La contaminación no sólo vicia el aire que respiramos; nuestros residuos también llegan al mar. Cada vez más animales marinos se ven afectados por el plástico, que se encuentra hasta en nuestros propios cuerpos. Pero el daño va más allá. Científicos del Reino Unido han encontrado cocaína en los camarones provenientes de los ríos de este país. Así es: hay trazos de droga en los mariscos que varios consumimos. 

No se trata de un caso aislado, ni de un suceso extraño. Para el estudio publicado en la revista Environment International, que puede consultarse aquí, en julio de 2018 se tomaron muestras de 15 sitios que abarcan cinco zonas del área de Suffolk. A través de un biomonitoreo cauteloso, se determinó que había pesticidas y farmacéuticos en dichos entornos. ¿Qué quiere decir esto? Que aquellos químicos utilizados por la población terminan en el río e impregnan a sus habitantes acuáticos

Este no es un problema reservado al Reino Unido, pues claramente no son los únicos consumidores de farmacéuticos. Los trazos de farmacéuticos que se liberan a través de la orina y que llegan a los ríos por el drenaje son los principales culpables y, por ejemplo, un estudio realizado en México quizá arrojaría datos similares. 

Otras drogas descubiertas en los camarones fueron ketamina, un tranquilizante de alta potencia, y tramadol, un opioide usado para tratar dolores crónicos. También se hallaron muestras de pesticidas que el Reino Unido ha prohibido por su grado de letalidad, como fenuron. La transparencia de los ríos no oculta ninguna práctica nociva; todo lo que se hace en tierra firme puede encontrarse en ellos. 

¿Eso significa que comer camarones importados nos afectará? No en primera instancia. De acuerdo con el estudio, las concentraciones halladas en los camarones no son suficientes para causar un daño inmediato en quien los consuma. Pero no por eso debemos respirar tranquilos. Sabemos que el daño acumulativo si comemos productos contaminados puede ser real a largo plazo. 

Este sorprendente hallazgo sirve para recordarnos que nuestros hábitos dejan huella. De alguna forma u otra, lo que desechamos acaba por regresar a nosotros. No estamos separados del lugar que habitamos, hay una conexión que nos une al resto de los seres que viven en el entorno. Por eso el desarrollo de una conciencia sobre lo que compramos, consumimos y tiramos es vital para mantener este delicado equilibrio. 

 

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