Encuentros entre el aire y el mar: la comunidad huave en la costa oaxaqueña

Las técnicas de pesca tradicionales de la comunidad huave en Oaxaca podrían ayudar a generar planes de gestión holísticos de estas zonas costeras.

* Por: César Sixto

La comunidad huave vive en una región ubicada sobre la vertiente del océano Pacífico, en la parte continental más angosta de México, que es testigo de la gran fuerza del viento y del mar. Esta región pertenece a la Planicie Costera Ístmica-Chiapaneca. Se trata de un pueblo mayormente pesquero que conserva tradiciones y prácticas artesanales y que requiere la atención del gobierno y de la ciudadanía para que emerjan proyectos con beneficio social y ambiental.

El objetivo de este ensayo es hacer un análisis de su cultura y la manera en que aprovechan sus recursos naturales, así como una proyección de lo que podría llegar a ser su potencial como destino, con base en su gran abundancia de aves.

La particularidad de esta zona es la discontinuidad topográfica de la Sierra Madre del Sur que permite que las diferentes presiones barométricas entre los golfos de México y de Tehuantepec originen los vientos “Tehuanos” o “Nortes”, los cuales alcanzan hasta 120 km/h, siempre perpendiculares a la costa y en dirección al mar. Los Nortes moldearon la cultura de todos los pueblos del Istmo, particularmente la de los huaves, o como ellos se autodenominan, mero ikooc, es decir, verdaderos nosotros. Los huaves se han distinguido desde épocas prehispánicas por su alto sentido de pertenencia étnica y un fuerte arraigo a la cultura pesquera (Signorini, 1979).

Aunque la extensión de su territorio ha variado históricamente, las barreras geográficas y las fuertes fronteras lingüísticas han propiciado que los huaves permanezcan aislados en una porción costera extremadamente árida y poco apta para la agricultura y la ganadería. De manera que las cuatro principales comunidades: Santa María del Mar, San Francisco del Mar, San Dionisio del Mar y San Mateo del Mar siguen basando su subsistencia en la pesca artesanal, en las lagunas Superior e Inferior, a través del comercio del camarón, la lisa, la mojarra y la corvina; así como frente a las olas del océano Pacífico utilizando chinchorro y papalote. Distribuyen sus productos en los mercados zapotecas regionales de Salina Cruz, Juchitán y Tehuantepec (Espinoza-Tenorio, 2009).

Fue en la década de los 80 que el camarón ocupó el tercer lugar en la lista de productos con mayor demanda, después del petróleo y el café. A partir de entonces, las técnicas modernas de pesca ganaron un terreno considerable, desplazando por completo las formas de organización tradicional de los distintos grupos de pescadores. Los huaves, apoyados en buena medida por las agencias gubernamentales, desarrollaron nuevas estrategias productivas, que hacia 1968 cristalizaron en la primera cooperativa pesquera de la región. Para 1990, siete organizaciones productivas, distribuidas desde San Mateo hasta San Francisco del Mar, conforman una organización comunal hasta entonces inédita en la región huave: la Unión Regional de Cooperativas Pesqueras, conocida también como “Las siete Huaves”. Con la introducción de nuevas embarcaciones y motores fuera de borda, al igual que de redes más extensas y resistentes, la capacidad de captura se incrementó a niveles semejantes a los de la demanda.

Los huaves viven cotidianamente los efectos de un litoral que se caracteriza actualmente por breves precipitaciones pluviales y largas temporadas de sequía. Entre estos dos extremos, han hecho del agua, en sus distintas manifestaciones, un centro de reflexión en torno del cual giran la economía y la mitología. Mientras otros pueblos indígenas de Mesoamérica han convertido al maíz en un centro de referencia, sobre el que gira gran parte de sus creencias, los huaves han hecho del agua el punto de articulación que conecta a los santos, los vientos y los naguales. La palabra yow (“agua”) no sólo está en la raíz de numerosas condiciones climáticas y eventos rituales, sino también es el centro de las narraciones mitológicas. De ahí que las alteraciones del ciclo pluvial incidan en el ritmo y la intensidad de las actividades económicas, y justifiquen para los huaves la existencia de un ciclo ceremonial cuyo objetivo es suscitar la lluvia. El régimen de las lluvias ha terminado por conformar el tema central de la actividad ceremonial, de tal manera que “las principales actividades rituales se dirigen en forma más o menos explícita a propiciar las precipitaciones que, llenando los estanques y las lagunas, favorecen la reproducción del camarón, pero al mismo tiempo intentan conjurar los peligros” (Millán, 2003). Es bajo este esquema de una relación fuerte entre la cultura y el ambiente como se llega a promover una identidad costera, que la doctora Carmona considera como eje fundamental para promover la creación de políticas sustentables en regiones costeras (IIJUNAM, 2013).   

Esta zona tiene un enorme potencial como área de conservación considerando que el istmo de Tehuantepec es un centro de endemismo de vertebrados, y ha sido clasificado como un Área de Aves Importantes (IBA, por sus siglas en inglés) por la BirdLife international (BirdLife international, 2014). Esta región es importante para aves acuáticas tanto locales como transitorias, dándoles refugio tanto en la laguna como en el océano. La zona comprende pastizales inundables, manglares y  bosque seco; esto da lugar a una amplia variedad de hábitats. Sin embargo, aún se cuestiona el efecto de los parques eólicos en la diversidad regional de aves, por lo que se requiere constante monitoreo, además de ser necesario el establecimiento de mecanismos de conservación que permitan el mantenimientos de ingresos alternativos a nivel local, así como asegurar la permanencia de la diversidad avifaunal (Rioja-Paradela, 2014). Para desarrollar un sistema que incorpore a los distintos niveles de la sociedad huave podrían aplicarse los principios que define Pérez-Cayeiro  para determinar metas estratégicas para dar inicio a planes de gestión costera como son: el vínculo con los tomadores de decisiones, el vínculo entre la academia y la promoción de la participación ciudadana (Pérez-Cayeiro, 2014).

