Si le hablas a tu perro como si fuera un bebé, esto te interesa

Podría parecer absurdo pero, según la ciencia, hablar con nuestros perros en realidad es bueno para nuestra convivencia con ellos.

Tejer lazos fuertes con nuestro perro no es fácil, sobre todo porque tenemos lenguajes muy distintos. Mientras lo nuestro es el diálogo verbal, un perro apreciará mucho más que te comuniques con él a través del lenguaje corporal.

Pero eso no significa que el lenguaje hablado no tenga efecto sobre ellos. De hecho lo tiene, y mucho; por eso la cuestión está, como han sugerido diversas investigaciones recientes, en cómo le hablamos a nuestros canes.

El tono que usemos al hablar con nuestro perro es vital para estrechar lazos.

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Muchos le hablan a sus perros sólo por costumbre, para tratarlos como niños y mimarlos con palabras. Pero es importante que aprendamos a usar el lenguaje con ellos según lo que queramos comunicar, tal como lo haríamos con un humano. Esto no significa que humanicemos a los perros –un peligro latente que no es bueno para ellos–, pero sí que ampliemos las posibilidades comunicativas con ellos.

En un estudio llevado a cabo por la Universidad de Nueva York se comprobó, por ejemplo, que un tono de voz calmado y suave ayuda a los cachorros a entender mejor, lo que a su vez hace más fácil su entrenamiento. Por eso los expertos en conducta canina recomiendan utilizar conscientemente el llamado “discurso dirigido a perros”, es decir, aquello que le decimos a nuestro perro y que ha sido estudiado por los lingüistas, pero que nosotros solemos usar de manera espontánea.

Para ello, es importante conocer la historia de nuestro perro; por ejemplo, dependiendo de si tuvo algún trauma en el pasado, las voces agudas o graves le pueden afectar. Si fue maltratado por un hombre de voz grave no será buena idea hablarle nunca en dicho tono, ni siquiera para regañarlo. De hecho, cualquier rasgo autoritario en nuestro lenguaje verbal puede provocar miedo y no comprensión, aunque nuestro perro no tenga traumas de ningún tipo.

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Así que es mejor ahorrarse ese tipo de lenguaje verbal y optar por el lenguaje corporal correcto, al poner atención a lo que sepas que a tu perro le gusta (o le molesta). ¿Cómo saberlo? Prestando atención a su propio lenguaje, que aunque no lo creas, es bastante complejo.

Todo esto nos recuerda que una tarde cualquiera en la Ciudad de México, el a veces sórdido pero encantador escritor mexicano José Revueltas declamó un discurso a los perros callejeros de un parque, instándolos a hacer una especie de “revolución canina”.

Quizá deberíamos tener la sensibilidad de Revueltas para hablarle a los perros y la misma iniciativa para tomar en cuenta su procedencia y su personalidad, de manera que sepamos cómo dirigirnos a ellos con todo el respeto que se merecen.



El nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México en el nido de las aves de Texcoco

El lago de Texcoco da refugio a poblaciones de 100,000 o más aves acuáticas durante el invierno.

El nuevo aeropuerto de la Ciudad de México se pretende construir en el Lago de Texcoco, sitio privilegiado, ya que se encuentra en la Ruta Central de Migración de las Aves de Norte América y hogar de especies endémicas. 

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Fotografía: Iraquí Echeverria

México se encuentra en onceavo lugar en diversidad de aves a nivel mundial. Según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO, 2015) “se conocen 1,107 especies de aves, de las cuales 102 son especies endémicas.” Lo anterior, según Berlanga y colaboradores (2015), incentivó a que “en 1996 se designaran Áreas de Importancia para la Conservación de Aves en México (AICA) como una idea conjunta de la Sección Mexicana del Consejo Internacional para la Preservación de las aves (CIPAMEX) y BirdLife International.” 

La CONABIO establece que el Lago de Texcoco es considerado, desde el 2007, un AICA debido a que representa un área de 1700 ha. de lagos permanentes y 2000 de charcas someras estacionales que da refugio a poblaciones de 100,000 o más aves acuáticas durante el invierno, siendo el área más importante de hibernación de aves acuáticas del Valle de México (CONABIO, 2016). Actualmente se constituye por 5 lagos artificiales permanentes con aportes de agua de los ríos Xalapango, Coxcacoaco, Texcoco, San Bernardino y Churubusco, así como por aportes de aguas negras provenientes del dren de la Ciudad de México (CONABIO, 2004). Tan sólo en esta área se tienen registradas 250 especies de aves, que se encuentran designadas en diversas categorías según la Birdlife (2007) y la clasificación en México de 1999, tales como: especies amenazadas, en riesgo y que por lo menos, cuenta con el 1% de la población biogeográfica de una especie acuática congregatoria. 

