Si pensamos en insectos, seguramente lo primero que se nos viene a la mente es una diminuta criatura con la capacidad de volar. Y a pesar de que aproximadamente el 95% de la población mundial de insectos entra dentro de esta descripción, la realidad es que un 5% de ellos ha perdido la capacidad de desarrollar alas para volar. En ocasiones la naturaleza trabaja de la mano de la evolución para transformar a sus seres y luego de 165 años, se comprobó la “hipótesis del viento” de Darwin, la cual explica por qué algunas especies de insectos perdieron la capacidad de volar.

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Luego de pasear en bote por la costa de Marruecos, Charles Darwin se percató de un patrón extraño en la isla: Muchos escarabajos endémicos no poseían alas, pero tratándose de Darwin, el hecho no quedó sin una explicación lógica para él. Según el explorador, el viento habría sido el factor que cambiaría el curso en la vida de estas especies.

Darwin explicó que los escarabajos voladores habrían salido disparados de la isla por los fuertes vientos. También especuló que los escarabajos ápteros (no voladores) se adaptaban mejor al medio ambiente.

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Esta hipótesis nunca llegó a ser comprobada, no obstante, ahora, 165 años después, investigadores de la Universidad de Monash han comprobado en un estudio la explicación de Darwin, o más o menos.

“Hipótesis del viento” de Darwin 

Según la investigadora principal del estudio, Rachel Leihy, la hipótesis de Darwin comenzó como una apuesta entre Charles y su amigo el botánico Hooker.

“Él y el famoso botánico Joseph Hooker tenían una discusión sustancial sobre por qué sucede esto. La posición de Darwin era engañosamente simple. Si vuelas, te lanzan al mar. Los que quedan en tierra para producir la próxima generación son los más reacios a volar, y eventualmente la evolución hace el resto. Voilà “.

Cientos de científicos dudaron de la veracidad de la explicación de Darwin, incluido Hooker. No obstante, tampoco se han dedicado grandes esfuerzos para explicar la pérdida de vuelo en ciertas especies de insectos.

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Nick Dean / Flickr

Por ello, investigadores de la Facultad de Ciencias Biológicas, de la Universidad de Monash, analizaron tres décadas de datos de especies de insectos de isla. Se incluyeron la Antártida y 28 islas del Océano Austral en donde se encontraron patrones atmosféricos como el viento y presión atmosférica baja.

El estudio logró comprobar que, como consecuencia a estas características meteorológicas, el vuelo era una actividad casi imposible de lograr para los insectos. Simplemente no contaban con los recursos energéticos para lograrlo, en su lugar se adaptaron para caminar y hurgar.

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A pesar de que Darwin tenía parte de razón, no logró alcanzar la totalidad de la explicación ya que él creía que el viento era el único factor involucrado. Sin embargo, la nueva investigación sugiere que la nutrición también juega un papel importante. Volar es una actividad que consume mucha energía, cuanta más resistencia produce el viento para desplazarse por el aire, más energía se consume.

Lo cierto es que Charles entendía muy bien la naturaleza y comprendió rápidamente que somos el reflejo de nuestro entorno. Hay que darle un gran crédito por ello y a pesar de que se le escapo el factor de la nutrición, por fin comprobaron que Darwin tenía razón con la “hipótesis del viento”.

Referencias: 
Leihy, R. Chown, S. (2020). Wind plays a major but not exclusive role in the prevalence of insect flight loss on remote islands. Proc. R. Soc. B.28720202121 DOI

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