Para construir las ciudades del futuro debemos dejar atrás los automóviles

La dependencia a los automóviles privados es un obstáculo que debe ser superado mediante tecnologías no contaminantes y cambios en la urbanización.

En el corazón de Silicon Valley, en California, se encuentra El Camino Real, una de las avenidas comerciales más antiguas del oeste de Estados Unidos. Pero en los 75 kilómetros de El Camino Real hay muy poco espacio destinado al desarrollo residencial, situación que contrasta con la crisis de bienes raíces por la que atraviesa Silicon Valley. La mayoría de los terrenos están ocupados por edificios comerciales de uno o dos pisos, y cientos de personas tienen que desplazarse diariamente a trabajar en oficinas como las de Google, creando tráfico y contaminación.

El arquitecto y diseñador urbano Peter Calthorpe propone un ejercicio de imaginación: El Camino podría estar rodeado de edificios residenciales de tres a cinco pisos cada uno, con locales comerciales al nivel de la calle. Con esto podrían construirse 250,000 nuevos hogares en El Camino, lo cual ofrecería una solución a la escasez de viviendas en Silicon Valley, lo que mejoraría el aspecto del lugar y además reduciría las emisiones de carbono y el consumo de agua.

 

Ciudades con transporte autónomo, no privado

De acuerdo con la visión de Calthorpe, las ciudades del futuro no segregarán el trabajo del hogar y las áreas comerciales, y las personas no dependerán de los automóviles para moverse entre un espacio y otro. Tampoco habrá segregación de edad, poder adquisitivo y raza, como sucede en las expansiones urbanas actuales, especialmente en Estados Unidos.

El problema que se debe atacar es, de acuerdo con Calthorpe, la desconexión del entorno:

El problema del diseño urbano es que está destinado a los automóviles. (…) Es como si no existiera una opción, como si la única forma de moverse en una ciudad fueran los automóviles. Y, he aquí, la gente está usando demasiado sus autos: demasiado para el ambiente, para sus bolsillos, para la circulación, para el tiempo de las personas. Desde cualquier perspectiva, el uso excesivo del automóvil es algo negativo. No caminar es una receta para la obesidad. La calidad del aire influye en las enfermedades respiratorias.

En este El Camino imaginado, la gente volvería a recorrer las calles a pie, los niños caminarían a la escuela y los adultos al trabajo y a las tiendas. O podrían abordar un transporte público que recorrería toda la avenida de un extremo al otro. Este transporte público consistiría en una serie de vagones automatizados, sin chofer; una aplicación agruparía a los pasajeros según su destino, con el fin de minimizar el número de veces que cada vagón deberá detenerse.

Sin embargo, Calthorpe tampoco cree que los vehículos no tripulados resuelvan los problemas de transporte. Al contrario: los vehículos autónomos privados podrían agravar los problemas de contaminación y congestión vehicular. Por ello propone la alternativa de socializar el transporte e invertir menos espacio urbano en estacionamientos, como parte del New Urbanism.

Mucha de la tecnología capaz de hacer posibles estas innovaciones está siendo desarrollada precisamente en Silicon Valley, así que no sorprendería que sus beneficios (y posibles efectos inesperados) aparecieran primero en dicha franja.

 

* Imagen principal: The NYT



¿Por qué los hijos de la élite de Silicon Valley estudian en colegios sin pantallas?

Los contratos de las niñeras suelen incluir cláusulas que les impiden revisar sus propios teléfonos durante las horas de trabajo.

Silicon Valley es una zona al sur de la Bahía de San Francisco, en Palo Alto, California, Estados Unidos. Su nombre se asocia comúnmente con los gigantes de la tecnología digital: compañías como Google, Apple y Microsoft tienen sus oficinas ahí, y la vida del lugar está sumamente relacionada con la tecnología. Aunque de una forma muy inesperada.

Y es que mientras sus padres y madres crean la vanguardia de aplicaciones y dispositivos que el resto del mundo usa diariamente, los hijos e hijas asisten a colegios sin pantallas. No hay computadoras, ni tablets, ni teléfonos móviles hasta la secundaria. Vaya, no hay ni siquiera calculadoras, sino sencillos ábacos de madera.

El periodista Pablo Guimón ha explorado muy de cerca esta tendencia en la crianza de los “gurús digitales” en colegios como el Waldorf of Peninsula, cuya matrícula anual asciende a 30,000 dólares. En instituciones privadas como esta, el comité de padres de familia suele estar integrado por ingenieros o programadores que son sumamente estrictos sobre el tiempo de pantalla de sus hijos. 

Pierre Laurent es ingeniero informático y padre de tres hijos, además de presidente del patronato del Waldorf. En sus propias palabras: “Lo que detona el aprendizaje es la emoción, y son los humanos los que producen esa emoción, no las máquinas”.

Según su razonamiento, los niños deben aprender a dibujar un círculo a mano antes de utilizar un programa que lo haga por ellos. Nada de talleres de programación y robótica para estos niños, sino huertos, carpintería y actividades manuales estrictamente análogas.

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Otros pioneros informáticos como Bill Gates o Steve Jobs no permitían pantallas en la mesa, y sus hijos recibieron dispositivos electrónicos hasta cumplir los 14 años

 

¿Pero por qué los adultos que crean la tecnología de punta quieren a sus hijos alejados de ella?