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Lo anterior resalta cuando “el proyecto de la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México contempla su ubicación dentro del Lago de Texcoco que abarca los municipios de Texcoco y Atenco con una superficie de 4,431.1640 ha a tan sólo 14 km del actual aeropuerto” (GACM, 2014). Es decir, esta mega-infraestructura estará ubicada en el corazón del AICA de Texcoco causando sobresalto por los impactos ambientales a la zona.

Según la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) en la sección V sobre la Evaluación del Impacto Ambiental establece que  la realización de obras y actividades que puedan causar desequilibrio ecológico o rebasar los límites y condiciones establecidos en las disposiciones aplicables para proteger el ambiente y preservar y restaurar los ecosistemas deben estar sujetas a una evaluación de impacto ambiental,  por lo que los interesados deberán presentar a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) una manifestación de impacto ambiental (MIA)” (SEMARNAT, 2013).  La MIA, según la ley, deberá contener, por lo menos, “una descripción de los posibles efectos en el o los ecosistemas que pudieran ser afectados por la obra o actividad de que se trate, considerando el conjunto de los elementos que conforman dichos ecosistemas, así como las medidas preventivas, de mitigación y las demás necesarias para evitar y reducir al mínimo los efectos negativos sobre el ambiente” (SEMARNAT 2013).    

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En el 2014, se presentó la MIA del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México por parte del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México S. A. de C. V para cumplir con lo que establece la LGEEPA. Dicha MIA establece en su capítulo IV y V la descripción del sistema ambiental regional y el señalamiento de las tendencias de desarrollo y deterioro de la región, así como la identificación, caracterización y evaluación de los impactos ambientales. En estos capítulos describen el trabajo técnico que se realizó para declarar la situación actual de la flora y fauna que existe en el predio destinado para la construcción del megaproyecto aeroportuario, así como los impactos que dicho proyecto traerá para las especies que ahí habitan. Para el caso de las aves, se utilizó una metodología de muestreo que limita una obtención de registros más completa de la avifauna del lugar, además se omitieron los datos que la CONABIO registró y publicó para el Lago de Texcoco.

Según la MIA (GACM, 2014), en su página 190 del capítulo IV, el monitoreo de aves “se basa en la observación en un recorrido de 5 días en temporada de invierno con la técnica de recorrido en vehículo y a pie”. El resultado final del monitoreo fue de 74 especies con un total estimado de 65,594 individuos contabilizados en los cuerpos de agua del lago de Texcoco de las cuales únicamente fueron reportadas 4 especies con preocupación menor (GACM, 2014). Complementado su estudio con una revisión bibliográfica a la CONABIO, se expone una tabla comparativa de las especies que esta Comisión tiene identificadas y los datos encontrados en el monitoreo, señalando la estacionalidad de estas aves. Esta información es la base de los planes de mitigación de los efectos negativos de la construcción de la infraestructura y el impacto de la destrucción del hábitat, declarando, en el capítulo V  que “todas las especies de aves se encuentran ampliamente representadas en los demás cuerpos de agua cercanos, por lo que en el caso de desecar el cuerpo de agua, tanto las especies residentes como migratorias se distribuirían en cuerpos de agua cercanos como el Lago Nabor Carrillo, Laguna Recreativa, Laguna Churubusco, Xalapango y Laguna Facultativa, entre otros” (GACM, 2014). 

La realidad es que la magnitud del proyecto y la zona de impacto requieren de un muestreo más amplio.

En este contexto, se infiere que es importante considerar a cuatro AICAS como zonas de impacto local y regional para el análisis de aves: Lago de Texcoco, Ciénega de Tláhuac, Sur del Valle de México, Volcanes Iztaccihuatl- Popocatépetl, ya que hay especies residentes y migratorias de consideración. Para estas zonas la CONABIO registra 349 especies de las cuales, 233 tienen residencia en el territorio, 211 migran en invierno, 46 migran en verano y 29 son transitorias.

Además, hacer recorridos con un vehículo imposibilita el avistamiento de fauna, no sólo por la velocidad, sino por el ruido que genera, provocando el ausentamiento de especies.  La cantidad de días es insuficiente para poder obtener datos acerca de las especies que habitan en la zona, así como la época de muestreo y el polígono de investigación ya que representan sesgos informativos respecto a la diversidad biológica y a los impactos ambientales a nivel regional. 

