Todos los órganos del cuerpo tienen su importancia, funcionan como una máquina síncrona y bien ajustada para que podamos andar por la vida. Pero entre ellos hay dos que destacan por su enorme responsabilidad en el organismo; el cerebro y el corazón. Mientras que en el cerebro yace toda la esencia de lo que somos, el corazón funciona como el motor que nos permite seguir viviendo a través de sus latidos.

Pero hay quienes aseguran que el corazón es más que una simple bomba de sangre, a través de sus latidos nuestros pensamientos, sentimientos y percepciones sufren trasformaciones que inciden en la personalidad.

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El corazón suele ser del tamaño de un puño, en ocasiones un poco más grande. Pero su función es titánica, está formado por dos partes que curiosamente no están conectadas directamente entre sí. De ahí que en ocasiones algunos se refieran a los dos corazones: el izquierdo y el derecho.

El corazón derecho bombea sangre hasta los pulmones para enriquecerla de oxígeno, una vez que esto sucede la sangre pasa al corazón izquierdo. Esta segunda parte es un poco más grande que la derecha y con justa razón, ya que requiere de mayor fuerza para bombear la sangre rica en oxígeno hacia todo el cuerpo.

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Cuando todo este proceso se ha cumplido, la sangre regresa al corazón derecho y se repite el ciclo que pareciera no tener fin. Tan sólo en un minuto, en promedio el corazón late 70 veces, cada una de ellas bombea unos 72 mililitros de sangre. Al final del día el corazón habrá latido unas 100 mil veces y habrán pasado por él unos 7 mil 200 litros de sangre.

Un ciclo que parece no tener fin

Si hablamos de las cifras de una vida completa, entonces comprendemos la titánica labor que el corazón cumple por nosotros, estamos llenos de vida. Durante los 78 años que en promedio vive un humano, el corazón latirá 2.8 mil millones de veces y habrá bombeado la ínfima cantidad de 200 millones litros de sangre, cantidad suficiente de líquido como para llenar 60 piscinas olímpicas.

En un dato todavía más sorprendente, nos encontramos que el mecanismo cardiaco posee su propia autonomía. Es decir, que no necesita del cerebro para mantenerse en funcionamiento, es capaz de controlar sus latidos a su ritmo y necesidad. Cada contracción que tu corazón experimente, es inducida por el sistema de conducción eléctrica del corazón que no depende del sistema nervioso. En todo caso, este último sólo puede ralentizar o acelerar el ritmo de los latidos.

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¿Alguna vez has sentido los latidos de tu corazón? Una investigación del Centro de Investigación Biomédica de Cambridge, aseguran que estar en sintonía con la conciencia de los propios latidos tiene efectos positivos.

Las personas capaces de sentir sus latidos están más en contacto con su intuición y son capaces de tomar decisiones más precisas. Según los autores del estudio, estas personas desempeñan mejor la profesión de corredores de bolsa. Incluso son más perceptivas ante los detalles visuales de la vida cotidiana. Mientras que las personas que no son capaces de sentir el bombeo de su corazón son menos empáticas y presentan mayores dificultades para leer las emociones de los demás.

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De esta y otras investigaciones se desprende la idea de que los latidos del corazón también influyen en la personalidad de cada ser humano, ya que nos brindan la sensación de continuidad del yo. La próxima vez que entres en estado de relajación y seas capaz de sentir conscientemente los latidos de tu corazón, sabrás que influyen en la esencia de lo que realmente eres.

Referencias:
Montoya, P. Schandry, R. Müller, A. Heartbeat evoked potentials (HEP): topography and influence of cardiac awareness and focus of attention. Electroencephalogr Clin Neurophysiol. DOI

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