Tim Berners-Lee es el ingeniero que hace 30 años creó el protocolo World Wide Web (www) en el laboratorio de física de partículas CERN. Él mismo se ha pronunciado abiertamente sobre la importancia de mantener la neutralidad de la web, y sobre los peligros de no hacerlo. Incluso llegó a arrepentirse de haberla creado.

Para arreglar los problemas de privacidad, la vigilancia gubernamental y privada, así como el rampante discurso de odio que prolifera hoy en día en la red, Berners-Lee ha elaborado un plan de nueve principios que involucran a 150 compañías privadas, incluyendo Microsoft, Google y Facebook (que ha sido muy criticado por permitir anuncios políticos en su plataforma), así como gobiernos e individuos.

El “Contrato para la Red” se detalla en 72 cláusulas (que puedes consultar en su sitio oficial) de lo que según Berners-Lee es una visión holística de lo que Internet puede ser en el futuro.

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Los 9 principios del Contrato para la Red

Gobiernos

Principio 1: Asegurarse de que todo el mundo pueda conectarse a Internet.

Principio 2: Hacer que todo Internet esté disponible en todo momento.

Principio 3: Respetar y proteger los derechos básicos de las personas sobre sus datos y privacidad en la Red.

 

Empresas

Principio 4: Hacer que Internet sea asequible y accesible para todo el mundo.

Principio 5: Respetar y proteger la privacidad y los datos personales para crear confianza online.

Principio 6: Desarrollar tecnologías que promuevan lo mejor de la humanidad y contribuyan a desafiar lo peor.

 

Ciudadanos

Principio 7: Crear y colaborar en la web.

Principio 8: Construir comunidades sólidas que respeten la discusión civilizada y la dignidad humana.

Principio 9: Luchar por la web.

Internet ha sido uno de los mayores avances civilizatorios de nuestra especie, y la posibilidad de que los gobiernos y empresas privadas hagan mal uso de dicha herramienta siempre ha sido muy grande. La idea de Berners-Lee no es ponerle barreras a algo que nació sin ellas, al contrario: se trata de crear mecanismos de rendición de cuentas para que esta maravillosa herramienta no vigile excesivamente a los usuarios, para que el conocimiento sea abierto y horizontal, y para que las democracias puedan nutrirse de ella.

 

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