10 mantras que debes interiorizar para reducir al máximo tu huella ecológica

Sé parte de la conciencia contemporánea que el mundo necesita.

Literalmente, el mundo se nos está acabando: para la mitad del año en curso ya habíamos agotado todos los recursos naturales renovables de 2018. Es decir que, desde entonces, hemos estado ocupando el “crédito” de la naturaleza: nuestra vida se ha sustentado en la depredación del planeta.

Por si fuera poco, hace apenas unos días la ONU nos alertó sobre lo urgente que es hacer cambios –en lo individual y colectivo– si queremos evitar que la temperatura suba 3 grados para 2030, con todas las implicaciones naturales y sociales que un aumento así traería consigo.

O sea, que tenemos poco menos de 12 años para cambiar las cosas…

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Arka Dutta

¿Cuándo comenzó a suceder esto? Ya no importa. Lo que importa no es tanto revisitar el pasado, sino mirar lo que estamos haciendo en el presente. ¿Qué tanto está calando en la Tierra tu huella ecológica?

Algo es seguro: tu andar en el mundo no pasa inadvertido. Cada persona en México produce 4 toneladas de CO2 en promedio, ¿quieres multiplicarlo por 127 millones? Son 508 millones de toneladas de CO2.

Pero si aun así eres de los que siguen pensando que sus hábitos no juegan un papel en esto, te tenemos una noticia: todo está conectado, y cada una de tus acciones provoca una reacción en cadena.

Es cierto que las empresas y corporaciones son las grandes culpables de la devastación ecológica y el cambio climático, pero también es verdad que ellas están alimentando nuestros deseos. Sí: ese refresco que te tomas tiene detrás más de 100 litros de agua, mientras que cada litro quemado por tu automóvil están mandando 2.5 kilos de dióxido de carbono a la atmósfera.

Imagínate entonces: si los hábitos de cada individuo devinieran en que dejara de haber una cultura del automóvil, una cultura del refresco o una cultura del plástico, lograríamos frenar el cambio climático definitivamente. Y además estaríamos evolucionando hacia un nuevo paradigma, más sano, más sustentable y en sintonía con el entorno.

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Así que sí: tenemos que transformar nuestras costumbres, y habitar este mundo con un poco más de congruencia. Quizá no logremos nada inmediatamente, pero los grandes cambios suceden poco a poco.

Por eso, te proponemos 10 mantras que debes interiorizar para reducir al máximo tu huella ecológica (hasta casi borrarla):

 

Nada es un desperdicio: todo se transforma

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Rediseña tu concepto de basura. Sepárala, siempre. Y ten presente lo mucho que puedes hacer con lo que podría parecer un “desperdicio”, como por ejemplo, una composta facilísima.

 

El agua embotellada me hace daño

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Sí: las botellas de plástico liberan microplásticos dañinos en tu agua. Además, el agua embotellada no tendría por qué existir siquiera, y tú no tendrías por qué estar gastando en ella. Mejor ahorra para comprar un filtro y nunca jamás bebas agua de una botella de plástico otra vez.

*Y si quieres llevar agua contigo, usa botellas reutilizables de vidrio, que además mantendrán fresca tu agua.

 

Mi mascota también contamina

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Los perros y gatos consumen hasta un 30% de la carne en Estados Unidos, y generan 64 millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Así que cuida que su impacto no sea todavía mayor: no utilices bolsas de plástico para recoger sus heces; mejor ocupa hojas de periódico y tíralas al inodoro. Y no le compres más de lo que necesite.

 

Comprar local es ayudar

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Y no sólo a reducir tu huella ecológica –pues implica menos gasto de recursos, entre ellos la gasolina del transporte–, sino que también ayuda a las economías locales.

 

Toda acción tiene una reacción

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Incluso dejar tu computadora prendida. Porque los monitores absorben muchísima energía. Así que apaga tus aparatos cuando no los vayas a usar, incluso si sólo vas a salir a tomar un café.

 

Un paso a la vez

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Camina, monta la bici o súbete al transporte público. Prescinde lo más posible del automóvil, por la salud del planeta y la tuya. Si eres de los que no se animan a andar en bici porque la ciudad es salvaje, aquí tienes algunos hacks para empezar (y no desilusionarte jamás).

 

Carne, ¿para qué la quiero? Si tengo verduras para crecer

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Existe mucha comida más sana para ti, más sana para el planeta y que es igual de rica (o más) que la carne. No todo depende de este alimento, ¡sólo interiorízalo! Y habitúate a prescindir de él en tus comidas. Verás que con el tiempo es más fácil. Puedes empezar por tener un lunes sin carne, y si de plano te va agradando, puedes consultar a un nutriólogo para dejarla definitivamente. Si esto no te convence, un par de datos duros: en la producción de cada kilo de carne se generan 3 kilos de CO2 y se gastan hasta 4 mil litros de agua. ¿Convencido?

 

Sin bolsa está bien

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Aprende a decir esto después de cada compra realizada. Y ve preparado con una bonita bolsa de tela o mochila para guardar cualquier cosa que compres. Pero hablando de comprar…

 

No lo necesito

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Introduce esta oración en tu vocabulario. Verás que te ahorrará mucho dinero, pues seguro te evitará comprar cosas que no necesitas o de las cuales puedes prescindir sin problema. También acostúmbrate a pensar antes si lo que estás a punto de comprar no es algo que ya tienes en casa y sólo necesita que le des una segunda vida.

