¿Cómo se ve (y se siente) un sueño lúcido?

Algunos factores a tener en cuenta para distinguir si estás soñando lúcido (y cómo aprovechar la experiencia onírica).

Construyo mis sueños para no despertar.

Georges Méliès

 

Si realmente quieres tener un sueño lúcido, vas a tenerlo. La mente humana, más que el mundo real, influye en la creación de este tipo de sueños: una valiosa aproximación de la conciencia al interior inconsciente.

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En Ecoosfera hemos hablado ya sobre cómo podría ser viable controlar a nuestro favor la experiencia onírica, e incluso volverla un espacio para el aprendizaje de ciertas prácticas que nos podrían ser de ayuda en la vigilia; cómo los sueños se transforman en arrobadoras lecciones kármicas para entender nuestro propio yo de una forma más intuitiva y, a veces, desprender desde ahí la solución a muchos de nuestros problemas. Creas o no en lo anterior, los seres humanos tenemos la certeza de que los sueños “existen”, pues todos los hemos experimentado, y la ciencia está cada vez más cerca de descubrir su propósito en nuestras vidas. 

Tenemos, por ejemplo, la tecnología onírica de investigadores en Japón, que básicamente están trabajando en reconstruir los sueños y traducirlos en una pantalla con imágenes de Internet. O los recientes estudios de la neurociencia, que afirman cabalmente que los sueños pueden ayudar a sanar heridas psicológicas. Y por si esto no fuera suficiente, hay investigaciones rudimentarias pero bastante serias que han descubierto que la improvisación musical implica un proceso cerebral similar al de un sueño

Todas estas aseveraciones científicas son importantes para alimentar la creencia en los sueños; sin embargo, nunca serán más confiables que la experiencia misma. Así, en pleno siglo XXI, uno puede empezar a hacer vital la práctica de la experiencia onírica lúcida, es decir, hacernos conscientes de que estamos soñando y hacer, ahí, lo que en esta época es imposible.

 

El arte de educar a través de la alucinación (o la psicología)

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Algo similar al sueño puede haber sido el cine cuando los hermanos Lumière pusieron, por vez primera, la experiencia cotidiana frente a los ojos de los hombres. El cine podía parecer aterrador para quien experimentaba la imagen de un tren que viajaba a toda velocidad hacia él, o incluso una experiencia imposible a la que podría llamarse una alucinación. Aun así, el cine ha sido un potente educador de la conciencia –no hace falta mencionar que el propio Hollywood ha utilizado la gran pantalla para introducir modas, estilos de vida, conceptos sociales o incluso posturas políticas para educar a las masas–, tanto o más de lo que lo fue el teatro en su época (otra de las herramientas artísticas más eficaces para educar a los pueblos). En esencia, se trata de la representación de la experiencia humana, puesta enfrente para su entendimiento. El sueño no está lejos de esto, y es a través de los complejos procesos cerebrales que podemos comenzar a incentivar un sistema neurológico educativo, o al menos en lo que concierne al aprendizaje sobre quiénes somos, por qué pensamos como lo hacemos y cómo interactuamos con los estímulos

 

Ver un sueño lúcido

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Quienes hemos tenido la fortuna de experimentar uno o varios sueños lúcidos, sabemos que siempre se sienten diferentes: sentimientos de horror, miedo, e inclusive dolor, pueden aparecer ahí; por otro lado, el entusiasmo, la felicidad y el asombro pueden manifestarse… Todo lo que se siente ahí será obra nuestra, si así lo deseamos. 

Pero existe una constante en ellos, y es, a grandes rasgos, el hecho de que uno puede pasearse, volar o hacer que se produzcan ciertos hechos a voluntad, e inclusive sentirlos como reales, a pesar de saber que se está soñando. 

Según algunos estudiosos de este fenómeno, en el sueño lúcido predominan una serie de características claramente notables:

 

Conciencia de ubicación

Si se está soñando lúcido, el enfoque se amplía enormemente. El sentido del espacio abre su cauce y el soñador, a diferencia de lo que ocurre en cualquier otro sueño normal, puede distinguir en dónde está o qué acción está realizando. Asimismo, quienes han experimentado sueños lúcidos aseguran haber estado en lugares específicos que no habían visitado jamás durante la vigilia. 

