Cómo tranquilizar una psique hipersensible

Las personas hipersensibles no tienen que corregir nada en sí mismas, sino ponerse en sintonía con lo que son.

Para quienes son más apáticos ante la vida, puede costar trabajo entender lo que las personas hipersensibles experimentan cotidianamente. Pero lo cierto es que la psique de estos individuos es más delicada, y necesita de cuidados intensivos para mantener su equilibrio.

Christina Salerno, una entrenadora vital (o alquimista del corazón, como le gusta autodenominarse), asegura que el sistema nervioso de las personas hipersensibles es, en su conjunto, radicalmente distinto al común. Y lo cierto es que las estructuras culturales de las cuales estamos rodeados afectan más a la sensibilidad cotidiana, por lo cual pueden llegar a ser muy transgresoras para las psiques hipersensibles.

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Arte: Michael Cina

Las personas sensibles necesitan de una hoja de ruta para la vida, pues muchas veces ni siquiera comprenden en dónde reside lo que los diferencia de los demás. Para empezar, deben escucharse más a ellos mismos para tener un contacto sano con el mundo, y encontrar la manera de relacionarse sin renunciar a su sensibilidad (que, por lo demás, es una exquisita virtud).

Por ahí debemos comenzar si somos hipersensibles. Con eso y con algunos otros actos de alquimia para el corazón, nuestra mente podrá encontrar equilibrio.

 

Entabla un diálogo interno

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No se puede empezar a trazar la hoja de ruta para la mente hipersensible si antes no hacemos un viaje introspectivo a nuestras emociones, muchas de las cuales se encuentran en el fondo de nosotros mismos. Lo mejor para esto es practicar meditación, lo que incluye aprender a respirar para oxigenar nuestro cuerpo y dejar brotar libremente lo que sentimos.

 

Encuentra cómo canalizar tu espiritualidad

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Foto: Sanja Marusic

Es muy probable que, con la meditación, encuentres huecos que debes llenar. Sin duda, las necesidades de nuestra espiritualidad están por encima de todo; lo bueno es que hay muchas maneras de canalizarla. En estos tiempos, quizá lo más rico sea participar activamente en algún proyecto social (pues las personas hipersensibles suelen estar muy preocupadas por su entorno). Así que no dudes en hacerte parte de cualquier colectivo que persiga buenas causas, como pueden ser los que se dedican al activismo medioambiental, a la protección de los pueblos originarios o al acompañamiento y protección de cualquier sector vulnerable.

 

Haz contacto con la tierra

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A menudo las personas hipersensibles son muy introspectivas, lo cual no es malo. Pero es malsano salir de este mundo y no aterrizar jamás en él. Tus emociones necesitan pisar terreno firme para no salirse de control, así que conviértelas en alguna actividad: escribir, dibujar, hacer muebles, o cualquier cosa que te ponga en contacto con ellas materialmente. Mejor aún si lo haces como un ejercicio colectivo, intentando expresarte con los demás a través de tus creaciones. Investiga cómo te estimulan distintas experiencias.

Las personas hipensensibles experimentan de maneras radicalmente distintas el mundo. Desde tomar cualquier sustancia estimulante (como una copa) hasta ver una película puede desatar ríos de emociones en las psiques más sensibles. Así que debes indagar en cómo te estimula cada una de las cosas que haces y estar al tanto para no exponerte a una sobreestimulación nociva. Sólo conoce tus límites, respetalos y hazlos respetar.

 

No busques que nada o nadie te “arregle

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No padeces una enfermedad o algún desorden. ¡Al contrario! Estás superdotado de una manera que puedes aprovechar. Por supuesto, es probable que sufras más cualquier alergia, o que cualquier olor o sonido te perturbe; pero no se trata de que inhibas tu sensibilidad para protegerte, sino de que la eduques para poder lidiar con lo bueno y con lo malo. Si es necesario, háblalo con las personas más cercanas a tu entorno, sin pena: estás en tu derecho a ser hipersensible.

 

Disciplínate sólo un poco

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La dispersión es una característica de las personas hipersensibles; pero tampoco es mala, si le agregas un poco de disciplina. Eso te traerá equilibrio, pues demasiada dispersión o demasiada disciplina pueden resultar intolerables para las personas hipersensibles. Planea tus rutinas, pero guarda espacios que sólo tu sensibilidad espontánea pueda llenar, y seguro te sentirás mejor y más pleno.

 

Acércate a la naturaleza 

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Si algo puede ser disruptivo para las personas hipersensibles es el ajetreo urbano. Así que no dudes en incluir en tu agenda algunas escapadas a la naturaleza (para darte unos necesarios baños de bosque). O por lo menos, encuentra parques donde poder respirar aire limpio y huir un poco del ajetreo cotidiano. De esta forma es muy probable, además, que al entrar en contacto con la naturaleza estimules tu creatividad.



Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
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Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
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Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel