Sentir placer y ser feliz depende del contacto humano (nuestro cerebro así lo determina)

Los placeres derivan en aislamientos y adicciones cuando no se comparten y no se varían. Por eso, el contacto y el cambio son claves para la felicidad.

La felicidad no depende de obtener placer de manera exacerbaba y frecuente. Si así fuera, ser felices requeriría sólo de provocarnos orgasmos cada 5 minutos, comer comida deliciosa o fumar compulsivamente, todas las cuales son acciones que liberan químicos ligados al placer y la felicidad.

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Caitlin Worthington

Pero no es tan sencillo. El placer es una dinámica que, como toda forma de experimentar la vida, se corrompe si se vuelve permanente o se intenta acumular. Ningún ser vivo puede estar en un mismo estado indefinidamente: necesitamos de la variabilidad para que las cosas tengan sentido, y más aún, para preservar la vida.

Esto se puede explicar desde un enfoque evolucionista o, si se quiere, desde el más sutil acto de supervivencia: alimentarse. Comer es una acción de la cual dependemos y en la cual la mayoría no piensa todo el tiempo, sino sólo en aquel momento en el que el cerebro activa paulatinamente la sensación de hambre.

Cuando llega el momento de satisfacer el hambre, sin duda es algo delicioso; pero, precisamente, no sería tan delicioso si no sintiésemos hambre.

La comida deja de ser un placer para quienes son adictos a ella, pues lo que activa la compulsión por la comida no es un mecanismo normal del cerebro, sino uno derivado de trastornos afectivos. Por eso, los trastornos alimenticios y otras adicciones devienen en depresión y aislamiento, lo que a su vez detona una búsqueda desesperada por conseguir placer.

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Courtney Brooke

Por eso, Morten Kringelbach, neurocientífico y profesor del departamento de psiquiatría en la Universidad de Oxford, explicó en una entrevista para Aeon la correlación –a nivel cerebral– de las dos definiciones que Aristóteles dio al placer, pues éstas siguen siendo vigentes.

El placer, según la definición aristotélica, puede ser simplemente “placer” (hedonia) o ser “florecimiento humano” (eudaimonía).

A nivel neuronal, el placer por el placer sería la hedonia: imperfecciones en los mecanismos del cerebro, que lo hacen susceptible a las adicciones y fijaciones. La eudaimonía correspondería más bien a un cerebro que funciona correctamente.

¿Pero qué lleva a funcionar bien al cerebro y a no caer en el círculo vicioso de las adicciones?

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La conclusión de Kringelbach es que las llaves de un cerebro libre de adicciones y depresión están en el contacto humano, es decir, en compartir con los demás placeres como el sexo, la comida u otras recreaciones vitales –lo que a nivel evolutivo es esencial para la permanencia de la especie–. E igual de importante –y de natural– es variar esos placeres, pues de otra forma surge una fijación inusual por una sola forma de placer, y ahí es cuando el cerebro comienza a fallar.

Entender esto puede ser vital para que comencemos a curar nuestras afectadas psiques, no sólo con medicamentos o terapias, sino con una cabal comprensión de qué las provoca. Por eso no hay mejor simbiosis que la de la filosofía y la neurociencia, si queremos re-evolucionar nuestra conciencia.



¿Procrastinando? Toma estas clases de felicidad online gratuitas, cortesía de Yale

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¿Qué podría ser más importante que educar la felicidad? Si aspiramos a ser felices, buscamos a la vez un conocimiento holístico del mundo y de nosotros mismos como parte de él: una sabiduría quizá resiliente que nos abra algunas puertas rumbo al goce, en un mundo por demás complejo y donde eso parece imposible.

Por ello es una bocanada de aire fresco que la felicidad se esté convirtiendo en una materia de estudio, como de hecho ya sucede en la India gracias a una propuesta del Dalái Lama. Porque, en la actualidad, aprender a ser feliz debería ser una prioridad.

Quizá es por eso que el curso de felicidad de la Universidad de Yale ha tenido tanto éxito, y en este semestre cuenta con más de mil estudiantes.