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Asimismo, el listado de aves de la página 208 del muestreo con respecto a la información que tiene la CONABIO establecen la estacionalidad de las aves, en muchas especies, se tiene como indefinido, datos que sí tiene registro dicha Comisión. Aunado a eso evitan anotar la categoría de protección en que se encuentran dichas especies, esto último genera controversia al no reflejar claramente el estado de la población de las especies de las cuales ya se tiene una investigación previa. 

Según la NOM-059-SEMARNAT-2010 tres especies registradas en el lago se encuentran en la categoría de amenazadas (Botaurus lentiginosus, Rallus limícola, Geothlypis tolmiei). Las dos primeras especies residen en el centro del país, sobre todo en verano, temporalidad omitida en el muestreo. Debiendo incluir 4 especies más en esta categoría (Catharus frantzii, Tilmatura dupontii, Dendrortyx macroura y Picoides stricklandi), que se encuentran en las AICAs de la Ciénega de Tláhuac, Sur del Valle de México, Volcanes Iztaccihuatl- Popocatépetl; todas residentes del país y las dos últimas endémicas, es decir, sólo se distribuyen en México.

El AICA de Texcoco tiene 11 especies bajo la categoría de protección especial según la NOM 059-SEMARNAT-2010.  La lista aumenta a 19 especies registradas por la CONABIO que ya están en esta categoría dentro de las cuatro AICAs antes mencionadas. Hay que especificar que 10 de estas especies migran en invierno, 3 hacen migración en verano, 15 de ellas tienen periodo de residencia, de las cuales 8 no migran y una es transitoria.

Asimismo, se omiten los datos de endemismo de las especies, mismas que reflejan un alto grado de importancia para la conservación, es decir, son 56 especies a las cuales no se les asigna un plan especial para su protección.  Dentro de las cuatro AICAs, según los datos de la CONABIO, “existen 8 especies cuasiendémicas, 22 endémicas, 26 semiendémicas.” Tener especies endémicas reconoce la existencia de biomas únicos en México y que, además de exhibir la riqueza biodiversa del país, expone los retos de protección de los sistemas complejos que se forman por las relaciones de distintas especies que no se distribuyen en otro espacio territorial.

Los vacíos metodológicos que tiene la técnica de muestreo presente en la manifestación de impacto ambiental son claros. La omisión sobre las especies en alguna categoría de protección o endemismo y que serán afectadas negativamente directa e indirectamente con la construcción y puesta en marcha del aeropuerto son aspectos graves que deben ser señalados. 

Al mismo tiempo, argumentando que las especies se movilizarán o se encuentran ampliamente representadas en otros cuerpos de agua del territorio, buscan minimizar la importancia del área para las aves acuáticas migratorias. Lo anterior, no se explica con algún indicé que calcule capacidad de carga de los otros lagos para que las especies puedan subsistir o los efectos que esto tenga es decir, qué tanto el ecosistema puede soportar a los organismos y al mismo tiempo, mantener su productividad, adaptabilidad y capacidad de renovación hasta un límite determinado. 

En conclusión, la MIA presentada para el proyecto de la construcción del Aeropuerto de la Ciudad de México presenta vacíos metodológicos e informativos que son sustanciales para hacer un análisis completo del impacto que este proyecto puede tener a nivel ambiental. Según la SEMARNAT (2013), “el objetivo de la evaluación del impacto ambiental es la sustentabilidad, pero para que un proyecto sea sustentable debe considerar además de la factibilidad económica y el beneficio social, el aprovechamiento razonable de los recursos naturales”. Esta definición no contempla el respeto y protección a la biodiversidad que cohabita el territorio mexicano y que permiten que cada ser humano tenga uso de esos recursos, gracias al papel de cada especie, conceptualizadas económicamente como servicios ecosistémicos; dando pie a que se acepten manifestaciones carentes de información relevante y que la Secretaría se convierta en cómplice de los desastres ecológicos que estos megaproyectos ocasionan.

Estos vacíos que son responsabilidad de todos los actores (técnicos, Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, SEMARNAT) se interpretan como intencionales ya que los encargados de hacer la investigación técnica son especialistas en el área y, por lo tanto, pueden limitar la cantidad de información para generar sesgos, y al ser aprobados por la Secretaría provocan planes erróneos con graves consecuencias negativas para la biodiversidad. 

