A finales de la década de 1970, la astrónoma Vera Rubin cambió la manera en que la humanidad conceptualizaba al Universo. Con sus investigaciones, brindó información importante a la ciencia para comprender cómo es que funciona el cosmos y gracias a ello, ahora sabemos que existe una fuerza que no podemos ver, llamada materia oscura.

Vera Rubin nació un 23 de julio de 1928 en Pensilvania, Estados Unidos, de padres inmigrantes judíos que alentaron sus intereses por la ciencia desde muy pequeña. Su afinidad por los cueros celestes comenzó a muy temprana edad, cuando su padre le ayudó a construir un telescopio de cartón. A los 12 años, prefería quedarse pernoctando para mirar las estrellas antes que ir a dormir. Su curiosidad inigualable la llevaron a indagar en los misterios del espacio y pronto se licenció en el Vassar College de mujeres en Nueva York. Fue la única en graduarse en astronomía de toda su generación en 1948.

Vera Rubin viendo telescopio

Los primeros obstáculos por ser mujer 

Cuando decidió postularse para la escuela de posgrado de Princeton, la rechazaron porque el programa de astronomía no aceptaba mujeres. Pero su curiosidad no se detuvo ante tal prohibición y buscó otros caminos en la Universidad de Cornell y Georgetown para finalizar sus estudios de posgrado. Y pese a que su tesis de maestría sobre los movimientos a gran escala de las galaxias, así como su tesis doctoral fue muy controvertida e infravaloradas, ella continuó su camino. Y pronto descubriría un hecho asombroso que mostraría su gran capacidad como científica.

A finales de la década de 1970 entre una comunidad astronómica conformada en su mayoría por hombres, Vera Rubin hizo un importante descubrimiento sobre el movimiento de las galaxias. Específicamente Vera dirigió sus observaciones en los Laboratorios del Instituto Carnegie, en Washington, hacia la galaxia de Andrómeda. Pronto descubrió que la gran espiral de la galaxia tenía una rotación muy extraña. Un comportamiento que violaba las leyes de la física clásica estipuladas por Newton, se dio cuenta de que las estrellas en los bordes de Andrómeda se movían tan rápido como aquellas más hacia el centro. Gracias a que logró determinar la velocidad de las estrella observables de las galaxias, lo que los científicos llaman curva de rotación galáctica, postuló la existencia de la materia oscura.

Vera Rubin astrónoma

El descubrimiento de la materia oscura 

Rubin no fue la primera en proponer el concepto de materia oscura. Ya en 1933, Fritz Zwicky llegaría a una conclusión similar al observar el Cúmulo de Coma. Zwicky concluyó que el cúmulo debió haberse desintegrado, pero esto no sucedió. Así que pensó en una especie de masa adicional que mantuviera juntas las estrellas y volviera al sistema estable, tanto como para mantenerlo en su lugar. Por falta de pruebas y con la controversia causada por esta aseveración, la teoría de Fritz quedó relegada.

No fue hasta que Vera Rubin se adentró en la investigación del movimiento de las galaxias, que la teoría de la materia oscura cobrara sentido. La observación de Vera, de que las estrellas del borde de una galaxia giran a la misma velocidad que aquellas más al centro, sólo podía significar una cosa. La gravedad de alguna materia que no podían detectar, estaba haciendo que las estrellas más externas se movieran inesperadamente rápido. Así, Rubin se dio cuenta de que en el Universo existe mucha más materia que la que realmente podemos ver, la llamada materia oscura.

En la actualidad sabemos que dicha materia conforma por lo menos un 80% y el otro 20% es materia ordinaria, aquella que sí podemos ver. Aunque ciertamente la composición del Universo sigue siendo un enigma para los astrónomos. Pero Vera Rubin nos dio una idea más clara de lo que yace allá afuera.

Vera Rubin murió un 26 de diciembre de 2016 a los 88 años de edad y aunque en los últimos años su trabajo ganó relevancia, el Premio Nobel pasó por alto sus investigaciones y no se le otorgó tal galardón por su descubrimiento de la materia oscura.