En esta zona se han realizado estudios que definen las características propias de la comunalidad que muestran el potencial para generar proyectos ecoturísticos. Por lo que cualquier proyecto de desarrollo, como es el caso del turismo alternativo, debe garantizar la participación de los habitantes nativos; el turista puede convivir con los habitantes y éstos participar directamente en la prestación de los servicios turísticos (Velázquez, 2015).

A manera de conclusión hago referencia a Eleonor Ostrom, quien dice que la corrección o creación de instituciones, en esta caso tradicionales, puede dar lugar a procesos de autogestión exitosos, donde se fortalezca el proceso de comunicación entre sus integrantes (Ostrom, 1990).  Así, el conocimiento tradicional, en comunión con el alcance de la ciencia, puede ser de gran utilidad para la generación de planes de gestión en zonas costeras desde un enfoque holístico.

 

Referencias

BirdLife international. (07 de enero de 2018). Endemic Bird Area facts-heet: isthmus of Tehuantepec. Recuperado de: http://www.birdlife.org/.

Espinoza-Tenorio, A. (2009) Necesidad, conocimiento y creatividad: La pesca con papalote en Santa María del Mar, Oaxaca. Ciencia y Mar, XII (38): 47-50

Instituto de Investigaciones Jurídicas [IIJUNAM]. (07 de enero del 2018). Coloquio Protección y Regulación de Costas-Parte 3. [Archivo de video]. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=v4qJ–qw7ss&index=6&list=PLeT-Fchj2xe8vxITE-A9tGuNaPAY3iOMf.

Millán, S. (2003). Huaves. D.F., México: CDI-PNU.

Ostrom, L. El gobierno de los bienes comunes. La evolución de las instituciones de acción colectiva. D.F., México: UNAM-CRIM-FCE.

Pérez-Cayeiro. M. L. Gestión Integrada de Áreas Litorales. Análisis de los fundamentos de la disciplina. Madrid, España: Tebar.

Rioja-Paradela, T., Carrillo-Reyes, A., y Espinoza-Medinilla, E. (2014). Effect of temporal lakes on avifaunal composition at the Southeast of Isthmus of Tehuantepec, Oaxaca, Mexico. Revista de Biología Tropical, 62 (4): 1523-1533.

Signorini, I. (1979). Los Huaves de San Mateo del Mar. D.F., México: Instituto Nacional Indigenista. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Velázquez, R. (2015). La sustentabilidad comunitaria en un proyecto de turismo alternativo en San Mateo del Mar, Oaxaca. Revista Iberoamericana de las Ciencias Sociales y Humanísticas, 4 (8): 1-13.

  

* Fotografía 1): El País

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


El origen de la vida es poesía pura y demuestra que todo está conectado

Un experimento demostró cómo la vida se originó en el fondo del mar (a partir de moléculas provenientes del espacio).

Tenemos cuentas pendientes con nuestro más remoto pasado. La idea de encontrar nuestros orígenes nos sigue fascinando, quizá porque simbólicamente sería como un regreso a lo natural. Y vaya que nos hace falta reconectarnos con todo eso que fuimos hace mucho, mucho tiempo. Porque además, en nuestros orígenes está la prueba de que todo está conectado.

Pero, ¿cómo empezó todo?
No sólo la vida humana, sino la vida en la tierra.

Al parecer, la respuesta está en el fondo del mar. Un estudio publicado en la revista Proceedings imitó las condiciones del océano para observar cómo las moléculas inertes cobraban vida.

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El agua caliente que generaban estos respiraderos hidrotermales en el océano antiguo crearon condiciones químicas que permitieron la formación de aminoácidos. Estos fueron los componentes básicos de las proteínas, encargadas de las primeras funciones metabólicas. Tales condiciones, así como la composición del océano, es lo que los investigadores de la University of Southern Denmark imitaron.

Su maqueta era una mezcla de agua alcalinizada, calentada a 70 grados y que constaba de minerales y moléculas como el piruvato y el amoníaco, que fueron precursores de los aminoácidos y abundaban en la Tierra primitiva. También agregaron “óxido verde”, el término común para el hidróxido de hierro.

El equipo pudo observar la formación de un par de aminoácidos tan pronto como se introdujeron pequeñas cantidades de oxígeno en el agua, un elemento escaso en aquel entonces.

Así, podemos saber de qué tipo de entornos específicos surgió la vida.

Si el océano tuvo tanto que ver con la formación de primigenias moléculas orgánicas, estaríamos ante un fenómeno por demás poético y casi mitológico. Una correlación de sucesos que demostraría cómo todo ha estado conectado desde el origen.

Y es que tanto el cielo –la atmósfera– como lo más profundo de la Tierra –el océano– hubieron de trabajar en conjunto para que surgiera la vida. Incluso el universo conspiró para crear vida en nuestro planeta, ya que más de la mitad de los átomos que conforman nuestro cuerpo podrían provenir de galaxias más allá de la Vía láctea. En eso acuerdan la mayoría de los astrónomos. Así también, es probable que el origen del agua sea cósmico. De hecho, este líquido vital es más antiguo que el sol y la luna, y podría tener más de 4 mil millones de años en caso de que esta teoría esté en lo correcto.

Es así que la vida no puede pensarse sino como un auténtico milagro natural, cuyos orígenes nos hacen pensar que si todo nació conectado, el futuro depende de que todo siga en sintonía.

 

 

*Imágenes: 1) un modelo de protocélula, NSF (edición Ecoosfera); 2) Richard Bizley/SPL