Las ciudades lucen casi vacías: los centros comerciales, los lugares turísticos, etc. El tránsito de personas ha disminuido tanto que el planeta ha dado un vuelco. La naturaleza registró grandes cambios gracias a la inactividad humana, entre ellos, el ligero movimiento de la corteza terrestre.

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Los sismólogos registraron menos vibraciones en el suelo, debido a que no hay automóviles, personas, trenes o autobuses en movimiento. La ausencia de este ruido sísmico ambiental provoca que la corteza superior de la Tierra se mueva menos. Esto significa que los pequeños sismos en la superficie provocados por el continuo movimiento masivo de los seres humanos son más calmados y poco perceptibles. 

Thomas Lecocq, geólogo del Observatorio Real de Bélgica, registró el fenómeno por primera vez en Bruselas. En la capital belga se encontró una reducción del 30% al 50% del ruido sísmico ambiental justo después de aplicar el distanciamiento social a mediados de marzo. 

 

El ruido global ya no es el mismo

La reducción del ruido ha hecho más perceptibles los pequeños eventos sísmicos de la corteza. Además de que las vibraciones son considerablemente menores, lo cual permite que la Tierra esté más tranquila. Esto ha sucedido en varias partes del mundo como Londres, Bélgica y Estados Unidos, creando un cambio intensamente perceptible. 

Ahora, los ritmos de vida se detienen. Millones permanecen en casa y mientras esto sucede el planeta vuelve a reacomodarse. La inactividad humana le otorgó días de tranquilidad al planeta, los animales se acercan a las ciudades atraídos por el silencio y la calma, mientras en otras partes del mundo las aguas se limpian. Es probable que los efectos de la inactividad humana vayan más allá de lo que hasta ahora hemos presenciado, y podrían ser aún más fascinantes. 

 

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