Filósofos guerreros: 3 enseñanzas de los antiguos samuráis para cultivar la calma

Los guerreros samuráis entendían esta paradoja: siempre habrá situaciones fuera de tu control, pero sólo puedes tener control sobre tu propia mente.

Los samuráis no son solamente los personajes que vemos en las películas de Akira Kurosawa; se trataba de guerreros de clase noble, altamente entrenados tanto para el combate como para la vida de la corte, capaces de hablar lo mismo de arte que de estrategia militar y de comercio.

Aunque la figura del samurái desapareció a fines del siglo XIX con la apertura de Japón al mundo occidentalizado, sus enseñanzas pueden consultarse en libros que sirven como inspiración para enfrentar un mundo mucho más complejo de lo que los antiguos guerreros filósofos jamás imaginaron.

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Una cualidad que los samuráis valoraron tal vez más que ninguna otra fue la calma, entendida como un estado mental de atención y preparación para enfrentar cualquier reto. Incluso, para estar preparados siempre para afrontar una muerte inminente.

La calma es una virtud de la mente, como nos explica el samurái Suzuki Shosan, que vivió a finales del siglo XVI y principios del XVII:

Observa tu mente; vigílala con resolución. Dado que es la mente la que confunde a la mente, no dejes que tu mente se rinda ante tu mente.

Estos son tres consejos de los samuráis sobre el arte de cultivar la calma:

1. Estar preparado

El duro entrenamiento, tanto físico como intelectual, era la clave para que un samurái pudiera ejercer sus responsabilidades.

Ellos sabían que el peligro era inminente, y que cada obstáculo en el camino debía afrontarse con un estado mental impecable.

La ciencia moderna ha demostrado que existe una relación entre la preparación y la disminución de sentimientos de ansiedad y miedo. Piénsalo: si estudias para un examen, no tienes nada que temer.

 

2. Piensa mal y acertarás

Aunque parezca contraintuitivo, pensar que todo puede salir mal te permite adelantarte a los escenarios más catastróficos con más calma.

Llévalo al extremo: eventualmente, todos vamos a morir y no hay nada que podamos hacer para evitarlo.

Todo lo que ocurre mientras tanto puede solucionarse. Los planes se atrasan, las previsiones son insuficientes, pero si dejas que tu mente se preocupe, tendrás que luchar contra dos enemigos: los obstáculos y tu propia mente.

 

3. Fomenta un estado mental de control

Cuando el estrés nos toma por sorpresa, es más probable que perdamos el control y tomemos decisiones erráticas.

Si no podemos controlar completamente las situaciones a nuestro alrededor, al menos podemos controlar nuestro estado mental.

Y no se trata de fomentar una “manía de control” o ser una persona controladora, sino de dos nociones aparentemente paradójicas: por un lado, entender que hay cosas que siempre estarán fuera de tu control (las decisiones de las personas, los cambios en el clima, los imprevistos, etc.), y por otra parte, que tú siempre tienes agencia y control sobre tu propia mente.

La mente es como una espada que hay que mantener afilada. Para los samuráis, el verdadero poder no consistía en solucionar los conflictos mediante la guerra, sino a través del poder de la negociación y la palabra, lo cual requería un alto grado de (auto)control sobre uno mismo y las propias acciones.

Y si todo lo demás fallaba, siempre se podía recurrir a un certero y premeditado golpe de espada.

Como nos recuerda el gran samurái Miyamoto Musashi:

Tanto en el combate como en la vida cotidiana, debes estar determinado a mantener la calma. Enfrenta la situación sin tensión, pero sin ser temerario, con resolución de espíritu e imparcialmente.



6 ideas de la filosofía oriental para apreciar mejor la vida

Alain de Botton destaca 6 ideas de la filosofía oriental que, de aplicarlas en tu vida cotidiana, transformarán tu existencia.

Ceremonias de té, caminatas por el bosque y contemplación de ríos son algunos rituales donde la reflexión puede hacernos más sabios y compasivos. La filosofía oriental nos enseña esas otras formas de apreciar la vida desde la trinchera de la paz y la libertad. 

El dolor, la imperfección y la incertidumbre, en la filosofía oriental, no deben temerse sino aceptarse con compasión. Y es tal vez por eso que Oriente ha creado, no un camino rumbo a la perfección, sino todo una filosofía sobre la vida de un ser libre; un antídoto reflexivo y muy sensato para surfear la vida con sabiduría. 

Desde las perspectivas budista y taoísta, Alain de Botton —escritor y filósofo suizo, fundador de la organización global The School of Life— nos comparte estas ideas de la filosofía oriental para enriquecer nuestra vida:

1. La vida es sufrimiento

La primera de las cuatro nobles verdades de Buda que nos alienta a ajustar de forma constante nuestras expectativas. De esta manera, sabremos qué esperar, como que el sexo nos decepcionará, la juventud tiene fecha de caducidad y el dinero no nos ahorrará el dolor.

El semblante de Buda era el de una persona feliz. Se dice que, generalmente, portaba una cálida sonrisa debido a la espontaneidad de las experiencias agradables y divertidas que se le presentaban en su camino y que interpretaba como algo extra; sin dejar de tener presente lo crudo de la vida, Buda refinaba su gratitud. Una lección que nos enseña el arte de la alegre desesperanza de la vida.

2. Mettā

Esta palabra proviene del índico pali y significa benevolencia, amabilidad y ternura. Uno de los conceptos más importantes del budismo.

