La crisis climática como noción nació mucho antes de lo que imaginamos. No se sabe con certeza en qué momento empezó el cambio climático, pero la idea de que las actividades humanas tenían algo que ver con ello se planteó desde los años 60 y 70 del siglo pasado.

El consenso científico sobre la emergencia climática y el efecto en la temperatura del planeta llegó hasta los años 90. Sin embargo, navegando por la historia de este término (ahora que suponemos que esta es la mayor amenaza de la humanidad) encontramos una historia fascinante y poco conocida.

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Varios científicos de la antigüedad marcaron el rumbo del pensamiento en torno a lo que hoy es la crisis climática que enfrentamos. Entre las investigaciones sobre los efectos del CO2 y las actividades que lo mantienen atrapado en la superficie de la Tierra, descubrimos a la pionera de la reflexión sobre el cambio climático: Eunice Newton Foote.

 

La científica pionera del cambio climático

La activista por los derechos humanos Eunice Newton fue la primera en mostrar cómo funciona el calentamiento del planeta. En 1856, a través de un experimento en el que atrapó gases en un cilindro de cristal, la científica descubrió que la luz del sol tenía un efecto importante en ellos.

Uno de los gases era CO2. Al ver que bajo la luz solar este gas calentaba el contenedor, Newton pensó que este último podría contener más veces el calor que otro tipo de elementos. Ello bastó para que Eunice Newton asegurara que una atmósfera llena de ese gas podría elevar rápidamente la temperatura de la Tierra.

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Ese mismo año, tras someter sus descubrimientos al escrutinio de una organización científica a cuyos cuestionamientos no pudo responder directamente porque ello no iba de acuerdo con los procedimientos de la sociedad antigua, Newton pudo publicar su experimento con ayuda de un portal que no recibió mucha atención.

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Una aportación más…

Tres años después, el físico irlandés John Tyndall retomó el experimento agregando algunos gases y terminó de completar una lista de elementos que mantienen el calor atrapado en la atmósfera.

Automáticamente, Tyndall fue reconocido como el principal pionero de las investigaciones en torno al cambio climático. Nadie sabe con certeza si el físico había tenido algún contacto con los papeles de Foote. Lo que sí se sabe es que el experimento de la científica fue desenterrado hasta el año 2010.

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Gracias a la curiosidad de un geólogo, se descubrió que el trabajo de Eunice Newton era citado en un antiguo libro de ciencia. No obstante, Foote no se llevó todo el crédito. El científico Guy Stewart se colocó como el primer ávido recolector de datos sobre clima en 1930.

 

Leyendo el tiempo y el desarrollo

Las lecturas sobre temperatura que logró registrar gracias a 147 estaciones del clima en todo el mundo se convirtieron en su legado. Al comparar sus datos con algunos recolectados anteriormente, se dio cuenta de que el cambio climático estaba sucediendo.

Parte de este efecto se debió también al aumento de la quema de combustibles fósiles. En 1938, Tyndall presentó su trabajo a los grupos científicos y aseguró que las actividades humanas influían de manera importante en la temperatura del planeta.

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En aquellos tiempos, la idea del efecto del ser humano en la temperatura era poco creíble. No fue sino hasta la Segunda Guerra Mundial cuando se aceptó la noción de que las acciones humanas causaban estragos en la temperatura.

Han pasado más de 160 años desde que Eunice Newton Foote sugirió la existencia del cambio climático y su causa. Los datos se siguen acumulando a lo largo del tiempo mostrando las consecuencias, pero la humanidad sigue creyendo que este problema no es real.

 

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