El coronavirus ha servido para visibilizar las fallas de los sistemas políticos, económicos y sociales. En las crisis el tiempo cambia de textura, se vuelve mucho más denso, se escurre como agua por las manos, o las dos cosas simultáneamente. Se hacen vacíos de información y de narrativas. Y si no hacemos nada, esos vacíos se pueden llenar de formas que atentan contra la democracia (aunque ésta siga siendo un modelo perfectible). Pero si imaginamos al fenómeno de la pandemia como un lienzo en blanco, podríamos hacer del momento un espacio creativo para diseñar nuevas posibilidades de estar en el mundo. Podríamos repensar la vida.  

Si ya usamos a la pintura como metáfora, sigamos con el ejemplo. Sin meternos en discusiones escabrosas sobre estética, la calidad de un cuadro no se define sólo por su nivel técnico. Como bien nos ha mostrado la historia del arte con movimientos como el cubismo, lo sencillo puede ser mucho más contundente. Porque sabemos que técnicamente las y los artistas están capacitados para retratar imágenes más “realistas”, pero deciden no hacerlo. Ahora, si vamos a hacer un ejercicio similar para pensar en otras formas de relacionarnos con el mundo, sería bueno nutrirnos lo más posible de perspectivas distintas para que lo que imaginemos, por más simple que sea, responda a la libertad de crear algo nuevo desde mejores preguntas, y no a la limitante de opinar por opinar. 

Por eso juntamos (en un remix) algunas ideas publicadas en diferentes medios, que nos invitan a analizar a esta pandemia mundial desde distintos puntos de vista. Desde Slavoj Zizek y Judith Butler hasta Byung-Chul Han y Naomi Klein. 

J. Henry 

 

El virus de los medios

Douglas Rushkoff (teórico de medios y autor de Team Human)

Los virus son de los seres vivos más antiguos del planeta y su biología es profundamente inteligente. Saben usar al otro para lograr su cometido, como aprovechar el mecanismo humano natural de toser para propagarse indiscriminadamente. Pero hay virus que no son biológicos, y el nuevo coronavirus no es el único que debería preocuparnos. En Team Human, Rushkoff explica que “los memes se vuelven más que lemas o ideas pegadizas; son una forma de código, diseñado para infectar una mente humana y luego convertir a esa persona en un replicador del virus”. Por eso, la forma en la consumimos información (o la manera en la que la información nos consume a nosotros) es un asunto al que deberíamos prestar atención. 

Las noticias falsas no preocupan a Rushkoff, no en realidad. Porque la desconfianza total ante los videos, imágenes y cadenas de texto de WhatsApp podría ser una forma de reforzar el trabajo periodístico, como un medio crucial de verificación. Esta crisis se ha vuelto para él una forma de recobrar la esperanza en el Internet, como aquella imagen lejana de los años 90 que prometía un paisaje de múltiples posibilidades, un plano de horizontalidades. Lo que hoy sucede es que “no somos espectadores de la COVID-19, sino participantes”. 

El Internet se ha convertido nuevamente en una plataforma para hacer comunidad, dar respuesta a problemas locales y, también, confrontar los discursos televisivos que suelen narrar la crisis desde una perspectiva de moralidad donde sólo hay héroes y villanos. Esa caricaturización incluso gráfica y en 3D del virus nos aleja de las discusiones más importantes que deberíamos estar teniendo. Rushkoff hace un llamado a explotar la sensibilidad y las capacidades digitales que tenemos. Sin duda hay narrativas equivocadas en Internet, pero hay más espacios de diálogo que se podrían fortalecer para que la información no “nos haga”, es decir, que no nos ejecute (o para que seamos, al menos, conscientes de la forma en la que nos reproduce). Esa es la única forma de “desarrollar la cultura de inmunidad que se requiere para superar este reto juntos”. 

J. Henry 

 

El virus desigual 

Judith Butler (filósofa y autora de Deshacer el género)

La historia de la humanidad es la historia de las desigualdades. El terreno nunca ha sido parejo. Sí, fisiológicamente todos tenemos la misma posibilidad contagio, pero no las mismas condiciones sociales. El tamaño de una casa, las rutas por las que se transitan las calles de la ciudad y el tipo de trabajo afectan las posibilidades de infección de las personas. Para Butler los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo garantizan que los efectos del virus sean distintos para cada persona. La estructura social y sus reglas aseguran que este virus discrimine. 

