Es bien sabido que el combustóleo es una carga pesada para México. De cada barril de crudo que se refina en el país cerca de un 30% termina como combustóleo, es decir, un combustible pesado, tóxico y con un alto nivel de azufre. Este producto final no tiene mercado estable, por lo tanto, Pemex pierde dinero cada vez que procesa un barril de petróleo. Considerado como un combustible poco puro, el país se ha concentrado en utilizarlo como generador de energía.

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Aunque el gas natural de alguna manera es menos contaminante y se usa mejor, la apuesta del gobierno actual por usar al máximo los productos nacionales bajo la bandera de la “soberanía energética” obliga a que el combustóleo sea vigente.

 

El uso ineficiente del combustóleo

El plan de energía sostiene que se debe “aprovechar al máximo el combustible para la generación eléctrica”; el problema es que nunca se ha dicho cómo. Las refinerías del país son antiguas y el crudo no se procesa eficientemente. El resultado: combustóleo en exceso (el cual contamina) y poco petróleo puro. Entonces, ¿cuál es realmente el beneficio? A pesar de que Manuel Bartlett, jefe de la CFE, declaró en una entrevista para Reuters que la compañía está comprometida a usar energía más limpia, aseguró que “no puede hacerlo de un día para otro”.

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El problema es que no hay un acercamiento para siquiera disminuir la producción de este material, mucho menos para eliminarlo. Prueba de ello son las recientes violaciones en la planta termoeléctrica de Tula, al norte de la CDMX. En una investigación realizada por Reuters se señaló que al menos durante 4 años la central de Tula, siendo una de las centrales eléctricas más grandes de México, violó el límite legal de la cantidad de azufre en el combustible quemado entre 2016 y 2019.

En total, se superó el 3.9% de emisiones, siendo el 2% el límite permitido establecido por la Comisión Reguladora de Energía de México. La CFE realizó (y posiblemente continúe haciéndolo) la quema de combustóleo generando emisiones de dióxido de azufre.

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Los riesgos  para la salud humana y ambiental

Reuters mostró que esta planta operada por la CFE es ahora una de las centrales eléctricas más contaminantes de América del Norte. Con un 30% más de emisiones, ya superó a la eléctrica de carbón Shawnee de Estados Unidos.

De acuerdo con el científico Mario Molina, coganador del Premio Nobel de Química en 1995, las emisiones de la planta pueden llegar a más de 20 millones de habitantes y esto implica un riesgo profundo para la salud humana. La quema de combustóleo implica un alto contenido de azufre sin filtros. Por lo tanto, se liberan cantidades masivas de partículas y gases tóxicos al aire que, según señalan diversos estudios científicos, pueden provocar el desarrollo de enfermedades respiratorias y algunos tipos de cáncer.

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La propuesta de Molina es prohibir el uso de combustóleo, ¿pero qué se hará con él? Habría que reformar la manera de producir energía y, de acuerdo con Bartlett, la CFE no está lista para hacer ese cambio. Mientras el debate sobre este combustible continúa, las cinco chimeneas de la planta de Tula emiten un constante humo gris, además de acompañarse de la segunda refinería más grande de Pemex, la cual produce la mayor cantidad de combustóleo.

Las emisiones de la planta iniciaron desde mucho antes, pero hoy prevalecen intactas e incluso se fortalecen. La dependencia a los combustibles fósiles aumenta, mientras el resto del mundo reclama la transformación a fuentes renovables. México se enfrenta a un panorama complejo tras alejarse de las importaciones extranjeras de combustible y priorizar los suministros nacionales. El siguiente paso será definitivo. ¿Será posible una prohibición o una inversión para lograr una mejor energía?

 

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