La psicóloga Laurie Santos es la encargada de esta clase de 10 semanas, que ahora forma parte de los cursos en línea de la plataforma Coursera y de su seminario dedicado a la “ciencia del bienestar”.

En las sesiones de Santos hay una infinidad de buenos hacks para llevar adelante una praxis de la felicidad en estos tiempos donde abundan elementos que atentan contra ello y una especie de depresión masiva se apodera de todos nosotros.

Así que puedes reconciliar todo el rigor académico con la conectividad social y la satisfacción personal. Gradúate en ciencias del bienestar con Laurie Santos.

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¿Puede haber una sobredosis de felicidad? La ciencia dice que sí

Nos enfrentamos continuamente a la necesidad de darle sentido a la vida y ser felices; pero en el camino, ¿es posible hacerse adicto a la felicidad?

Existen muchas formas inmediatas y en fast track para alcanzar la felicidad momentánea. La filosofía diría que se trata más bien de hedonismo, pues según las grandes mentes de la historia, la felicidad verdadera reside en sostener principios como la prosperidad, la virtud, la excelencia y la reputación. La psicología, en cambio, dirá que la felicidad es un estado mental de bienestar, relacionado con un sentido de pertenencia y satisfacción con la propia vida; ya sea que se sienta como algo momentáneo, o ligero y fugaz, se trata de un estado del ser. 

Y aunque nadie tiene la certeza de qué es la felicidad o si de verdad existe, hay quienes han optado por darse, literalmente, descargas de felicidad para lograr la plenitud.

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Y no, no estamos hablando de drogas, sino de un tratamiento que consiste en implantar electrodos en el cerebro para estimular sus reacciones. Este novedoso método de la neurociencia está siendo utilizado principalmente para tratar enfermedades como el Parkinson; sin embargo, estudios recientes han probado que es una opción para quienes padecen depresión crónica. 

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En nuestra época, la depresión se ha convertido en una realidad global. Mientras que algunas personas han decidido tratarla con medicamentos y terapias, otras han optado por elegir tratamientos naturales para la psique, como los remedios naturales, los baños de bosque, o incluso la meditación. Hoy, sumado a estas grandes alternativas, está la estimulación cerebral profunda.

 

¿Estimulación cerebral para ser feliz?

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Actualmente existe un procedimiento que genera felicidad, o al menos aumenta la sensación de euforia sin fármacos. La estimulación cerebral profunda es una práctica que ha probado su eficacia para tratar trastornos psiquiátricos secundarios, como la depresión y el trastorno obsesivo-compulsivo.

El procedimiento consiste en colocar electrodos en el cerebro que mandan señales al sistema de recompensa, lo cual puede aumentar o disminuir la sensación de euforia.

“Los pacientes saben que no les he dado nada, pero que han eliminado algo que los molestaba”, dijo Helen Mayberg, la creadora del método; “es como tener un pie en el acelerador y un pie en el freno al mismo tiempo y, luego, levantar el pie del freno. Ahora puedes moverte”.

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El desafío que el procedimiento ha generado es saber la cantidad de voltios necesarios para cada paciente, ya que se ha encontrado que puede causar adicción. Y tener un exceso de euforia puede resultar en lo mismo que estar deprimido, pues se elevan los niveles de ansiedad. Esto, además, plantea un dilema ético:

¿Quién decide cuál debería ser el nivel: los doctores o la persona cuyo cerebro está a prueba?

Imagina que llevas deprimido 30 años. Comienzas el tratamiento y de repente te interesa todo, vuelves a tu vida. Los síntomas desaparecen y cambias mucho en muy poco tiempo. En general, este cambio es tan radical que puede producir una sensación de amenaza. Daamian Denys, investigador de la Universidad de Ámsterdam, afirma: 

La estimulación ha de ser continua y así el ánimo de la persona se mantiene perfectamente. Si se detiene, el paciente recae en la enfermedad.

Quizás la ciencia ofrece una opción más para ayudar a los pacientes con depresión, pero como ya se sabe, la depresión no es algo que se pueda resolver de la noche a la mañana. Es una actitud; es como el problema del sentido de la vida al que te enfrentas continuamente.

¿Cómo nutres tu actitud ante la vida?