Mantente aquí y ahora: 7 formas de meditar en movimiento

Si no tienes tiempo para meditar sentado, prueba una de estas meditaciones activas. En cada caso, el movimiento de tu cuerpo es el objeto de la meditación. ¿Cuál vas a intentar?

Meditar es estar atento. Si estás lavando los platos y tu atención está plenamente en esa tarea, estás meditando. Si eres capaz de sentir el agua correr por tus manos y notar la textura de los utensilios y el color de los platos sin que ningún pensamiento te lleve consigo, estás meditando.

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Ilustración: Kilian Eng

Meditar es estar presente en lo que se está haciendo. Es estar en el aquí y el ahora. Y sí: normalmente es más fácil tener una atención tranquila en una posición sentada en un entorno calmado, pero no es la única forma. De hecho, muchas personas podrían pensar que son aptas para meditar por el hecho de estar estáticos, pero esto es falso: al igual que respirar, todos podemos meditar.

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Lo más maravilloso de la meditación, además de su efectividad para mejorar la salud mental y física, es que es infinitamente flexible. Si bien las meditaciones en una postura sentada son la forma más común de practicar, existen varios estilos de meditación, entre ellos la meditación basada ​​en el movimiento.

En cada caso de la lista, el movimiento de tu cuerpo es el objeto de la meditación.

¿Cuál vas a intentar?

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Comer

En lugar de apresurarte en cada bocado, saboréalo. Nota el olor de la comida, cómo se ve y la complejidad de su sabor. Trae tu conciencia a lo que sientes al masticar y tragar. Date permiso para estar completamente presente en comidas o conversaciones.

 

Caminar

Cuando una persona camina en frente de ti, te enfocas en un letrero o tienes que detenerte en un cruce de peatones o abrirte paso a través de una fuente, concéntrate en lo que está sucediendo, obsérvalo y sigue caminando y respirando. Si quieres concentrarte en algo observa cómo tus piernas, rodillas y pies trabajan juntos para mantenerte conectado sin tener que pensar realmente en ello.

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Dibujar

Cuando las personas descubren que pueden crear algo inesperado y hermoso se sienten bien, especialmente para quienes creen que no pueden dibujar. Cuando dibujamos con mente de principiantes podemos permitir que el proceso de dibujo sea nuestro amigo, nuestro compañero de juegos.

No se tiene la expectativa de ser competentes, de ser un Miguel Ángel o un Leonardo da Vinci; no somos más que principiantes; sólo estamos dibujando. La mente de principiantes nos permite centrarnos en el proceso de dibujar y dejar de preocuparnos por el resultado final.

 

Colorear

Colorear mandalas, trazar garabatos, retomar ese sencillo acto como adultos abre un excelente camino para la meditación. Te permitirá acceder a un estado de enfoque relajado, despertar tu imaginación y expresarla de forma creativa con confianza.

 

Cantar (por supuesto)

Mientras tengas atención plena sobre lo que estás cantando, estarás meditando. Puedes utilizar mantras ya creados o inventar nuevos con frases que te hagan sentir bien y refuercen tu estado de ánimo. La música puede producir reacciones muy placenteras.

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Labores cotidianas simples

Pasar la aspiradora, lavar los platos, doblar la ropa o cualquier otra tarea relativamente repetitiva puede proporcionar un tiempo para respirar más conscientemente y aclarar la mente mientras se hacen las cosas. Usa las mismas técnicas básicas que cuando estás sentado al meditar: siempre que los pensamientos exteriores se inmiscuyan, empújalos suavemente, centrándote en la respiración y el movimiento silencioso de tus manos.

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En el tránsito o en el transporte público

Cuando te encuentras en el tránsito no tienes otra opción más que permanecer sentado, ya sea en el transporte público o en tu auto, así que por qué no aprovechar estos momentos para meditar. No tienes que hacer alguna postura extraña para lograrlo, lo único que necesitas es estar consciente, estar presente.



¿Que ocurre en nuestros cuerpos cuando nos damos un abrazo?

No hay nada más efectivo para lidiar con los conflictos cotidianos que un abrazo.

La ciencia ha confirmado lo que nuestros sentidos ya saben: los abrazos curan. Muchos estudios han comprobado los numerosos beneficios de los abrazos. Desde mejorar el rendimiento entre atletas que se animan mutuamente mediante abrazos, hasta aliviar el dolor mejor que cualquier analgésico y promover la estimulación positiva del sistema nervioso.

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Pero un nuevo estudio hecho por el Departamento de Psicología de la Universidad Carnegie Mellon confirmó que los abrazos reducen drásticamente las emociones negativas, incluso en quienes se encuentran cotidianamente inmersos en conflictos.