 

Conciencia de que se está soñando

Es el rasgo más común. En todos los casos la persona puede despertar si así lo decide, porque está consciente de que es un sueño. 

 

La memoria

En el mundo de los sueños la memoria no actúa como en la vigilia, puesto que algunas partes del cerebro se encuentran inactivas. Esto quiere decir que difícilmente podemos hacer uso de ella. 

 

Movimientos oculares

Este es uno de los rasgos más fascinantes de los sueños lúcidos. Cuando una persona persigue una pelota o cualquier objeto con la mirada, ésta hace un movimiento al que se conoce como “de seguimiento suave”. Dicho movimiento no se puede fingir, puesto que sólo si el cerebro está detectando movimiento con la vista puede llevarse a cabo. Recientemente se descubrió que cuando una persona entra en un sueño lúcido, los movimiento oculares de seguimiento suave durante el sueño son muy similares a los que ocurren durante la vigilia, mientras que son cualitativamente diferentes del seguimiento sacádico, que tiene lugar cuando imaginamos. Dicho de otra forma, para el cerebro, la experiencia visual que sucede durante el sueño es más parecida a la percepción de objetos reales que a la imaginación, de manera que para nuestra mente el sueño es verdadero y no un producto de la fantasía. 

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Y entonces, ¿cómo se siente un sueño lúcido?

Como tú quieras que se sienta. Aunque es verdad que cuanto más trabajes en tus sueños, más fácil te será controlar las sensaciones a tu favor –de entrada, no tendremos la capacidad para controlar cada aspecto del sueño si no trabajamos en ello–. Para lograrlo necesitas ser constante y tener una gran expectativa al respecto. A muchos les funciona hacerse preguntas durante el sueño.

Un consejo para estimular la experiencia lúcida es asegurarse de dormir bien (estas infusiones para inducir el sueño podrán ayudarte), comer ciertos alimentos que estimulen el sueño (aquí hay algunos) y por supuesto, mejorar los hábitos, para que el cuerpo influya en la mente (prueba haciendo ejercicio, respirando bien y mejor, comiendo bien y eliminando los factores más estresantes de tu vida con 10 minutos de meditación). Todos estos factores son una especie de aleación para que tu cuerpo-mente se concentre en lo que es importante y finalmente puedas acceder con maestría a ese otro universo, el de la mente. 

 

* Arte: Amy Friend

 

* Referencias científicas

Nature Communications

Psychology Today

Dream Studies Org

How To Lucid

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora en jefe de Ecoosfera. Ha participado de manera frecuente en medios como Más de México, Faena Aleph y Pijama Surf. Le interesa utilizar la información y la diversidad de formatos digitales para construir conciencias. Su tiempo libre lo dedica a crear música con sintetizadores.


Un retiro para soñar lúcido al que puedes ir

Una eminencia en las experiencias oníricas lúcidas está encargado de estos cursos, cuyas fechas para 2019 se anunciarán pronto.

Dormir es una necesidad fisiológica: un mismo medio para varios fines como lo son recuperarnos, mejorar nuestra memoria y regular nuestro organismo. Pero, ¿es nada más eso? ¿Y si otro de sus fines fuera permitirnos merodear por lo más recóndito de nuestra mente?

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Los sueños lúcidos son una experiencia onírica que se puede tener con tan sólo desearlo. Suena sencillo, pero como bien creía Carl Jung, lo más simple suele ser lo más complejo. No obstante, ¿por qué querría uno tener un sueño lúcido? Porque ese es otro fin que debe formar parte de lo que nos hace irnos a la cama cada noche: el fin pedagógico por el cual dormimos.

Un sueño lúcido es un territorio que podemos explorar con seguridad: un espacio para el aprendizaje intuitivo que tiene su propio lenguaje, el cual debemos saber traducir, como señalaba Sigmund Freud –quizá uno de los primeros internautas del sueño–. No por nada la ciencia –no sólo la psicología, sino incluso la neurociencia– ha comenzado a indagar en las potencialidades de la mente, a través de los sueños lúcidos, pero también a través de una experiencia mística que es pariente de la onírica: la experiencia psicodélica.

