Existen dos opciones para la humanidad en este instante: aprovechar su naturaleza para impulsar la autonomía orgánica y la salud colectiva o, continuar (el poco tiempo que nos queda) con el modelo obsoleto de la industrialización que prioriza la producción por encima de la estabilidad del planeta. 

Sin lugar a dudad, el primer escenario suena más deseable. Y aunque suela pensare que la sustentabildad en ciertos países es inviable, la realidad es otra. De hecho, son las comunidades indígenas de América quienes nos muestra cómo la autonomía orgánica es posible con pocos recursos y mucha, mucha consciencia.

Las comunidades indígenas y locales han heredado por siglos las mejores prácticas sustentables y de organización comunitaria para vivir en sintonía con su hábitat: la naturaleza. Son estos modelos ejemplares quienes nos muestran los resultados benéficos a niveles individual y colectivo de mover nuestra civilización y economía al ritmo de la naturaleza. 

Al planeta le urge volcarse a lo sustentable.
Y entender que, nada es un desperdicio: todo se transforma.

Millones de personas alrededor del mundo lo sabemos, y de una u otra forma estamos buscando palear o mitigar el daño que ocasionamos en el medioambiente, nuestro espacio vital, que a fin de cuentas forma parte de nosotros. Estos esfuerzos individuales son tan validos como necesarios, pero probablemente no haya lucha más efectiva que aquella que se hace colectivamente.

Las comunidades sustentables que hoy florecen alrededor del mundo

En América latina existen cientos de comunidades sustentables, tanto en el entorno rural como en el urbano, que están ampliando la conciencia contemporánea y fomentando la ecoevolución.

Cada una lleva adelante luchas contra distintas problemáticas ocasionadas por la voracidad que ha distinguido a los modos de consumo y los estilos de vida contemporáneos. Pero más aún: estas comunidades sustentables elaboran nuevas formas de producir –por ejemplo, energía, alimentos, envases–, y con ello demuestran que el cambio debe ser orgánico e integral e involucrar a todas las esferas de reproducción de la vida.

No cabe duda: la vida será sustentable o no será. Pero estas cinco comunidades sustentables en América Latina nos demuestran que aún estamos a tiempo de elegir la opción que salvará al planeta.

 

Municipio Autónomo de Cherán, México

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Muchas cosas han cambiado en Cherán desde que los habitantes decidieron tomar el control de sus propias vidas –en un sentido amplio–. Sus modelos de gestión comunitaria han logrado que este municipio sea, quizá, uno de los más sustentables en México.

Las deforestaciones se detuvieron gracias a que los comuneros producen 1.5 millones de árboles al año. Además, existe un megaproyecto en un volcán extinto que funciona como captador de aguas pluviales que se convierten posteriormente en agua potable.

Por si fuera poco, desde el 2016 Cherán se convirtió en el primer municipio libre de basura, pues absolutamente todos los deshechos que produce la población se reciclan.

 

San Pedro La Laguna, Guatemala

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Para la concepción maya del mundo no existe lo que nosotros conocemos como “objetos”, porque todas las cosas tienen vida, aunque sean inanimadas. Quizá es esa sabiduría ancestral lo que está detrás de la praxis que ha llevado a los habitantes de San Pedro La Laguna a ser el primer municipio guatemalteco 100% libre de plástico.

La etnia tz’utujil que puebla San Pedro La Laguna ha sustituido el plástico mediante la utilización de otros materiales tradicionales, pues respetan la vida de todos los objetos y no los ven como algo que solamente “se usa y se tira”. Y afortunadamente, su ejemplo se está irradiando a otros confines del territorio.

 

Ecovilla Gaia, Argentina

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Esta villa es una utopía sustentable que surgió en 1992 y que está arraigada profundamente en el territorio argentino, a más de 2 horas de la comunidad más cercana. En Gaia, todo es orgánico; hasta las casas, pues están hechas de materiales alternativos y no de cemento.

Los habitantes viven de la permacultura, una forma de agricultura sostenible que les provee autonomía alimentaria mientras se cuida al planeta.

 

Ucareo, México

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En esta comunidad se está trabajando por la autonomía energética sustentable a través de la gestión colectiva de paneles solares, los cuales se están construyendo con la colaboración de la organización LiCore.

Esto no sólo hará brillar a Ucareo sin que ello le cueste al planeta, sino que será el camino al empoderamiento de los habitantes de esta comunidad, pues trazará el rumbo hacia un desarrollo social con justicia económica para todos.

 

Ecoaldea Velatropa, Argentina

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En un lugar peculiar, a pocos metro de la Ciudad Universitaria de Buenos Aires, se encuentra este enclave sustentable. La Ecoaldea Velatropa es un oasis en medio de la ciudad; sus habitantes –la mayoría jóvenes– son veganos y cultivan sus alimentos, mientras experimentan con formas alternativas de vivir en la ciudad.

En el lugar que ahora ocupa Velatropa, si no se lo hubiesen apropiado quienes ahora lo habitan y fomentan, probablemente habría un estacionamiento o un centro comercial más. Sin duda, este es un gran ejemplo de que la sustentabilidad comunitaria en la ciudad es posible.