Hoy en día puede que la posición de la Tierra no nos cause conflicto alguno, sin embargo, hubo un tiempo en que esta cuestión ocasionó severos castigos. Para claro ejemplo de ello tenemos a Galileo Galilei cuya aseveración de un sistema heliocéntrico le costó audiencias frente a la Santa Inquisición y un arresto domiciliario que duró hasta el último día de su vida. Pero no fue él quien estableció esta idea como una posibilidad, Aristarco de Samos en el siglo III a.C., ya se había planteado un sistema donde la Tierra no era el centro. Pero su teoría no obtuvo gran impacto hasta que el matemático Nicolás Copérnico estableció el principio que ahora forma parte básico de la astronomía.

Principios cosmológicos 

Hablar de principios físicos es hablar de directrices que nos guían a través de la curiosidad para explorar nuevos escenarios posibles en las fuerzas del Universo. Una teoría bien fundamentada es aquella que se basa en principios sólidos que pueden extrapolarse hacia todas las situaciones donde estos se ponen a prueba. Así, serán estos pilares los que además de sostener dicha teoría, se comportarán como farolas que iluminen otros caminos posibles. Desde luego que esto implica que se les cuestione con frecuencia ya sea para probar su validez una y otra vez, o para encontrar un nuevo principio que nos conduzca hacia otra teoría.  

En cosmología uno de los principios fundamentales es el principio copernicano inspirado a mediados de siglo XVI en Nicolás Copérnico. Sabemos que el matemático planteó la idea de que la Tierra no ocupa el centro del universo, sino que somos parte de un desfile planetario alrededor del Sol, que sí se encuentra al centro del Sistema Solar. Pero este cambio en la posición de nuestro planeta no sólo implicó el entendimiento del funcionamiento de nuestro sistema, sino que se extendió hacia la identidad humana. Más o menos como sucedió cuando el teocentrismo cambió para convertirse en antropocentrismo.

principio copérnico

Sin una posición privilegiada 

Hoy en día este principio inspirado en Copérnico no sólo nos ayuda a saber la posición correcta de la Tierra. Sino que establece que no ocupamos un lugar privilegiado en el universo, hablando astronómicamente. Conforme los cosmonautas estudian más el espacio, se han percatado que, desde el punto de observación terrestre, el Universo parece ser homogéneo. Es decir, que es isotrópico gracias a que sus dimensiones son tan desmesuradamente grandes que da igual donde estemos parados.

Observado a escalas exponencialmente mayores, nos daremos cuenta de que la Tierra no tiene una posición privilegiada. Y ha sido gracias a esto que grandes investigadores han llegado a suponer que el Universo se encuentra en expansión constante. De aquí también devino la idea de que en algún momento hubo un Big Bang. Por estas razones es que se le considere como un principio fundamental para la cosmología.

principio copernicano

Extrapolación a la filosofía 

El problema vino cuando se le extrajo de la astronomía para hacer de él un principio más bien filosófico. En ese sentido, se confundió la aseveración de que la Tierra no tiene una posición privilegiada, con el hecho de que la vida podría no ser un privilegio en medio de la existencia cósmica. No obstante, poco conocemos sobre los exoplanetas y sobre las condiciones potencialmente habitables en otras partes del Universo. Por lo tanto, resulta una extrapolación no sólo falsa, sino también imprudente. En el sentido de que no contamos con la información suficiente para hacer tales aseveraciones.

Podría ser que el ego humano sea tan grande que incluso la cuestión de nuestra posición planetaria afectara la identidad de sí mismo. Pero esto poco tiene que ver con que si somos o no una raza privilegiada por el simple hecho de existir. Decir que el principio de Copérnico nos reduce a la ordinariedad en el Universo, resulta un tanto irresponsable y fuera de contexto.