En tiempos de pandemia, no debería sorprendernos que “la explotación capitalista encuentra formas de reproducir y fortalecer sus poderes”, ni que se lucre con el sufrimiento mundial. El terreno no es plano porque no es lo mismo, por ejemplo, ser una mujer que un hombre y atravesar por esta crisis. Por ejemplo, desde que iniciaron las recomendaciones de quedarse en casa en México las llamadas por violencia de género aumentaron un 60% y las peticiones de asilo un 30%, según la Red Nacional de Refugios.

Podemos usar el tiempo de confinamiento para tratar de responder la pregunta que se hace Butler: “Especialmente ahora, ¿por qué seguimos oponiéndonos a tratar a todas las vidas como si tuvieran el mismo valor?”.

 

El virus capitalista

Slavoj Zizek (filósofo y autor de El sublime objeto de la ideología)

Frente a esta pandemia el filósofo ve un quiebre necesario para que a través de las grietas se filtren otras formas de vida, hasta llegar al centro y hacer nacer desde la semilla un nuevo mundo. Lo triste del asunto, para Zizek, es que sea necesaria una catástrofe para lograr “repensar las características básicas de la sociedad en la que nos encontramos”. Ese otro mundo que imagina es un comunismo basado en la solidaridad y apoyado por la ciencia. 

Aunque una persona no esté contagiada, vive la crisis desde el cuerpo. El confinamiento se ha transformado en una dimensión íntima para analizar nuestra corporalidad desde “gestos espontáneos” como tocarse la boca, rascarse las orejas o picarse la nariz. De pronto, escribe Zizek, se revelan mecanismos que operan a diario, que gastan energía, y que no habíamos visto antes. El cuerpo es un dispositivo político.  

Esta crisis es sólo la primera y no necesariamente la más grave. Si no tomamos esta oportunidad para replantear la forma en la que nos relacionamos con otros (y con nosotros mismos), la próxima catástrofe podría tener consecuencias más profundas e incluso más peligrosas. No se trata de planear un regreso burdo al comunismo que ya probó su suerte y fracasó. En todo caso, la pandemia revela la gran necesidad de articular “algún tipo de organización global que pueda controlar y regular la economía, así como limitar la soberanía de los Estados nacionales cuando sea necesario”. Zizek propone un cambio donde los “liberales” sean aquellas personas que se preocupan por las libertades y donde los “comunistas” sean los que están conscientes de que para procurar esas libertades se necesitan cambios radicales, porque el capitalismo está en crisis global.  

J. Henry 

 

El virus soberano y espía

Byung-Chul Han (filósofo y autor de La sociedad del cansancio)

Byung-Chul Han tiene una postura contraria a la de Zizek. Las cosas después de la pandemia podrían cambiar, pero no necesariamente hacia el mejor rumbo. El futuro está en el dilema de la digitalización, en la configuración de cómo entendemos el Estado y la soberanía. Porque, según el pensador, “es soberano quien dispone de datos”.    

La pandemia se ha prestado para ejecutar actos solidarios, exaltando algunas escenas de colaboración ciudadana. En redes circulan imágenes conmovedoras de vecinos cantando juntos desde sus balcones, plataformas para apoyar al comercio local e iniciativas para adoptar perros de la calle. Pero estos actos que se muestran desinteresados, en realidad reivindican lo individual y no lo colectivo. Porque cuidamos al otro desde una sana distancia, desde un límite que no transgrede más que la relación con nuestro cuerpo. Esas muestras de solidaridad no son honestas, porque no parten de un lugar vulnerable. Para Han bastaría con que la situación se saliera un poco de control para revelar los intereses personales de supervivencia y que se agudice el ejercicio del poder sobre otros.  

Mientras tanto, para gobiernos como China, esta ha sido una gran oportunidad para demostrar la efectividad del modelo autoritario para contener una crisis o para ampliar las herramientas de control y vigilancia, a través de las nuevas tecnologías. Los Estados aprovechan el miedo que domina al individuo para ejercer su poder sobre las masas. El objetivo y la justificación: la seguridad. Aunque si somos capaces de usar al individualismo como estrategia, eventualmente vendrá la reflexión sobre lo colectivo:

Somos NOSOTROS, PERSONAS dotadas de RAZÓN, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y a nuestro bello planeta.  

 

El virus activista

Naomi Klein (periodista y autora de La doctrina del shock)

El mercado no es un ente abstracto. Olvidamos que detrás de los desplomes en el peso hay personas tomando decisiones. En tiempos de crisis, como describe Klein en su libro La doctrina del shock, los gobiernos (sobre todo de derecha) y lobbistas aprovechan la desorientación de los ciudadanos para aprobar iniciativas que favorecen a los más poderosos (como a petroleras o aerolíneas), al 1% más rico que posee más del doble de riqueza que 6,900 millones de personas en el planeta.