 

Soy un ser autónomo

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¿Sabes que es la autonomía? Para muchas comunidades indígenas, autonomía significa tener una milpa. Así es: poder procurarnos comida es la cumbre de toda autonomía, pues el alimento es la fuente primigenia de vida. Sigue su ejemplo y cultiva tu propia comida (es posible incluso en la ciudad).

 

* Imágenes: 1) Edición Ecoosfera; 2) Arka Dutta; 3, 5, 7, 8) CC; 4) PerkinElmer; 6) RGP; 9) Mimi & August; 10) No Rome; 11) Eva Verbeeck



De lo emocional a lo político: cómo afecta el cambio climático a la humanidad (Cortometraje 📽️)

Una niebla silenciosa y densa… Este cautivador documental intenta comprender exactamente qué está en juego cuando hablamos de cambio climático.

El cambio climático es una niebla densa; un cúmulo invisible de gas que nos recubre, pero que percibimos como lejano e invisible. Tendemos a relacionarlo con capas de hielo que se derriten a miles de kilómetros y escenarios posapocalípticos que no llegaremos a ver, pero su amenaza difusa persiste.

¿Cómo medir la magnitud de esta niebla? Y, más importante, ¿cómo detenerla? En The Measure of a Fog (La medida de la niebla), un cautivador documental sobre el cambio climático, Ian Cheney nos habla justamente de cercanía. Para entender la magnitud del calentamiento global, hay que dejar de pensarlo como un lejano mal augurio y fijar la mirada en terrenos reales, pero insospechados.

Sabemos que la ciencia lleva la batuta en este tema: sus estadísticas y predicciones dirigen este conflicto de la especulación a los hechos. Lo imprevisible es que, detrás de las gráficas, se oculta también un conflicto moral. Pero los efectos verdaderamente devastadores del cambio climático no se verán hasta las próximas generaciones, y en un mundo que gira en torno a ciclos cada vez más breves, es difícil que nuestra compasión se extienda más allá de algunos años.

¿Cómo pensar en las personas que heredarán una Tierra extraña que aún no logramos separar de la ficción?

El rostro emocional del cambio climático también entra en cuestiones económicas. Los países en vías de desarrollo llevan, desde este calificativo, la pesada carga del progreso. Esta idea de crecimiento desenfrenado depende, en gran parte, del uso excesivo de combustibles fósiles.

Para cambiar esta estructura económica habría que modificar la estructura mental que dibuja el progreso como una línea recta hacia el infinito.

No será fácil abrirse paso entre esta niebla, pero para Cheney, es posible arrojar luz sobre esa incertidumbre contando historias como la suya. Si nos ponemos a pensar en qué nos queda de las generaciones pasadas, si las reducimos a su expresión más pura, encontraremos dos cosas: arte y pensamiento.

Para las futuras generaciones, pero sobre todo para las de este presente, las historias que contemos y reproduzcamos sobre el calentamiento global nos ayudarán a esparcir la urgencia del cambio.

Las soluciones para este complejo conflicto no serán inmediatas. La obra de Cheney no tiene la pretensión de resolverlo, sino de encontrar patrones que nos permitan discernir esta niebla y dar sentido a sus contornos.

Acá los links para encontrar la serie de cortos completa:

Distance”, “Carbon”, “Energy”, “Geoengineering”,  “Politics” y “Ethics”.

Si quieres saber cuáles de tus hábitos contribuyen al cambio climático, visita también este enlace.



El oasis convertido en desierto: imágenes de un mundo post calentamiento global (📸)

En “Forgotten Dried Land”, el fotógrafo Mohammad Baghal Asghari documenta la sequía que ha devastado los campos de Irán durante los últimos 30 años.

Los últimos 30 años han sido terribles para los pobladores de la provincia de Kermán, en Irán. Una región que alguna vez fue rica gracias al cultivo de palma y donde el agua no había escaseado, se convirtió poco a poco en un desierto debido a la escasez de agua y malas prácticas de cultivo.

 

El fotógrafo Mohammad Baghal Asghari realizó esta serie titulada Forgotten Dried Land (La tierra seca olvidada) para documentar la vida de los pobladores de Kermán, la cual puede leerse como una escalofriante profecía de un mundo cada vez más caliente.

Varias son las razones de la ruina de Kermán: la sequía fue provocada por una falta de lluvia extrema, lo que secó los pozos y acabó con los cultivos de palma y pistache; los granjeros utilizaron químicos en los cultivos, lo cual agravó la erosión de la tierra y no se logró recuperar la producción ni las exportaciones del pasado, además de que la ganadería se hizo insostenible. Desde entonces, más de 20,000 hectáreas de cultivo se han convertido en desierto.

El calentamiento global solamente aceleró las duras condiciones de sus pobladores, muchos de los cuales han intentado hacer tomas de agua ilegales, lo que está penado por el gobierno iraní. Ante esto, la ONU ha declarado a Irán como una zona de “escasez de agua”.