Cómo desaparecer por completo de la Red (y no ser encontrado jamás)

Si estás listo para dar este gran paso, con esta guía puedes eliminar tu existencia por completo.

Sabemos que Internet no es el lugar donde podamos gozar de mayor privacidad. Al contrario: el mundo digital ha demostrado tener tantas ventajas como riesgos para tu seguridad personal, pues el espionaje y la vigilancia ya son prácticas cotidianas por parte de cientos de empresas y gobiernos.

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Arte: Andy Denzler

Lo bueno es que podemos reiniciar nuestra vida en Internet borrando las cuentas (o nuestras huellas digitales) de esta red mundial. No es tan sencillo, y si has sido un usuario muy activo en redes sociales u otros portales podría complicarse un poco. Pero es posible hacerlo (y saberlo es muy buena noticia).

Sólo asegúrate antes de hacer copias de seguridad de todo aquello que quieras conservar y, ahora sí: date a la fuga de Internet.

 

Primero debes hacer memoria: ¿qué servicios web usas?

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Redes sociales, buscadores, correos, plataformas para llamadas y todo portal importante donde tengas una cuenta. Cada uno requerirá que llenes un formulario de eliminación individual para poder borrar la cuenta en cuestión; por eso es importante que no olvides ninguno. Por ejemplo, si creaste una cuenta en YouTube, es probable que una sola imagen de tu canal se filtre en los buscadores de Internet. 

 

Buscadores

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Arte: Andy Denzler

Quizá lo más importante para erradicar toda huella de tu paso por Internet son los buscadores, pues éstos guardan mucha información sobre ti y las páginas donde has interactuado. Búscate a través de todos los nombres de usuario que hayas podido usar, números de seguridad social o Hacienda, o cualquier otro tipo de información para dar contigo en otras plataformas.

Si quieres asegurarte de no dejar ninguna cuenta sin borrar detrás, puedes usar servicios para encontrar las páginas web en las que te hayas registrado. Entre estos buscadores de identidad virtual están YoName, AccountKiller, Wink People SearchSkipease, Pipl y Zoominfo.

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Ejemplo de buscador de cuentas online

Luego, procede a borrar cuenta por cuenta, quirúrgicamente.

Toda cuenta puede ser cancelada o borrada. Estos son ejemplos de cómo hacerlo en las páginas más comunes:

Google

En el caso de Google, tendrás que entrar al perfil y acceder a la configuración de la cuenta. Da clic en tu foto de perfil y luego otro clic en “eliminar tu cuenta o determinados servicios”.

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Facebook

En esta red social, la configuración está en la barra superior a la izquierda. Dale clic a “administrar cuenta”, luego ve a “editar” y luego a “desactivar tu cuenta de Facebook”. Y listo: jamás habrás pasado por esta red social.

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Twitter

En el menú de configuración verás un botón de “cuenta”, donde la última opción es “desactiva tu cuenta”. Unos pocos clics más y Twitter no sabrá más de ti.

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Cancelar suscripciones virtuales

También es importante que canceles las suscripciones a boletines de cualquier tipo (anuncios, noticias, promociones). Eso lo puedes hacer directamente en tus cuentas de correo, abriendo los mails de las suscripciones y cancelándolas.

También puedes hacer esto en todas las páginas que hayas usado alguna vez. Por supuesto, si subiste contenido creativo a páginas a las cuales no tienes acceso, y el contenido además ha sido compartido por otros, será imposible que no haya nada sobre ti en Internet. Puedes pedir a Google que retire toda información confidencial, pero las fotografías, los textos u otros contenidos en páginas web sólo podrán ser borradas si contactas directamente con los administradores de la página en cuestión.

No obstante, todo lo que concierne a tu propio uso de Internet ya no será objeto de algoritmos comerciales ni espionaje alguno, lo cual sin duda será un alivio.

 

Vaciar caché

Finalmente, no está de más vaciar la caché de tu navegador, pues es ahí donde se almacenan pequeños datos o información de tus búsquedas, para hacerlas más ágiles. Si estamos seguros de no querer dejar huella alguna en el mundo digital, optemos por borrar esta memoria. Asegúrate de realizar este paso también en tu móvil. 

 

Usuario fantasma

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Arte: Andy Denzler

Si hasta aquí lo has logrado bien, pero deseas seguir usando Internet sin que nadie rastree tu perfil o ubicación, puedes hacerlo utilizando buscadores seguros y/o instalando plug-ins como el de Ghostery, para bloquear cualquier tipo de rastreador de información. 

Así, habrás desaparecido cualquier indicio de que alguna vez usaste Internet. ¡Enhorabuena!



La atención es nuestro puente con el mundo

La economía de la atención gana millones robando nuestra atención, pero, ¿cómo podemos recuperarla para alcanzar nuestros objetivos?

Nuestras capacidades cognitivas son nuestro puente con el mundo. Son aquella habilidad que nos permite conocerlo, pero también inteligirlo, memorizarlo y nombrarlo. Más aún: son un aspecto esencial de la conciencia humana.

¿Qué tan importantes no serán estas capacidades, que en la actualidad son explotadas por otros?

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La información se ha vuelto una mercancía. Y para poder competir, las grandes industrias de todo tipo –pero sobre todo las industrias techtienen que lograr captar nuestra atención, vendiéndonos cierto tipo de información. Lo único que quieren es que demos click y que nos quedemos viendo un video por más de tres segundos. O en el caso de la publicidad, nos siguen bombardeando con mensajes irrisorios y cacofonías estridentes.