Sin embargo, las crisis no siempre conducen a ese resultado y pueden, por el contrario, servir como un catalizador para dar un “salto evolutivo”. Por ejemplo, las propuestas de los excandidatos del Partido Demócrata, Sanders y Warren, de pronto parecen tener todo el sentido el mundo cuando miles de estadounidenses, en medio de una pandemia, no pueden acceder a su derecho a la salud. 

Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros? Según Klein debemos ser mejores ciudadanos, involucrarnos con lo que pasa en la calle, reivindicar la importancia del voto, desarrollar estrategias para el apoyo local y hacer propuestas que presionen al gobierno a tomar mejores decisiones a favor de la mayoría. Hay que buscar formas de participar en la vida pública que contribuyan a tener un mundo más igualitario. El futuro dependerá de las personas que estén dispuestas a luchar activamente por las ideas que crean que valen la pena.

J. Henry 

 

El virus de la confianza

Yuval Noah Harari (historiador y autor de Sapiens

No hay nada predeterminado. Lo que pase después de la pandemia dependerá enteramente de las elecciones que los gobiernos y sus ciudadanos hagan para lidiar con la crisis. A pesar del tono apocalíptico o fatalista que puede poner sobre la mesa, en esta ocasión Harari ha rescatado un aspecto positivo que podría derivar de esta crisis: la restauración de la confianza en la ciencia. 

De alguna manera, la confianza (aunque no sea de forma absoluta) es el eslabón básico para que una sociedad opere. Entre mayor sea el grado de confianza más eficiente es el sistema, porque no hay resistencias en la interacción. Hoy muchos gobiernos han perdido credibilidad junto con los medios de comunicación. La ciencia, en este momento, es el terreno común del que podemos partir todos para tomar mejores decisiones. 

Si la crisis sirve de algo, ojalá sea para que la evidencia científica se tome en cuenta para el diseño de políticas públicas. Harari espera que cuando un especialista hable del cambio climático, podamos escuchar con seriedad y actuar en consecuencia. El problema es que “tenemos conocimiento científico, pero no necesariamente sabiduría política”. Pero considerando que la confianza no es ciega porque opera bajo un margen de error, hay que preguntarnos: ¿qué mundo estamos diseñando desde las relaciones de desconfianza que tenemos con otros?, ¿habrá forma de restaurarlas?

 

El virus neoliberal 

Noam Chomsky (lingüista y autor de Profit Over People

De toda esta compilación, Chomsky es el pensador que ha presenciado más crisis mundiales, desde la expansión del fascismo en Europa hasta la explosión de la planta nuclear de Chernóbil. Hoy la pandemia se suma a su lista. ¿Por qué hay una crisis de coronavirus?, se pregunta el lingüista. La respuesta es sencilla: “es una falla colosal del mercado. Se remonta a la esencia de los mercados exacerbados por la intensificación neoliberal de los profundos problemas socioeconómicos”.

Esta pandemia es una fracción de un dilema más grande. Es sólo uno de los nuevos nodos de un sistema que patenta medicamentos que podrían salvar la vida de miles de personas y que supone que la competencia económica puede ser perfecta, a pesar de que es desigual por naturaleza. También es la muestra de “un sistema neoliberal que no deja de ser compatible con el autoritarismo”. 

Queda por hacer sólo dos cosas: reflexionar sobre lo que pasa y decidir si queremos vivir en un mundo que se vea en la necesidad de responder a las crisis desde una semántica de guerra (aunque, bajo este contexto, ello esté justificado para poder movilizar a las personas). Para Chomsky hay dos opciones y debemos elegir con cuidado: la instalación de Estados altamente autoritarios o la reconstrucción radical de la sociedad que apele a las necesidades humanas sin beneficio privado. 

J. Henry 

Cada uno de estos pensadores ofrece una dimensión interpretativa distinta para relacionarnos con la pandemia. Hay diferencias, sin duda, pero muchas más coincidencias. El sistema capitalista es insuficiente para responder a las necesidades (básicas y nada contemporáneas) de la población mundial. Aunque la acción colectiva siempre es compleja, debemos encontrar mecanismos para articularnos desde ese espacio. Para negociar los terrenos políticos y económicos, y redefinir las fronteras discursivas. Esta época, por más incierta que sea, es una oportunidad para enunciarnos en el mundo como nunca. Podemos jugar a hacer y deshacer hipótesis sobre cómo decidimos estar vivos.

Tip: si quieres leer más del tema te recomendamos que descargues el libro Sopa de Wuhan, una compilación hecha por Pablo Amadeo que reúne publicaciones de académicas y académicos sobre esta crisis.