Un detonante pone en movimiento una partícula presente en la atmósfera, que a su vez contagia a sus compañeras más cercanas desencadenando una reacción en dominó, hasta que tenemos un grupo de millones de partículas excitadas en una danza geométrica a la misma frecuencia. Así se propaga el sonido en el aire, un arte de la naturaleza que nos permite escuchar lo que sucede a distancias alejadas a nosotros. Nuestros oídos han sido privilegiados para actuar como receptores del vaivén de frecuencias a nuestro alrededor. Pero los sonidos no sólo pueden escucharse, también se revelan ante la vista en formas geométricas perfectas que estudia la ciencia llamada cimática.

La vibración es el origen melodioso más primario, gracias a las vibraciones que viajan velozmente a través del aire, es que podemos captar los sonidos. Quizá suena muy abstracto y pensarlo en un entorno que es invisible ante los ojos se dificulta para la comprensión. Pero si se trasladan estas vibraciones a superficies físicas, como una copa de vidrio o una placa de metal, el fenómeno es más que perceptible.

figuras de chladni

 

El nacimiento de la cimática

Quizá si eres un explorador de los sonidos y las maneras en que se manifiesta, alguna vez has intentado el truco de la copa de vino. Basta con deslizar la yema de los dedos suavemente sobre la superficie de la boca de la copa medio llena, para obtener un melodioso cantar. La vibración parecerá imperceptible a simple vista, pero de pronto uno se percata de que el líquido interior comienza a mostrar ondas en su centro que se esparcen al compás de la vibración.

En el siglo XVIII el abogado, físico, diseñador y músico alemán Ernst Child, ya había desarrollado una fascinación por el comportamiento del sonido. Con su tratado Entdeckungen über die Theorie des Klanges (Descubrimientos en la teoría del sonido), demostró que aparte de fascinante, la estructura del sonido se puede traducir en complejos patrones visibles a los ojos. Desarrolló su propia técnica para mostrar al mundo sus descubrimientos, por lo que se le considera el padre de la acústica.

placa de metal con sal y patrón de sonido

Su metodología consistía en fabricar placas de metal con distintos grosores y unidas a una base fija de manera que permitiera la vibración libre del material. Colocaba arena sobre la superficie de metal flexible y luego con un arco de violín frotaba las orillas de la placa. De inmediato la poesía geométrica emergía de entre las vibraciones sonoras que impactaban directamente a la placa de metal. La arena se reagrupaba poco a poco mediante las vibraciones del sonido, hasta formar patrones complejos. Así demostró que el sonido se puede ver y más tarde, Hans Jenny, un investigador suizo, retomó los experimentos de Child, bautizando como cimática a la ciencia que se encarga del estudio de las vibraciones del sonido.

Agua por arena 

Desde entonces han surgido más mentes atraídas por la poesía geométrica del sonido, evolucionando la cimática hasta el desarrollo de instrumentos complejos. CymaScope es uno de ellos, que utiliza agua en vez de arena para la revelación de los patrones sonoros visuales. Es más compleja que los experimentos con placas de metal, ya que las impresiones de sonido emergen con mucho mayor detalle para su estudio.

Gracias a CymaScope y la cimática, es posible convertir lo invisible en lo visible, la música ya no sólo es auditiva. Si tiene usted curiosidad de cómo se vería una canción, le dejamos un ejemplo del análisis de Claro de Luna de Debussy bajo CymaScope.