Probablemente sea hipócrita, pero también tiene mucho sentido: las apps y dispositivos no están diseñados para promover la educación y el conocimiento, sino para darle al usuario motivos para que permanezca mirando la pantalla el mayor tiempo posible. Facebook y Google no cobran a los usuarios por sus servicios, pero eso no quiere decir que no ganen dinero por el uso que les damos.

Muchas métricas relacionadas a la publicidad y el marketing digital están asociadas al tiempo de permanencia del usuario en determinada página: ese es el tiempo en el cual se pueden recoger datos personales, ofrecerle anuncios y convertirlos en información.

En otras palabras, como reza un adagio digital, “cuando un producto es gratis, el producto eres tú”.

A decir de Laurent:

el objetivo hoy es que el usuario pase más tiempo en la aplicación, para poder recoger más datos o poner más anuncios. Es decir, la razón de ser de la aplicación es que el usuario pase el mayor tiempo posible ante la pantalla. Están diseñadas para eso.

Curiosamente, los niños de las clases económicamente privilegiadas son quienes menos tiempo pasan frente a pantallas: una media de casi 2 horas (en 2017), comparado con las 4 horas que los niños de clase baja pasan online. En países como Estados Unidos, las poblaciones afroamericanas y latinas son quienes pasan más tiempo en línea.

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¿Creatividad y privacidad para niños ricos, robots y vigilancia para niños pobres? (Imagen: El País)

Existen estudios que relacionan el acceso temprano a dispositivos digitales con dificultades de atención y aprendizaje. La Academia Americana de Pediatría recomendó en 2016 evitar que los menores de 2 años usen pantallas, además de supervisar y limitar los contenidos que ven los niños a partir de entonces, sin exceder nunca las 2 horas diarias de “contenidos educativos y de calidad”.

 

¿Dónde están las fronteras digitales?

Los padres y madres pueden limitar el acceso a la tecnología con la que sus hijos interactúan, ¿pero tienen el derecho de limitar el acceso de la gente que trabaja con ellos? Syma Latif, directora de una agencia de niñeras que atiende a familias “de alto perfil” en la zona de Silicon Valley, afirma que son comunes los contratos que especifican que las niñeras no pueden mirar sus propios celulares mientras están con los niños.

Latif puede comprender ambas posturas: por un lado, los padres necesitan confiar en que la niñera no va a descuidar a los niños por estar en el celular; por otro, ¿qué pasa si la niñera tiene una emergencia con su propia familia, un familiar enfermo, o qué ocurre simplemente con el derecho al ocio en sus ratos libres? 

Aunque ejecutivos como Laurent entienden bien que los resultados de estas experiencias de crianza no serán visibles sino hasta dentro de algunos años, resulta interesante conocer hasta qué punto la gente que diseña los dispositivos de vigilancia que minan nuestra privacidad están, a su vez, muy preocupados por que sus hijos no sean víctimas de ella.

Un antiguo adagio del poeta Juvenal puede resumir esta contradicción propia de la era digital:

“¿Quién vigila a los vigilantes?”.



4 estrategias económicas para un urbanismo saludable

Especialistas en desarrollo urbano comparten 4 valiosas lecciones para un óptimo urbanismo.

En 1949, el 8 de noviembre fue declarado por la ONU como el Día Mundial del Urbanismo. A partir de esta fecha múltiples universidades del mundo crearon licenciaturas y posgrados enfocados al estudio sobre el mejoramiento de las ciudades. Actualmente más de la mitad de la población mundial vive en centros urbanos, y se calcula que en el 2030 al menos 6,000 millones de personas vivirán en urbes.

De acuerdo a la estadística anterior, sobra decir que el desarrollo de las ciudades es crucial para el futuro de la humanidad. Además de los aspectos básicos del urbanismo, tales como la arquitectura y la planeación territorial, la economía resulta elemental para garantizar una calidad de vida deseable. 

En una participación que tuvieron en el Skoll World Forum, los especialistas en urbanismo Jonathan K. Law y Shaina Doar, compartieron las grandes lecciones que toda ciudad debiese considerar en la búsqueda de un funcionamiento integral y equilibrado. 

Las ciudades serán el centro de atención de los problemas sociales, pues la mayoría estarán ubicados en estos lugares. El futuro urbano dependerá de múltiples factores pero sin duda el económico es el que asegurará un lugar dentro de las oportunidades de proyectos de vida. 

Sus recomendaciones son las siguientes:

  1. Identificar las vocaciones económicas de cada ciudad: con el tiempo cambian las tendencias productivas de las urbes. Es necesario ubicarlas y potencializarlas mediante la cooperación de todos los sectores: público, emprendedores sociales y privado.

  1. Conectar al capital humano con los empleadores: Es necesaria la implementación de estrategias para que los empleadores localicen y aprovechen a las mejores mentes de acuerdo con sus necesidades productivas.

  1. Atraer inversión y talento: Es importante elaborar un plan de largo plazo para atraer inversiones y talentos. Una especie de rejuvenecimiento de las ciudades.

  1. Crear la infraestructura correcta: los distintos sectores de la ciudad deberán unirse para generar la infraestructura de acuerdo a sus respectivas necesidades: sector público, privado y social.