 

 

/ Referencias 

Berlanga, H., H. Gómez de Silva, V.M. Vargas-Canales, V. Rodríguez-Contreras, L.A. Sánchez-González, R. Ortega-Álvarez y R. Calderón-Parra. 2015. Aves de México: Lista actualizada de especies y nombres comunes. CONABIO. Ciudad de México, México. 122 pp.

Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. 2002. Criterios utilizados en la designación de AICAs. Recuperado el 03 de junio de 2017 desde http://conabioweb.conabio.gob.mx/aicas/doctos/criterios-aicas.html 

Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. 2004. Áreas de Importancia para la Conservación de Aves. Recuperado el 03 de junio de 2017 desde http://conabioweb.conabio.gob.mx/aicas/doctos/aicas.html

Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. 2015. Áreas de Importancia para la Conservación de Aves. Recuperado el 04 de junio de 2017 desde http://avesmx.conabio.gob.mx/AICA.html

Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. 2016. Convenio sobre la Diversidad Biológica. Recuperado desde http://www.biodiversidad.gob.mx/planeta/internacional/cbd.html 

Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México. 2014. Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México: Manifestación de Impacto Ambiental Modalidad Regional. MIA-15EM2014V0044

Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. 2013. Impacto ambiental y tipos. Recuperado desde http://www.semarnat.gob.mx/temas/gestion-ambiental/impacto-ambiental-y-tipos/definicion-y-objetivo



¿Existieron universos antes que el nuestro? Nueva evidencia apunta a que sí

Estaríamos hablando de un hipotético “eterno retorno” cósmico.

Según una nueva teoría publicada en New Scientist, nuestro universo no ha sido el único ni el primero en existir. Lo que ha llevado a pensar esto a los científicos no es, en primera instancia, una gran investigación ni una suerte de experimento físico. En realidad han planteado la hipótesis a partir de la más tradicional forma de indagación cósmica: el avistamiento.

Con el telescopio BICEP2 los científicos han podido avistar extraños patrones en espiral, llamados “puntos de Hawking”, que podrían ser el rastro dejado por agujeros negros sobrevivientes al Big Bang. Esto significaría que el Big Bang no habría sido un fenómeno único, sino un suceso que ha ocurrido muchas veces y que volverá a ocurrir.

Nuestro universo sería producto de uno de tantos Big Bangs que han acontecido (y acontecerán).

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Roger Penrose, un físico matemático de la University of Oxford, es quien ha planteado esta posibilidad eónica cósmica, en la cual habría ciclos donde la muerte de un universo da paso a uno nuevo.

Según la teoría de este investigador, denominada conformal cyclic cosmology, la vida y muerte de cada universo estaría determinada por procesos cíclicos de Big Bangs y comprensiones: una suerte de “eterno retorno” cósmico.

No obstante, la destrucción de un universo no tendría que ser total, según la evidencia. Penrose y su equipo creen que cierta radiación electromagnética podría sobrevivir a un Big Bang determinado, pasando así de un universo a otro.

Esa radiación provendría de los “puntos de Hakwing”, cuyos primeros avistamientos han sido posibles gracias al telescopio BICEP2, y que fueron nombrados en honor a Stephen Hawking, quien fue el primero en teorizar sobre ellos.

Estos puntos son remanentes de agujeros negros que, según Penrose, podrían ser el resquicio de otros tiempos cósmicos.

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Según las teorías del propio Hawking –quien, curiosamente, creía que antes del Big Bang nada había existido– esta radiación producto de los puntos debería aparecer en el calor remanente del Big Bang en el universo: una capa de energía conocida como cosmic microwave background (CMB). Pero aún se desconoce por qué sucedería esto.

Se ha planteado que los puntos podrían formarse debido a ondas gravitacionales o a polvo interestelar, pero Penrose y su equipo creen que su formación podría tener que ver con los ciclos cósmicos.

Según Penrose, los puntos de Hawking estarían en el CMB debido a una concentración causada por la compresión del hipotético agujero negro, debida al conformal cyclic cosmology. Ese punto sería lo que quedaría de la comprensión del universo entero tras el Big Bang.

No obstante lo fascinante de esta teoría, aún cabría explicar cómo puede haber una paulatina compresión del universo cuando la evidencia científica apunta a que hay, más bien, una expansión constante desde el Big Bang.

Pero fantaseando de más, probablemente estemos ante una especie de principio resiliente del universo: una necesaria limpia que realizaría el cosmos cada miles de millones de años.

*Imágenes: 1) Jurik Peter; 2) Courtney Brooke