Y es que estas inversiones en la psique pueden ser usadas para fines terapéuticos. Por ejemplo, para tratar desórdenes mentales, como la depresión. Y también para potenciar capacidades cognitivas. O simplemente, para hacernos experimentar lo insólito.

Por eso, existen retiros para aprender a soñar lúcido.

Stephen LaBerge es quizá la persona que más ha abonado al estudio de los sueños lúcidos desde una perspectiva científica. En 1987 fundó The Lucidity Institute, una organización que promueve la investigación de las experiencias oníricas. Además, tiene cursos para el público general sobre cómo tener un sueño lúcido. Mucho de lo que se puede estudiar y aprender en estos cursos es lo que LaBerge ha desarrollado durante décadas, desde que era estudiante de la Universidad Stanford.

Sus cursos se combinan con lecturas y también con ejercicios de yoga, para estimular así la psicodelia natural de la mente.

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Uri Shapira

Quizá lo más importante del método de LaBerge sea lo que llama “la prueba de realidad, que consiste en probar constantemente si estamos o no en un sueño. De esta manera podemos desbloquear el sueño –en caso de estar en uno– y comenzar a experimentar en él una lucidez que lo haga un espacio mucho más vívido. Además, mediante este y otros métodos, los alumnos pueden avanzar en sus grados de “sapiencia lúcida” y facilitar su ingreso al mundo onírico de las experiencias multisensoriales.

Los retiros siguen siendo realizados cada año, y pronto se anunciarán las fechas para 2019 en la página oficial del instituto. Si vas, ¡platícanos cómo te fue! Pero sobre todo, platícanos qué soñaste.

 

* Imagen principal: Ecoosfera



Tus sueños pueden ayudar a sanar heridas psicológicas (Estudios)

Las experiencias oníricas pueden ayudarnos a sobrellevar traumas psicológicos y reconocer deseos no expresados.

El mundo de los sueños ha fascinado a la imaginación desde hace siglos. Aunque la psicología y la ciencia modernas no cuentan todavía con una explicación extensiva de por qué soñamos o cuál es la función del sueño, su aplicación terapéutica ha tenido una historia fascinante, la cual ofrece resultados promisorios.

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Edie Sunday

Desde la Antigüedad, los sueños han sido leídos o interpretados como mensajes del más allá: de los dioses, de otros mundos, etc. No fue sino hasta el siglo XIX, cuando el psicoanalista vienés Sigmund Freud les prestó atención (en su obra fundamental De la interpretación de los sueños), que los sueños comenzaron a entrar en la cultura popular como una ventana hacia los deseos reprimidos y su satisfacción.

Para Freud, los sueños son una vía para satisfacer un deseo, el cual no siempre es evidente para el soñador –ya sea porque se trata de un deseo reprimido o porque el sueño es sencillamente una simbolización de algo a lo cual no podemos acceder por la vía lúcida–.

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Monty Kaplan

El alumno hereje de Freud, Carl Gustav Jung, dedicó gran parte de su experiencia clínica a recabar, analizar e interpretar sueños de la mano de sus pacientes. En su experiencia, no existe una sola clave para interpretar los sueños, sino que cada paciente (junto al analista) debe llegar al sentido último de las vivencias oníricas.

En Oriente, los sueños tampoco han sido dejados de lado. Para el budismo Bö, los sueños pueden utilizarse como medio de adivinación o como vía para expandir la conciencia y acceder a otros estados de claridad mediante el ejercicio del sueño lúcido.

Los pioneros estudios de Stephen LaBerge y Howard Rheingold demostraron que, en condiciones controladas, los sueños lúcidos eran una realidad: los sujetos de estudio podían comunicarse con los investigadores mediante un patrón de movimiento ocular.