Para alcanzarla se recomienda un ritual diario de meditación —conocida como mettā bhāvanā— que se realiza cada mañana. Si hay alguna persona con la que te sientes irritado o con la que regularmente te enfadas, en esta meditación la intención es ensayar amables mensajes dirigidos a esa persona.

Los budistas consideran que la compasión es una habilidad que podemos aprender, ya que nuestros sentimientos no son fijos e inmutables y cambian y mejoran con los estímulos adecuados.

3. Guan Yin

Es una figura femenina sagrada para el budismo del este asiático, asociada con la misericordia, la compasión y la bondad. Hay santuarios y templos en su honor en todo China.

Guan Yin es considerada como una madre amorosa. Los creyentes se muestran vulnerables en su presencia y encuentran consuelo en ella. Su popularidad se debe a la necesidad de preservar el estadio de la niñez.

Y es que el momento de quiebre no es cuando las cosas están difíciles, sino cuando existe la amabilidad y la oportunidad de admitir tristezas que se han guardado en silencio por mucho tiempo.

4. Wu wei

Este término apareció por primera vez en el siglo VI a.C. en el manuscrito del Tao Te Ching, cuya autoría se le atribuye a Lao Tzu. Wu wei significa “no esforzarse” y dejarse llevar. Pero esto no tiene que ver con un mood relacionado con la pereza, más bien es una rendición intencional de la voluntad a la necesidad de acceder en vez de protestar.

Para Lao Tzu, ser sabio es aprender que, en ocasiones, hay que rendirse ante el universo.

Somos libres de elegir nuestra actitud ante cualquier evento de la vida. Para un taoísta, la serenidad y la libertad se alcanzan cuando se acepta sin protestar lo que realmente es necesario.

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5. Sabio como un bambú

Por miles de años, la filosofía taoísta ha distinguido simbólicas cualidades de sabiduría y fortaleza en lo que consideran una hierba y no un árbol.

El poeta, artista y filósofo Zheng Xie de la dinastía Qing —famoso por haber pintado 800 imágenes de bosques de bambú—, veía en ellos un modelo perfecto de cómo podría comportarse una persona sabia.

Incluso junto a uno de sus dibujos escribió:

“Agárrate fuerte de la montaña, echa raíces en el despedazado risco, hazte más fuerte con las tribulaciones, y resiste el viento de todas las direcciones”.

6. Kintsugi

En el budismo zen japonés, esta palabra compuesta por dos ideas: kin que significa oro y tsugi que significa carpintería. Se refiere a la técnica empleada para arreglar fracturas en la cerámica. Cicatrices que enaltecen la belleza y la sabiduría.

Esta tradición busca mostrar los daños en lugar de ocultarlos, pues la belleza radica en hacerlos evidentes. Al reparar un objeto estos “defectos” se convierten en preciosas venas de oro que no son síntoma de vergüenza sino símbolo de esperanza porque, a pesar de nuestros evidentes defectos y tropiezos, nos reconstruimos y podemos ser amados.

 

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Ansiedad, ¿heredada?

Tu ansiedad podría pasar a las futuras generaciones en forma de nuevos genes.

Al parecer no sólo heredamos ciertos rasgos o enfermedades muy específicas: la neurociencia se está encargando de indagar en trastornos mentales que, al parecer, podrían estar volviéndose parte de nuestra construcción genética y que se heredarían tanto como el color de los ojos, la complexión o ciertas enfermedades.

El parentesco podría determinar de aquí en adelante la psique y la personalidad, de maneras antes insospechadas.

Ahora sabemos que la depresión es una condición genética, y la manera en la que se está arraigando como padecimiento nos hace pensar en si las generaciones futuras están condenadas a la tristeza permanente.

Y ahora parece que la ansiedad será también un padecimiento del cual preocuparnos, pues como un nuevo estudio demostró, al parecer este trastorno será transmisible de generación en generación.

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El estudio, publicado en Journal of Neuroscience, se llevó a cabo entre el 2007 y el 2011. Los investigadores estudiaron a 378 monos macacos multigeneracionales de raza pura, quienes fueron puestos en una condición incómoda que podía generarles ansiedad fácilmente: la de una presencia humana que no hacía contacto visual con ellos. 

Se analizó el comportamiento de los monos, así como sus niveles de cortisol y su actividad cerebral mediante escaneo.

Los más ansiosos resultaron ser la descendencia de monos que habían experimentado más ansiedad en sus vidas. Y además se demostró que los factores variables en la amígdala y otras zonas del cerebro relacionadas a la ansiedad son hereditarios.

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Cabría realizar posteriormente estudios más extensos en seres humanos, lo cual podría hacer más sencillo el rastreo de la ansiedad entre generaciones para ver qué tanto va in crescendo esta afección psíquica y emocional, y si en el futuro no será una lamentable condición innata.

Pero si la ansiedad y otros trastornos son heredables, es evidente que tenemos que cuidar de la mente individual y colectiva si queremos evitar legar a nuestros hijos, nietos y bisnietos condiciones tan deplorables. Porque a fin de cuentas, nosotros hemos sido responsables de que la ansiedad domine nuestra vida, pero asimismo podemos revertirla.

Cambiar nuestros paradigmas de vida es una cuestión urgente, no sólo por nosotros, sino por aquellos que todavía ni siquiera nacen. Romper con la ansiedad es algo que debemos hacer ya.

 

 Imágenes: 1) Millenial Pink, edición Ecoosfera; 2) Hailey Kean; 3) Skynavin