Los investigadores analizaron las interacciones sociales de más de 400 personas durante 2 semanas. Mediante un registro de sus actividades diarias, de su humor y de sus interacciones físicas, encontraron una correlación entre los estados emocionales, los conflictos y el número de abrazos que la persona daba o recibía.

Al parecer, quien da o recibe abrazos se vuelve más resiliente.

Quienes no abrazan ni son abrazados, tienden a mayores niveles de estrés y ansiedad.

Según los investigadores, este vínculo entre los abrazos y la capacidad de lidiar con el conflicto no se vio afectado por circunstancias concretas como puede ser el género o si los participantes estaban casados, eran solteros o estaban en una relación extramarital. La correlación es, así, consistente con la hipótesis que los psicólogos querían comprobar: los abrazos nos ayudan a adaptarnos al conflicto y sobrellevarlo.

El impacto que esto tiene sobre la salud es portentoso, pues los conflictos personales son origen de mucho del estrés que nos carcome a diario y que desencadena decenas de problemas físicos y mentales: fatiga, presión arterial alta, depresión y hasta obesidad.

 

Meditar en movimiento y restaurar el contacto físico

Podríamos decir que los abrazos son una forma de meditar en movimiento. Por eso es que muchas terapias mindfulness han empezado a integrar los abrazos a sus sesiones, como un ritual afectuoso en el cual liberar oxcitocina –la hormona del amor– mientras se limpia la mente.

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Hian Oliveira/edición Ecoosfera

Retomar los abrazos como una constante en la vida y no como un suceso esporádico puede ayudar mucho a la salud individual y colectiva. Pero también puede promover nuestra evolución, pues vivimos en una época en la cual el contacto físico –incluso en las relaciones de pareja– está disminuyendo. La convivencia en redes sociales y otros entornos digitales, que se ha vuelto obsesiva, está contribuyendo a ello, así como las crisis existenciales que nos conducen a la depresión, la soledad y la baja autoestima.

Comprobar lo sanador que es un abrazo –incluso dar un abrazo a un árbol– es algo que puede ayudar a promover la restauración de un mayor contacto físico entre las generaciones actuales –que se encuentran cada vez más inmersas en la vida digital– y las que están por venir.

Así que la próxima vez no lo dudes y abraza: a tu mamá, a tu pareja, a tu perro o a un árbol. Los beneficios no se harán esperar.

 

* Imagen de portada: Muhammed Salah  



Lo que los monjes budistas le enseñan a la neurociencia (Estudios)

El budismo y la neurociencia mantienen un diálogo donde los científicos y los monjes aprenden unos de otros.

Tal vez ninguna práctica espiritual se haya ocupado tanto de la mente como las diferentes ramas del budismo. La mente no es externa al cuerpo ni es el cuerpo: es la naturaleza de todas las cosas. La mente, nos dice una antigua enseñanza, es como el viajero que se hospeda en la posada del cuerpo. Al morir el cuerpo, la mente viaja a un nuevo aposento y continúa su viaje por subsecuentes ciclos vitales.

Aunque el aspecto religioso del budismo sea muy distinto al de las creencias predominantes en Occidente, lo cierto es que desde los años 60 del siglo pasado el budismo ha gozado de una enorme popularidad. Esto también produjo una ola de interés científico por las aparentes proezas que los monjes budistas son capaces de realizar.

 

Rompiendo la barrera del yo

Zoran Josipovic es investigador en neurología de la Universidad de Nueva York y monje budista. Para él, la investigación sobre la meditación “es muy promisoria, porque señala la capacidad del cerebro para cambiar y optimizarse de maneras que no sabíamos que eran posibles”. Durante su investigación pionera, Josipovic analizó los cerebros de 20 monjes experimentados mediante un aparato de resonancia magnética. En términos normales, los cerebros humanos se organizan en dos sistemas diferentes: la red neuronal extrínseca, activa cuando nos enfocamos en tareas sociales o que involucran movimientos, y la red neuronal intrínseca (o por defecto), que sirve para la gestión emocional. 

La mente no dual, aquella a la que aspiran los practicantes y en la cual la aversión y el deseo han sido rebasados, podría ser la contraparte del hecho de que las zonas del cerebro responsables del amor y del odio funcionan bajo patrones muy similares

Por su parte, Richard J. Davidson, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Winsconsin-Madison, descubrió que quienes practicaron la meditación durante un largo tiempo “mostraron activación cerebral a una escala que nunca habíamos visto antes”, a lo que añade que “su práctica mental está teniendo efectos en el cerebro de la misma forma que la práctica del golf o el tenis mejoran el rendimiento”. Esta metáfora resulta certera en el caso de los futbolistas que practican algún tipo de meditación.

