volvió metrópolis; hoy en día hay muchas ciudades que hace 20 o 30 años eran ciudades de provincia, tenían relativos problemas de tráfico, menos de 500,000 habitantes, sus avenidas y ejes viales eran suficientes. Después de algunos años se han vuelto metrópolis, se han juntado con ciudades aledañas, y ahora enfrentan problemas similares a las grandes urbes.

El problema que tomaremos como ejemplo es el siguiente: se debe talar un sistema de arbolado urbano en aras del progreso, la modernidad y una mejor calidad de vida en cuestiones de tráfico. La parte de la sociedad que vive en esa zona de la ciudad rechaza los argumentos del Estado, es decir no le alcanzan estas justificaciones, la ciudadanía sabe que el sistema de arbolado representa muchos más valores que los que el gobierno reconoce. Tal vez los ciudadanos no reconozcan a detalle cuáles son estos valores, pero saben que existen y que pasan por el orden de: sentido de pertenencia al barrio, paisaje, servicios ambientales, valores culturales, y sobre todo el valor de legarlo a futuras generaciones. El valor de que sus descendientes vivan los mismos beneficios.

La parte que busca implementar los ejes viales en favor de la modernidad y el progreso presenta un plan de remediación que no deja satisfecha a la parte afectada: argumenta que árboles en igual cantidad y especie serán plantados en algún reservorio para reponer los servicios ambientales. Este es el punto álgido del problema, ya que la ciudadanía sabe o percibe que esta solución no cubre todos los daños. Es decir que la parte que apoya el proyecto argumenta únicamente en base a costos de reposición y por ende los servicios ambientales, pero la parte afectada sabe que hay valores superiores que se perderán y por los que nadie va pagar. 

Julio Torres Coto, en su artículo “¿Cuánto vale un árbol urbano?”, nos hace especial hincapié en las diferencias que hay entre árboles urbanos, árboles frutales y árboles maderables. No es lo mismo en árbol dentro de una reserva que dentro de una ciudad. Podemos decir que todos los valores superiores que se pierdan tras la ejecución del proyecto son el costo social, los valores o elementos que producen bienestar y que se nadie va a reponer.

¿Quién paga los daños ambientales que nadie paga tras la ejecución de un proyecto público o privado? 

La respuesta es la sociedad, ese es el costo social.

 

Fuentes

Aznar, Jerónimo. (2012) Valoración de Activos Ambientales.

Coase, Ronald. (1961) El problema del costo social.

Pigou, Arthur. (1920). The Economics of Welfare [4a. ed.].

Torres, Julio (2019]) Revisar Valuador Profesional.

 

* Imagen principal: Luvianos Cañadas, Nachititla, Estado de México, Wikimedia Commons

Eco Maxei
Autor: Eco Maxei
Eco Maxei Querétaro AC es una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar la coexistencia armónica entre las personas y con la naturaleza. Somos una organización multidisciplinaria, fundada e integrada por jóvenes agentes de cambio desde 2014.


México deja en la calle al 70 % de sus mascotas

México ocupa el 1 er lugar de América Latina en animales en situación de calle.

Tener animales de compañía literalmente nos regala vitalidad, pero también puede ser difícil. Mucho más difícil que tomar la decisión de tenerlos. Por eso –y porque se trata de un ser vivo–, es importante repensar con seriedad, antes de adquirir una mascota, si podremos cuidarla con todas las necesidades que implica. 

Tan sólo este dato tan desolador como gravoso nos hará pensarlo dos veces: en México, el 70 % de las mascotas son abandonadas, de cuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Y no sólo eso: 

México ocupa el 1 er lugar de América Latina en animales en situación de calle.

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De acuerdo con la organización Adoptare, se trata de un problema común en las grandes capitales de latinoamérica que obliga a dichas ciudades a enfrentar graves retos en torno a los animales en abandono. Alan Rozz, fundador de Adoptare México, explica que, aunque las adopciones de animales han aumentado en los últimos años, todavía se compran cachorros y se regalan como objetos, por lo que el abandono también continúa aumentando.

El censo del INEGI de 2016, la cifra de perros en el país es de aproximadamente 19.5 millones; por su parte, la Asociación Mexicana de Médicos Veterinarios y Especialistas en Pequeñas Especies estima que este número podría ascender a 28 millones.

También en Ecoosfera: Aliviar el sufrimiento animal es nuestro imperativo ético y moral

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Adopta, no compres

Numerosas investigaciones han comprobado los beneficios mentales, emocionales (e inclusive físicos) que las mascotas pueden detonar en nosotros. Los perros, especialmente, figuran en las terapias contra la depresión y la ansiedad, así como en la sanación rápida de las enfermedades, precisamente por demostrarnos esa fidelidad natural digna de su especie. 