Cada dos días es generada más información de lo que se generó en toda la historia de la humanidad antes de 2003

Lo malo –para las industrias y para nosotros– es que hemos entrado en un circulo vicioso. Mientras más atención nos exigen, menos atención somos capaces de prestar. La demanda por atención nos aletarga, y por eso hoy son usadas insólitas formas para explotar nuestras capacidades cognitivas. Para ello se utilizan todo tipo de recursos: psicológicos, neurológicos, de programación y de diseño.

¿A que grado se está viendo comprometida nuestra atención?

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Tenemos distintas formas de prestar atención. Estas se producen en los dos hemisferios del cerebro: en el hemisferio izquierdo está la atención más analítica, mientras que en el derecho está una atención más enfocada a la exploración sensorial. Estas capacidades se complementan: el hemisferio izquierdo es el que le da una representación a la totalidad captada por el hemisferio derecho.

De alguna manera, la atención del hemisferio derecho, que es la más libre, la que no se “engancha”, sino que se mantiene al tanto de todo, es aquella que se está viendo más comprometida debido a la economía de la atención. Porque la atención que reclama el Internet, las redes sociales y los servicios de entretenimiento, es una atención inmediatista, de gratificaciones al instante. Apaga nuestra modalidad de exploración y nos engancha a una sola cosa: a las pantallas.

¿A qué quieres prestar atención?

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Pero la atención en realidad es una experiencia, no sólo un recurso. Y es una capacidad que nos permite encontrar nuestros intereses y llevar a cabo nuestros propios objetivos. Por eso es urgente que dejemos las pantallas y volvamos a explorar al mundo y a nosotros mismos con él. Quizá la pregunta más pertinente sea: a qué queremos prestarle atención… ¿Lo habías pensado?

Si quieres dejar de ser explotado por la economía de la atención, ya existen algunas propuestas, como el minimalismo digital, que sirven como modelos para tener una vida menos tecnológica y más orgánica. A esto se suman prácticas que podemos adoptar, como la meditación mindfulness, el hacer de la comida un ritual de principio a fin –y dejar de comer frente a las pantallas comida rápida–, o incluso prácticas sin una finalidad aparente, como salir a dar una caminata.

Así podremos conquistar nuevamente nuestra atención consciente y enfocarla en lo que verdaderamente importa.

Imágenes: Piero Fornasetti



Una pequeña variación en este número podría revolucionar la física (y la realidad) como la conocemos

Una constante con la que los científicos se han topado a lo largo de la historia podría demostrar que la naturaleza también evoluciona a través del tiempo.

Para las ciencias exactas, las constantes representan valores confiables para entender el mundo a nuestro alrededor. La velocidad de la luz, la aceleración con la que la gravedad terrestre atrae los cuerpos en caída libre y muchos otros aspectos de la naturaleza se consideran invariables a través del tiempo.

¿Pero cómo podemos estar seguros de que la naturaleza no cambia? O dicho de otra manera, ¿cómo sabemos que una constante no evoluciona a través del tiempo?

Una de las constantes más misteriosas de la ciencia aparece en los cálculos astronómicos, en el funcionamiento de la química e incluso en la manera en que los átomos se forman. Es un número con el que científicos de diversas disciplinas se topan una y otra vez a lo largo de la historia: 1/137. Descrito por el radical físico Richard Feynman como “uno de los misterios malditos más grandes de la física: un número mágico que aparece sin que podamos entenderlo”, este número aparece en áreas como la relatividad, el electromagnetismo y la mecánica cuántica.

La Constante de Estructura Fina del Universo, también conocida como constante de Sommerfeld, es una constante que caracteriza la interacción electromagnética entre las partículas elementales cargadas. La importancia de esta constante, representada por la letra griega “alpha” (α), es que dependiendo de su valor es posible descartar o no la existencia de una estructura interna del electrón. Se compone de tres constantes: la velocidad de la luz, la carga electromagnética de un electrón y la constante de Planck. 

Por ejemplo, durante mucho tiempo se creyó que los neutrones, protones y electrones eran las partículas elementales de la materia. Pero tiempo después se descubrió que los protones y neutrones aún pueden descomponerse en elementos más pequeños, llamados quarks.

Actualmente los científicos creen que los electrones sí son partículas elementales y en esa suposición se basa el Modelo Estándar de la física de partículas elementales, la física mediante la que nos explicamos la mayor parte de los fenómenos macroscópicos a nuestro alrededor. Pero si la constante alpha presentara variaciones, significaría que la física tal y como la conocemos podría dar un giro inesperado.

El pasado 13 de abril, se realizó la medición más precisa de esta constante por científicos de la Universidad de Berkeley, California. Por primera vez se utilizaron pulsos láser en lugar de cálculos indirectos para llevarla a cabo. Los resultados confirmaron que partículas hipotéticas que habían sido nombradas como “fotones oscuros” en realidad no existen.

Si la medición hubiera revelado la existencia de los fotones oscuros, el electrón hubiera dejado de considerarse una partícula elemental, revolucionando por completo la física. Debido a la importancia de esta constante, los científicos no han dejado de realizar pruebas para encontrar variantes en su comportamiento.

Este mismo año entró en operaciones ESPRESSO (por sus siglas en inglés Echelle Spectrograph for Rocky Exoplanet and Stable Spectroscopic Observations), un instrumento instalado en el Observatorio Astronómico de Paranal con la capacidad de medir velocidades radiales con una precisión de 10 cm/s.

ESPRESSO también es capaz de medir variaciones en escalas de giga años (una unidad de tiempo equivalente a mil millones de años) de algunas constantes físicas, como la Constante de Estructura fina del Universo o la relación de masas entre el protón y el electrón.

Los encargados del programa esperan que para 2019, ESPRESSO revele información inesperada que podría revolucionar toda nuestra concepción del universo.

Imagen principal: Richard Feynman en acción