¿Qué es un milagro? De acuerdo con el científico Freeman Dyson, un milagro puede equipararse con un suceso inesperado; es decir, con un evento imposible de predecir que a su llegada genera un fuerte impacto. Estos eventos no son una excepción en nuestras vidas, sino una regla: por lo menos uno entre 1 millón tendrá consecuencias insospechadas. 1 millón puede parecer una cantidad enorme, pero si la convertimos a segundos, nos encontramos con una tasa mucho más favorable: cada mes presenciamos un milagro. La clave estriba en si lo notamos o no. La diferencia entre una persona que se considera afortunada y otra que atraviesa por “una mala racha” no tiene tanto que ver con la buena suerte como con tener una mente abierta.

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Desde encontrarse dinero tirado en la calle hasta conocer al amor de tu vida, la buena suerte realmente no se esconde en cada esquina, sino que está tan presente a la vista que a veces, con el ajetreo de la vida moderna, no la notamos. Cabría preguntarnos, entonces, si vivir en un mundo más simple aumentaría nuestra suerte. La respuesta es negativa: es justo la complejidad de nuestras vidas lo que permite que estos sucesos ocurran. Al abrir nuestra mente al sinfín de relaciones que existen entre todos los seres, podemos apreciar que las posibilidades de que suceda cualquier cosa son también infinitas.

Estos milagros están contemplados en la estadística: el matemático Nassim Taleb los llama cisnes negros, y son contemplados en muchas áreas del conocimiento humano.

Pensémoslo así: aunque ahora esté bien ordenado y clasificado, realmente algo tan azaroso como una modificación genética derivó en la cadena evolutiva que hizo posible nuestra propia presencia en este planeta.

Queda claro que si comprendemos el ritmo del mundo y el sitio que ocupamos en él, es más probable que cosechemos el fruto de las oportunidades que pone a nuestra disposición. Incluso los eventos más desfavorables pueden ser interpretados de una buena manera: en la psicología, esta habilidad se conoce como flexibilidad cognitiva. Las personas con una percepción estrecha pueden percibir un despido como el fin de sus vidas; por otro lado, las personas con una mente más flexible pueden verlo como un paso necesario hacia algo más grande.

Entonces, ¿cómo podemos abrirnos a percibir estos milagros? Una de las claves se encuentra en conservar una conexión constante e íntima con todo lo que nos rodea. Cultivar lazos con otras personas no sólo nos convierte en sujetos más empáticos, sino que ensancha el mar de posibilidades a las que podemos tener acceso. Esto se extiende también al contacto con extraños: sin esperarlo, una conversación con un taxista puede darte la idea que necesitabas para culminar un proyecto. También es importante conservar la sensación de aventura: algo tan sencillo como elegir una ruta distinta para llegar al trabajo entrena a nuestro cerebro para romper con los hábitos a los que se ha acostumbrado. En un entorno nuevo, la semilla de la creatividad está siempre latente; con ella, es más fácil detectar oportunidades y girarlas a nuestro favor.

Expandir el rango de nuestra experiencia implica siempre un riesgo importante; pero, como bien decía Kierkegaard, la diferencia entre una vida ensimismada y una de mayor alcance está en la capacidad de tomar acción desde uno mismo.

La plenitud de la existencia humana se encuentra, justamente, en participar de ella conscientemente y estar siempre dispuestos a dar un salto.

 

* Fuentes

El científico rebelde, de Freeman Dyson.
El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable, de Nassim Taleb.
“Make your own luck” en Psychology Today. Recuperado de: https://www.psychologytoday.com/us/articles/201005/make-your-own-luck.
“The psychology and philosophy of luck” de Duncan Pritchard y Matthew Smith. Recuperado de: https://www.stat.berkeley.edu/~aldous/157/Papers/pritchard.pdf.

 

* Fotografías: 1) CC; 2) Matias Alonso Revelli