La incertidumbre nos acerca de manera peligrosa al miedo. Es común que lo desconocido nos inspire desconfianza y con esto, una reacción en cadena entre nuestros pensamientos que hilan posibilidades que de otra forma no tendrían sentido alguno. Bien lo decía Kant: “Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar”. Por eso, la ciencia desmiente tres teorías conspirativas a cerca de la vacuna de coronavirus que se han propagado por la web. 

Es por ello que afrontar la Covid-19 nos genera miedo y aunado al pánico colectivo, una serie de teorías conspirativas han surgido. No obstante, es en estos instantes cuando debemos apelar al razonamiento y los conocimientos que nos ha legado con los siglos. La ciencia desmiente 3 teorías conspirativas sobre la vacuna del coronavirus. 

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Teorías conspirativas sobre la vacuna contra el coronavirus 

Microchips

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Esta es quizá la teoría que más pánico de masas ha generado. Ha sido tan comentada que incluso se toma ya como una aseveración y aunque suena muy interesante, lamentamos decirte que no tiene fundamento.

El rumor comenzó cuando Bill Gates, fundador de Microsoft, dijo en una entrevista que en un futuro tendremos “certificados digitales”. Estos podrían mostrar quién se ha recuperado o vacunado contra Covid-19. Rápidamente un artículo titulado “Bill Gates usará microchips implantados para combatir el coronavirus” inundó la red y el resto es historia.

La cuestión es que el artículo se refiere a un estudio financiado por la Fundación Gates, que estudia la posibilidad de una tecnología capaz de almacenar registros de vacunas de una persona, en una tinta especial aplicada mediante inyección.

Si bien es cierto que se trata de inyectar una tinta, también es cierto que la tecnología es sumamente diferente a la de un microchip. La tinta es más bien un “tatuaje invisible” y, de hecho, todavía no se he concretizado. No obstante, no se trata de tecnología que permitirá rastrear o almacenar información en bases de datos, dice Ana Jaklenec, investigadora del proyecto.

Alteraciones del ADN

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Una de las teorías que más se mencionan en la web, es que la vacuna traería consecuencias de alteraciones en el ADN. No obstante, esta historia parece surgir del hecho de que la vacuna desarrollada por Pfizer y BioNTech utiliza tecnología de ARN mensajero (ARNm).

¿Qué es esto? En pocas palabras, esta vacuna en específico, contiene una pequeña secuencia genética que “enseña” a las células del cuerpo humano a producir proteínas similares a las del virus SARS-CoV-2. Así, el sistema inmunológico crea una respuesta que protege al cuerpo de futuros contagios e infecciones de Covid-19.

El Prof. Jeffrey Almond, vacunólogo destacado de la Universidad de Oxford, aclaro que “inyectar ARN a una persona, no cambia en absoluto el ADN de una célula humana”.

Además, hay que destacar que el proceso para la aprobación de una vacuna es totalmente riguroso. Debe pasar severos exámenes antes de probarse en seres humanos. Una vez que comienzan los ensayos clínicos, en la Fase 1 y 2, se prueban en pequeños grupos de voluntarios para determinar las dosis correctas y el nivel de seguridad.

No hay evidencia científica que fundamente que una vacuna con tecnología de ARN mensajero, tenga la capacidad de modificar el ADN humano.

Tejido fetal

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Existe una denuncia social a través de redes sociales que argumenta que la vacuna contra Covid-19, desarrollada por AstraZeneca y la Universidad de Oxford, contiene tejido pulmonar de un feto abortado. La respuesta corta a esta interrogante, es un no rotundo.

La confusión surgió de un video compartido en redes sociales, donde se tergiversó completamente la línea narrativa con el fondo visual. Según la explicación del narrador, la muestra de imágenes corresponde al contenido de la vacuna generada por la farmacéutica y la Universidad de Oxford.

Sin embargo, el estudio mostrado en el video en realidad exploraba la reacción de la vacuna al ser inyectada en células humanas en el laboratorio.

Aunque también pudo surgir por el procedimiento en la creación de la vacuna. Existe un paso en el proceso donde se usan células de origen humano, que descienden de células embrionarias. Estas células embrionarias sí pertenecieron a dos únicos fetos productos de aborto, uno en Suecia en 1962 y el otro en Reino Unido en 1966.

A partir de ahí, las células se han criado en laboratorio, por lo que la vacuna contiene este tipo de células y no células de fetos abortados. Este procedimiento se ha utilizado con anterior en la generación de otras vacunas, desde la década de los 60.

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