Una “ciencia de las multitudes” podría ayudar en momentos de pánico colectivo

Y podría llevarnos a entender mejor la convivencia entre seres humanos y crear entornos más empáticos.

Seguramente has estado inmerso en uno de aquellos transes colectivos que te arrastran, inevitablemente, a estar en una sintonía compartida. Según la neurología, las multitudes pueden tener impactos sobre la psique individual: por ejemplo, la experiencia cotidiana de asistir a conciertos puede aumentar la vida de una persona, en parte porque se trata de un evento compartido. 

Pero siguiendo esta línea, ¿te imaginas qué puede ocasionar estar en una multitud con pánico? Quizá ya lo has experimentado. Definitivamente no es nada grato que el miedo fluya en una multitud, porque esto hace entrar a cada individuo en un estado de conciencia alterada, dificultando que actúe de manera más serena. Esto puede ser bastante peligroso.

Por eso la neurología, junto con otras ciencias, también ha estudiado seriamente estos comportamientos, creando una excéntrica –pero sin duda útil– ciencia de las multitudes.

 

¿Por qué y para qué una ciencia de las multitudes?

Ulrike Biets

Según escribió el físico Sidney Perkowitz para la revista Aeon:

Cuando la gente se reúne en una multitud, las conexiones físicas y emocionales definen sus movimientos, su estado psíquico y su voluntad. Entender a las multitudes puede ayudarnos a gestionar el pánico causado por un ataque terrorista.

De acuerdo con este experto, una ciencia de las multitudes es vital para manejar todo tipo de emergencias, en especial cuando la densidad de personas se vuelve un factor de riesgo. Y es que una multitud atemorizada puede ocasionar mayores tragedias durante una emergencia. Más aún: puede ser la tragedia en sí misma, como ocurre en las estampidas que se desatan cada tanto en los sistemas de transporte de la India o durante los festejos religiosos en este país.

Por eso, Perkowitz y otros científicos han estado trabajando en una multidisciplinaria ciencia de las multitudes, misma que estudiará las personalidad individuales y los comportamientos de distintos tipos de masas. Y es que también existen las multitudes que, después del pánico, se solidarizan, como ha pasado en México tras los sismos que han azotado su ciudad capital. Y eso también es un tema de interés para la ciencia.

Los estudios para la ciencia de las multitudes incluyen el uso de
análisis cuantitativos, estadísticas físicas, ciencias de la computación y teorías de sistemas complejos.

Perkowitz comenta lo siguiente:

Un concepto relevante de la teoría de la complejidad es el de “emergencia”, que ocurre cuando las interacciones entre entidades producen un comportamiento grupal que no pudo haber sido predicho. Por ejemplo, moléculas de H2O que se mueven al azar en agua líquida y que de pronto son llevadas a los cero grados para convertirlas en hielo.

Ya en un estudio de la Universidad de Portsmouth se pudieron determinar las emociones individuales en una multitud. Para ello se usó energía cinética –la que mide el movimiento en física–, para así medir cuando una multitud ha entrado en un estado de conciencia alterada. Y es que cada individuo aumenta su nivel de energía cinética durante los ajetreos colectivos.

Esto, junto con otras mediciones, estudios y observaciones, podría llevar a que la ciencia de las multitudes ayude a prever emergencias o a controlarlas mejor, haciendo que la gente reaccione con orden para así salvar más vidas.

Aunque como bien concluye Perkowitz: a toda la data dura debe sumarse la perspectiva de la psicología y las ciencias sociales, para saber qué significa realmente lo que hacemos, individual y colectivamente, y cómo esto influye en nuestra evolución social.



México deja en la calle al 70 % de sus mascotas

México ocupa el 1 er lugar de América Latina en animales en situación de calle.

Tener animales de compañía literalmente nos regala vitalidad, pero también puede ser difícil. Mucho más difícil que tomar la decisión de tenerlos. Por eso –y porque se trata de un ser vivo–, es importante repensar con seriedad, antes de adquirir una mascota, si podremos cuidarla con todas las necesidades que implica. 

Tan sólo este dato tan desolador como gravoso nos hará pensarlo dos veces: en México, el 70 % de las mascotas son abandonadas, de cuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Y no sólo eso: 

México ocupa el 1 er lugar de América Latina en animales en situación de calle.

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De acuerdo con la organización Adoptare, se trata de un problema común en las grandes capitales de latinoamérica que obliga a dichas ciudades a enfrentar graves retos en torno a los animales en abandono. Alan Rozz, fundador de Adoptare México, explica que, aunque las adopciones de animales han aumentado en los últimos años, todavía se compran cachorros y se regalan como objetos, por lo que el abandono también continúa aumentando.

El censo del INEGI de 2016, la cifra de perros en el país es de aproximadamente 19.5 millones; por su parte, la Asociación Mexicana de Médicos Veterinarios y Especialistas en Pequeñas Especies estima que este número podría ascender a 28 millones.

También en Ecoosfera: Aliviar el sufrimiento animal es nuestro imperativo ético y moral

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Adopta, no compres

Numerosas investigaciones han comprobado los beneficios mentales, emocionales (e inclusive físicos) que las mascotas pueden detonar en nosotros. Los perros, especialmente, figuran en las terapias contra la depresión y la ansiedad, así como en la sanación rápida de las enfermedades, precisamente por demostrarnos esa fidelidad natural digna de su especie. 

