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SCI-INNOVACIÓN

Todos tenemos radiactividad viviendo dentro de nosotros

Al escuchar el término de radiación de inmediato se encienden las alarmas internas y no es para menos, si todo lo que conocemos al respecto es que se trata de una energía dañina. Sin embargo, esta no es la única cara de la moneda y de hecho todos tenemos radiactividad en nuestros cuerpos y no debemos preocuparnos por ello.

En muchas ocasiones se piensa que la radiación es una fuerza invisible creada por el humano a través de las plantas nucleares, pero esto no es así. La radiación ha existido por milenios en el Universo y de hecho, nació desde el principio de los tiempos luego de la explosión del Big Bang.

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Existencia milenaria

Hace 13, 700 millones de años toda la energía que hoy compone el Universo, se condensó en un solo punto pequeño por lo que colapsó gravitacionalmente causando el estallido que todos conocemos como Big Bang. Luego de esto, surgió una sopa primordial de todas las partículas conocidas y de la cual formaron parte los radionúclidos que conocemos como radiación.

La vida media de estas partículas es sorprendente, una partícula radiactiva de torio vive aproximadamente 14 mil millones de años, lo que es casi la vida promedio de nuestro Universo. Las partículas de uranio, en cambio, llegan a vivir hasta 4 mil 500 millones de años, lo que significa que han estado entre nosotros desde tiempos supremamente antiguos antes de que siquiera existiera la vida en la Tierra.

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Por lo tanto, la radiación existe de forma natural en rocas, el suelo y hasta se le utiliza a beneficio humano. Por ejemplo, los arqueólogos utilizan la datación de radiocarbono para saber de qué fecha datan diferentes objetos encontrados, esto es gracias a una forma radiactiva de carbono que tiene una vida promedio de 5 mil 700 años. También el humano ha incorporado la radiación en la medicina, como por ejemplo las radioterapias que se prescriben a personas con cáncer.

La radiación viven dentro de nosotros

Pero esto no es todo, se ha comprobado que los humanos mismos guardamos radiación dentro de nuestros cuerpos lo que no resulta sorprendente si pensamos que todo en el Universo está impregnado de estas partículas. En ese sentido, las plantas absorben la radiación y luego esta llega directamente a nuestros alimentos como los plátanos, papas, frijoles, zanahorias, maní y nueces de Brasil. La cuestión está en que la radiación que vive dentro de nosotros es muy mínima a comparación de las cantidades necesarias que se requieren para causar estragos en la salud.

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Entonces, ¿de dónde viene el miedo a la radiación? Seguramente de accidentes nucleares como el de Chernóbil o el de Fukushima, o peor aún de las bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Esta forma de radiación también es natural, salvo que ha sido manipulada por el hombre para generar daño y en el caso de las centrales nucleares, para generar grandes cantidades de energía. Sin embargo, hay que saber diferenciar entre estos casos y que la radiación ha formado parte del Universo desde su nacimiento y que seguirá aquí con nosotros hasta el día en que partamos de él.

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