No son los cangrejos ni las medusas, y mucho menos los tiburones. El verdadero riesgo del mar se encuentra en la contaminación. Específicamente, las bacterias generadas por las heces humanas, que aumentan las probabilidades de contraer enfermedades. 

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Un grupo de investigadores hizo 19 estudios colectivos que involucraron a más de 120,000 personas en países como Estados Unidos, Dinamarca, Noruega, el Reino Unido, etc. El objetivo era dilucidar si las bacterias de heces humanas que se encuentran en los mares producen algún efecto en la salud del ser humano.

Los resultados de los estudios fueron claros: las personas que disfrutan de las aguas marinas por un largo tiempo son un 86% más susceptibles a contraer algún tipo de enfermedad. Entre los padecimientos más comunes (para los que están expuestos al mar) están las enfermedades del oído y del intestino.

 

Superbacterias sobreviven en el mar

Los culpables de que los focos de infección crezcan son los gérmenes y bacterias que se encuentran en el mar debido a las heces humanas. Las aguas residuales de las poblaciones terminan su recorrido en los océanos y los desechos se acumulan creando severos focos de infección.

Entre los gérmenes que se lograron identificar en los estudios realizados a los bañistas están: Escherichia coli, el virus de la hepatitis A y el parásito Cryptosporidium. Los expertos consideran que esta situación relacionada con las bacterias puede ser aún más grave en países donde no existen sistemas de saneamiento de aguas lo suficientemente eficaces.

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Asimismo, factores como el calor y la concentración de estas aguas convierten al mar en un potente ecosistema lleno de superbacterias que se vuelven más resistentes al compartir entre ellas sus genes de resistencia.

Aún no sabemos si el mar es o no lo suficientemente seguro como para nadar en él. Lo que sí podemos asegurar es que no somos los únicos afectados por esta concentración de bacterias. Ecosistemas enteros en el océano pueden sufrir graves cambios por el cúmulo de organismos infecciosos.

Los seres humanos no somos inmunes a estos gérmenes, y mucho menos los habitantes del mar. Reconociendo la existencia de estos datos es como nos aventuramos a proponer la búsqueda de otros mecanismos para limpiar las aguas.

Si no lo hacemos ahora, los tiburones no serán nuestra principal preocupación. El mar dejará de ser como lo conocemos hoy en día. Es muy posible que nadar en sus aguas se convierta en una actividad mortal para nuestra salud, pero aún estamos a tiempo de revertirlo. 

 

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