Con tanta dicha que los canes son capaces de ofrecer, resulta difícil entender cómo es que existen tantos de ellos en situación de calle. Se piensa que la razón principal es que no se ha logrado cultivar una cultura de la esterilidad. Sin embargo, la cría de perros de raza sigue siendo un negocio y aún nos queda mucho por hacer en cuanto a la educación colectiva que demanda tener un perro en casa.

Por ello, siempre es importante adoptar en vez de comprar. Darle la oportunidad a un ser vivo que está dispuesto a darlo todo por quien se atreva a cuidar de él.  

En la Ciudad de México, muchos albergues, asociaciones y ONG se dedican a rescatar a estos animales en espera de un dueño. En este link puedes revisar algunos.

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Existe una arraigada (y muy obsoleta) idea de que los animales no pueden sentir. O que al no poderse comunicar mediante un lenguaje de palabras no tienen conciencia de sus sentimientos, por ejemplo del dolor. Actualmente son muchos los estudios científicos que han desmentido este mito infundado,  y que pretenden informar a la sociedad para que, de una vez por todas, entendamos que se trata de una vida, de la que nos hacemos cargo.



Cuáles sí y cuáles no son las fotografías de los incendios en el Amazonas

Una parte del principal pulmón del planeta arde en llamas, pero las imágenes en redes sociales no corresponden al suceso.

Las llamas consumen el Amazonas y en las redes sociales circulan devastadoras imágenes, pero no todas corresponden a los incendios que está sufriendo hace más de 15 días un sector de la selva amazónica.

La Agencia France-Presse (AFP) declaró que varias de las fotos con la etiqueta #PrayForAmazonas que denuncia la emergencia ambiental, son engañosas porque no corresponden a los efectos de estos incendios. Algunas fotos que se viralizaron son imágenes antiguas y otras ni siquiera fueron tomadas en Brasil.

En Facebook y en Twitter circulan las siguientes imágenes que NO sucedieron por los incendios en el Amazonas en este mes de agosto, por ejemplo:

 

1. Un mono llora desconsolado abrazando, aparentemente muerto, a su cría. Ha sido una de las fotos más virales; sin embargo, la imagen fue tomada en Jabalpur —India— por el fotógrafo Avinash Lodhi.

Por cierto, Avinash declaró al periódico británico The Telegraph que el pequeño mono no estaba muerto, sólo se había tropezado.

 

2. La segunda foto viral, arriba a la derecha, muestra una gran extensión de bosque incendiada y mucho humo. Fue tomada en el año 1989 por un fotógrafo de la agencia francesa Sipa Press, adquirida luego por la entonces Rex Features, ahora Shutterstock Editorial, y publicada por The Guardian en el año 2007.

Las personas —famosos o no— están compartiendo las imágenes sin verificarlas. El actor Jaden Smith, hijo de Will Smith, publicó la imagen en su cuenta de Instagram y, hasta el momento, ya superó los 1,2 millones de “me gusta” con el mensaje “el bosque del Amazonas se está incendiando, esto es terrible”.

 

3. Son varias las fotografías de bosques quemados con escenarios apocalípticos. Una de ellas es la imagen del Amazonas pero del año 2017. Fue capturada por el fotógrafo de la agencia Reuters, Bruno Kelly, durante la llamada Operación Ola Verde, una quema controlada que realizó el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables

 

Otras imágenes que la agencia francesa AFP ha detectado que no pertenecen a este evento histórico son:

 

¿Pero cuáles imágenes sí son de los incendios del Amazonas de 2019?

Las fotos satelitales tomadas por el Observatorio Terrestre de la NASA son verdaderas. Reflejan la situación en los estados de Rondonia, Amazonas, Pará y Mato Grosso. Las imágenes fueron registradas los días 11 y 13 de agosto de 2019. 

NASA

 

Las siguientes imágenes también son actuales, tomadas durante el mes de agosto de 2019. Pertenecen a la agencia Reuters:

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Ueslei Marcelino / REUTERS / Agosto de 2019
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Ueslei Marcelino / REUTERS / Agosto de 2019
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Ueslei Marcelino / REUTERS / Agosto de 2019
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Ueslei Marcelino / REUTERS / Agosto de 2019
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Ueslei Marcelino / REUTERS / Agosto de 2019
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Ueslei Marcelino / REUTERS / Agosto de 2019
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Ueslei Marcelino / REUTERS / Agosto de 2019

 

Los incendios que está sufriendo el Amazonas se deben en gran parte a las quemas provocadas para deforestar los terrenos: 2,254.8 kilómetros cuadrados en julio, casi el cuádruple del mismo mes de 2018, según el Programa de Quemas del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil.

 

* Fotos: NASA y AFP Factual