Aprender junto a los monjes budistas sobre ese extraño viajero que es la mente ha permitido que los investigadores comprendan mejor la posada del cuerpo. Aquí algunos de los más destacables descubrimientos:

Es posible modificar el funcionamiento y estructura cerebral

Davidson descubrió que los monjes budistas tibetanos pueden incrementar la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para aprovechar nuevas experiencias para crear cambios duraderos y nuevas conexiones. Sin embargo, no es un logro que sea posible a corto plazo:

Luego de decenas de miles de horas de meditación, los practicantes habían alterado la función y estructura de sus cerebros.

Trycicle.org

 

Es posible alterar la percepción visual y la atención

¿Sabes poner atención? Una persona que no practica meditación es capaz de mantener la atención sobre un objeto durante 2.6 segundos en promedio. Comparado con esto, un monje es capaz de mantener una constante percepción visual de un objeto durante 723 segundos.

Se estableció este dato luego de que un equipo conjunto de la Universidad de Queensland en Australia y de la Universidad de California en Berkeley viajaron al Tíbet a estudiar la percepción visual de 76 monjes budistas, y la compararon con la de un grupo de control.

El estudio se centró en el efecto que tiene la meditación sobre la “rivalidad binocular”, un fenómeno natural que puede potenciarse al presentarle a cada ojo una imagen distinta. Durante un fenómeno de rivalidad perceptual (que también puede ocurrir en otros sentidos, como el oído o el olfato), la atención del cerebro se desplaza imperceptiblemente entre dos estímulos sin enfocarse en ninguno.

La prometedora conclusión es que, luego de años de meditación, un monje es capaz de disminuir e incluso controlar este desplazamiento para no permitir que su atención divague entre dos estímulos. 

 

Es posible ser más feliz

El monje francés Matthieu Ricard ha sido llamado por los medios “el hombre más feliz de laTierra”, y podría haber algo de razón en ello. Ricard posee un doctorado en genética molecular, pero desde los años 70 vive en el Tíbet, y suele acompañar al Dalái Lama como intérprete en países de habla francesa.

En el 2004, Ricard participó junto a Davidson (¿lo recuerdas?, el científico que líneas más arriba afirmó lo de la “activación cerebral a escala nunca vista”) en una investigación para cuantificar los efectos de la meditación en el cerebro. Gracias a dicho estudio se determinó que Ricard produjo niveles de emoción positiva en el córtex prefrontal izquierdo a una intensidad que jamás había sido registrada en la literatura científica.

Sin embargo, para Ricard el secreto de la felicidad es algo muy sencillo: no buscar el amor egoísta, sino la práctica continua y activa de la compasión.

 

Es posible incrementar la empatía

La empatía ocurre cuando sincronizamos nuestro estado de ánimo con las emociones de otra persona. La Universidad de Stanford tiene todo un instituto de investigación dedicado a la empatía y el altruismo, en donde el neuroeconomista Brian Knutson analizó el cerebro de algunos monjes mediante un aparato de imagen por resonancia magnética para medir la respuesta del núcleo accumbens, parte del circuito de riesgo y recompensa del cerebro. Cuando experimentamos emociones placenteras, como tener relaciones sexuales o tener un golpe de suerte, nuestro cerebro secreta serotonina, un neurotransmisor que nos enseña a promover ciertas acciones en lugar de otras.

La investigación de Knutson mostró que “la visión del mundo del budismo puede ofrecer información potencialmente interesante sobre los circuitos de recompensa subcortical involucrados en la motivación”.

Como hemos mencionado en otro artículo, el cerebro no es una computadora, ni funciona exactamente como una. No obstante, los experimentos han mostrado que, hasta cierto punto, es posible programar el cerebro para producir la sensación de bienestar.

Cuando los monjes meditan sobre “amor incondicional, amabilidad y compasión” sus cerebros generan ondas gamma, las ondas cerebrales con oscilación de aproximadamente 40 ciclos por segundo, que son indicadoras de una altísima atención y difícilmente captables. A pesar de ello, las ondas gamma de monjes como Ricard son fácilmente captables incluso en un encefalograma.

Esto se traduce en que podemos enseñar a nuestro cerebro a secretar serotonina (es decir, a ser más feliz) simplemente al meditar y ejercitar la amabilidad y la compasión, lo cual reafirma la idea de que la meditación podría revertir o ayudar a paliar los efectos de la depresión y otros padecimientos psiquiátricos.

El diálogo entre la religión y la ciencia no tiene una historia muy amable. Sin embargo, el mutuo interés de los practicantes de budismo por dar a conocer al mundo los beneficios de su práctica, así como la curiosidad de los científicos por comprender y cuantificar dichos beneficios, han producido un intercambio luminoso que nos invita a un nuevo enfoque sobre la mente humana: un enfoque donde las emociones no sean descartadas, ni donde la razón tenga la última palabra.

 

 

* Imagen de portada: Lion’s Roar