Con tanta dicha que los canes son capaces de ofrecer, resulta difícil entender cómo es que existen tantos de ellos en situación de calle. Se piensa que la razón principal es que no se ha logrado cultivar una cultura de la esterilidad. Sin embargo, la cría de perros de raza sigue siendo un negocio y aún nos queda mucho por hacer en cuanto a la educación colectiva que demanda tener un perro en casa.

Por ello, siempre es importante adoptar en vez de comprar. Darle la oportunidad a un ser vivo que está dispuesto a darlo todo por quien se atreva a cuidar de él.  

En la Ciudad de México, muchos albergues, asociaciones y ONG se dedican a rescatar a estos animales en espera de un dueño. En este link puedes revisar algunos.

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Existe una arraigada (y muy obsoleta) idea de que los animales no pueden sentir. O que al no poderse comunicar mediante un lenguaje de palabras no tienen conciencia de sus sentimientos, por ejemplo del dolor. Actualmente son muchos los estudios científicos que han desmentido este mito infundado,  y que pretenden informar a la sociedad para que, de una vez por todas, entendamos que se trata de una vida, de la que nos hacemos cargo.



¿Y si hoy practicas la empatía?

La empatía es algo que puedes cultivar incluso con la más minúscula de las acciones. Aquí algunas ideas.

La evolución humana no puede entenderse sin el factor clave de la empatía. Preocuparnos por otros y cuidarlos es lo que nos ha hecho definitivamente humanos. Somos más que sólo inteligencia, y nuestra humanidad depende de mucho más que el mero raciocinio y el frío cálculo.

Ser capaces de ponernos en los zapatos del otro es, hoy, una práctica más necesaria que nunca.

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Evitar nuestra involución depende de ello. Sobre todo, porque nuestra sociedad se ha vuelto terriblemente indiferente y apática: en ella, el egocentrismo se ha arraigado en los sujetos, y la competencia encarnizada se ha vuelto la forma por excelencia de sobrevivir al mundo.

La empatía debe ser una herramienta emocional y primigenia para combatir actitudes que, lamentablemente, están permeando cada vez más nuestras relaciones. Distintas circunstancias políticas y sociales han destapado últimamente interacciones de odio entre los usuarios de redes sociales. Ya no son sólo los haters, esa tribu digital que se aprovecha del anonimato y la protección que brinda Internet. Se trata de un nuevo y desafortunado fenómeno cuyos porqués son difíciles de comprender, pero que tienen que ver con lo difícil que se ha vuelto existir en este planeta.

Un primer acto de empatía colectiva es reconocer, precisamente, que todos estamos pasando por una situación difícil. Sabemos que tenemos en ciernes una catástrofe global, que el fascismo está de vuelta y que la depresión se está volviendo epidémica. Con estos panoramas nacionales e internacionales, no es sorpresa que nuestras actitudes se vuelvan cada vez más cerradas e intolerantes, y que nuestras reacciones sean de discriminación o racismo.

Pero muchos aún no nos rendimos: seguimos practicando la empatía y reconectándonos con los otros, lo más que podemos bajo las circunstancias actuales. Ello no significa que nos hemos vuelto vulnerables o débiles, ni mucho menos implica una falta de amor propio. Al contrario, es una forma de amarnos a nosotros mismos.

Practicar la empatía es reconocernos en el otro, es decir: amarnos, amar y ser amados.

Es posible reconectar con la empatía. Nuestro cerebro está hecho para corregir las actitudes en exceso egoístas, haciendo fluir la empatía como un mecanismo de preservación. Por eso, y según la ciencia, es importante que no busquemos en exceso la complacencia o el confort: necesitamos vivir situaciones difíciles para estimular la empatía en el cerebro.

Por eso, te mostramos algunas ideas para practicar la empatía ya:

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Son microacciones que puedes hacer diariamente para saber cómo se siente el otro: para desbloquear tu empatía y volverla un hábito.

 

Camina en los zapatos del otro

Pregúntale a la gente que conoces qué se siente ser ellos. Así de simple. Verás que aprenderás más en unos minutos que en horas de clase.

 

Salte de tu ambiente cotidiano

Si no sales de tu burbuja no podrás conocer otras situaciones ni, por ende, generar empatía por lo que ocurre en ambientes distintos al tuyo. Prueba conocer comunidades alejadas de donde vives, que tengan completamente otra forma de vida. Hazlo con todo el respeto que una acción así merece –y así, también estarás desarrollando tu gratitud–.

 

Desenvuelve tu curiosidad

No des nada por hecho. Investiga, pregunta, corrobora, y desarrolla una genuina curiosidad por todo lo que no conozcas.

 

Conoce a tus (verdaderos) enemigos

No pienses que los demás te están atacando todo el tiempo. Parte de desarrollar empatía es comprender una mala actitud de un compañero de trabajo, de tu pareja o amigos. No se supone que permitas cualquier actitud sumisamente, sino que la empatía te permita distinguir los porqués de ciertas actitudes.

 

Aprende a debatir 

Existen 7 maneras de argumentar. Todas involucran escuchar al otro. Pero las mejores son en las que no sólo se contradice o se descalifica, sino que se contraargumenta y se refuta. Esto quiere decir que no sólo se quiere “ganarle” al otro, sino que se es capaz incluso de tomar parte de sus argumentos.

 

Ponte del otro lado

Habrá ocasiones en que incluso puedas ponerte completamente del lado del otro. ¿Por qué no? Normalmente no lo hacemos por falta de empatía, y porque vemos al otro como un potencial enemigo. Pero inténtalo: ponte del otro lado en tu mente, reflexiona, y quizá descubras que ese lado es mejor.

 

* Imágenes: Philipp Igumnov