La revisión de realidad (reality check), popularizado en la película Inception, es una herramienta sencilla para diferenciar el mundo de la vigilia del de los sueños

A pesar del amplio corpus documental que avala la existencia del sueño lúcido, su aplicación terapéutica sigue siendo motivo de discusión, y se le asimila a otras formas populares de magia, como el tarot o la astrología.

 

Exploradores modernos del sueño

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Monty Kaplan

Vivimos una era de gran interés para el estudio de los sueños. Según el psicólogo Rubin Naiman, de la Universidad de Arizona, “tan pronto comenzamos a poner atención a nuestros sueños, nos damos cuenta de que ahí yace una forma de inteligencia. Hay sabiduría. Hay compasión. Hay profundidad y puede abrir nuestros corazones para ver la vida de una manera completamente distinta”.

Y es que, para Naiman, los sueños cumplen una función similar a la del aparato digestivo en el terreno de la mente:

El sueño digiere. Metafóricamente, [el sueño] mastica, traga, asimila y filtra, y decide qué es lo que va a excretar. Nos nutren las experiencias cotidianas, y si no digerimos nuevas experiencias constantemente, nos desnutrimos psicológicamente. La gente que no sueña bien no recibe diariamente la nutrición de nuevas experiencias.

En un reciente estudio del Sleep and Neuroimagining Lab de la UC Berkeley se halló que una reducción del sueño REM (el estado de sueño profundo donde tienen lugar los sueños más intensos) disminuye considerablemente nuestra capacidad de afrontar la complejidad emocional que necesitamos para funcionar en nuestro día a día.

Los inductores de sueño lúcido pueden ayudar a enviar señales luminosas que debes interpretar dentro de tu sueño, para ayudarte a “despertar” dentro del mismo

Otro estudio señala que las emociones intensas que experimentamos en ciertos sueños (como las pesadillas) se vinculan a la amígdala y el hipocampo, las áreas de nuestro cerebro responsables de procesar la memoria a corto y largo plazo. De acuerdo con la investigación de Naiman, una falta de sueño en su fase REM puede estar ligada a la aparición de depresión.

 

¿La terapia de sueños es real?

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Edie Sunday

El trabajo de los terapeutas oníricos comienza por familiarizar a los pacientes con sus propios sueños. La primera vía para hacerlo es el registro diario de sueños a través de un diario. Según LaBerge y Rheingold, la capacidad para recordar los sueños es algo que puede desarrollarse mediante la práctica. Al principio, basta con anotar algún objeto o emoción predominante; con el tiempo, encontraremos que nos resulta más y más sencillo recordar episodios, diálogos, y familiarizarnos más profundamente con los paisajes del sueño.

Posteriormente, los sueños se llevan al terapeuta, el cual, dependiendo del tipo de enfoque, le ayuda al paciente a generar una interpretación. ¿Sueñas a menudo que tratas de meter ropa a una maleta pero ésta nunca cierra? Probablemente debes hacer frente a tus emociones, en lugar de ocultarlas. ¿Sueñas que un monstruo horrible te persigue mientras tus pies se derriten? Tal vez si dejas de escapar de lo que te angustia y te permites observarlo, verás que el monstruo se convierte en una figura familiar y amistosa que tiene algo hermoso que mostrarte.

Este tipo de terapia de sueños fue solamente uno de los recursos de los principios del psicoanálisis, así como una vía para encontrar alternativas lúcidas a situaciones estresantes incluso desde la Antigüedad. Pero no es necesario un acercamiento desde la religión o la ciencia para comenzar a familiarizarnos con nuestros sueños: basta un poco de voluntad en el día a día para programar nuestra mente con el objetivo de soñar, así como de recordar nuestras experiencias oníricas durante el día.

Después de todo, los sueños ocurren dentro de cada uno de nosotros. Son parte de nuestra experiencia vital, y aunque sucedan en el terreno de nuestra mente, no son experiencias menos reales que las que vivimos al despertar. La relación con los sueños es algo que puede cultivarse, y como demuestran las investigaciones anteriores, pueden ayudarnos a tener una vida psicológica más rica y plena.

 

* Fotografía: Monty Kaplan y Edie Sunday