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CINE

Una cruda película sobre la distópica vida de las trabajadoras sexuales en Japón

Bajo la pretensión de legalizar la prostitución por el bienestar social, las trabajadoras sexuales en Japón siguen viviendo una realidad distópica. Esta actividad (principalmente disfrutada por hombres) se mira desde dos puntos interesante: uno, la oportunidad de alentar la liberación sexual; dos, como un trabajo lucrativo para las mujeres.

Las causas de esta última perspectiva son interesantes. Y antes de que pienses que lo hacen por placer, hay que considerar que en Japón (y prácticamente en todo el mundo) el salario todavía se define conforme a tu género. Ciertamente, las trabajadoras sexuales ahora están protegidas legalmente en este país. Pero, mirando con precisión, aunque la ley las respalde parece que siguen sin ser importantes para la monarquía parlamentaria.

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Este hecho quedó aún más al descubierto una vez llegada la pandemia por covid-19. La salud y seguridad de las trabajadoras sexuales no fue una prioridad; si bien se lanzó un paquete de estímulo, las reglas de éste eran tan vagas y limitadas que muchas mujeres apenas podían acceder a los beneficios.

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Una película íntima sobre las trabajadoras sexuales en Japón

Pero esto es poco visible en las realidades cotidianas, ya que se hace lo posible por esconder lo incómodo de toda sociedad. No obstante, el cine japonés ha descubierto la distópica vida de las trabajadoras sexuales y su dinamismo. La película Vida: sin título retrata a diversos personajes en completa sintonía con las disfunciones sociales del país. Desenmascara las tendencias sociópatas y revela las relaciones románticas que subyacen a la lógica de negocios.

Más que una película llena de escenas sexuales o la narración de una rutina, la directora Kana Yamada invita a descubrir los acertijos más íntimos de los personajes. Esas cicatrices ocultas en las mujeres, que necesariamente nos llevan a una catarsis.

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Adaptada a partir de su propia obra de teatro, Yamada pone la multifacética vida de las trabajadoras sexuales ante nuestros ojos para ser testigos de una industria donde predomina la explotación, llena de misoginia y violencia.

 

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