El concepto de “yo” ha sido abordado y explicado por diversas corrientes filosóficas orientales y occidentales. Sin embargo, todos entendemos qué significa, aunque explicarlo sea difícil. Para algunas escuelas de psicología, el yo es el equivalente a la autopercepción de uno mismo, a través del cuerpo, las emociones y los actos. Y en el sentido común, estaríamos de acuerdo en que el “yo” nos hace ser quienes somos. Pero el “yo” sólo es un punto de partida para investigaciones más profundas respecto a lo que constituye la experiencia humana.

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Joanna Neborsky/Nautilus

En 1980, el Dalái Lama creo el Instituto Mente y Vida (Life and Mind Institute) junto con un grupo de neurocientíficos. Una de las primeras comprobaciones científicas que obtuvieron fue que si entrenas tu mente, puedes cambiarla. Hoy esta aseveración es casi un lugar común, pero su comprobación científica significó un enorme avance para el budismo y para la ciencia.

El LMI lleva varios años estudiando el concepto budista de anatta, muy poco conocido entre los seguidores del Dalái Lama debido a que él mismo se niega a enseñarlo pues “podría resultar demasiado confuso”. El anatta se centra en la idea de que no hay un “yo mismo” autoconsciente ni permanente. Es decir, la idea de que somos la misma persona a cada momento es en realidad una ilusión.

Según el anatta, tanto el cuerpo como la mente son un flujo y lo único constante es el cambio. No hay nada que indique que existe una conciencia inmanente o fija. Anatta no significa que no existe un “yo”, sino más bien que no hay un “yo” de la manera en la que lo comprendemos en Occidente: permanente y con una identidad monolítica.

 

El yo no es fijo: puede transformarse

El concepto de anatta permite reconocer que no somos nuestros pensamientos y tampoco nuestras opiniones, pues todas las ideas son parte de un flujo; nosotros somos ese flujo, y formamos parte de un flujo que va más allá de las reducidas identidades individuales.

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El estudio de la regeneración celular de nuestro sistema nervioso ha terminado por probar que si eso que tanto budistas como neurocientíficos llaman “mente” tiene soporte material en nuestro cerebro, el concepto de anatta está en lo correcto. El cerebro nunca es el mismo a lo largo de la vida. Las células de nuestro cuerpo, incluidas las neuronas cerebrales, mueren todos los días, y otras nuevas aparecen en su lugar.

Aproximadamente cada 7 años se completa este proceso de regeneración celular, por lo que desde cierta perspectiva, podemos pensar que nuestro “yo” muere y renace numerosas veces a lo largo de “nuestra” vida.

Entender esto representa una gran liberación, pues significa, entre muchas otras cosas, que nuestras ideas y emociones son reales, puesto que las sentimos, pero no por eso son “verdaderas” ni tenemos por qué aferrarnos a ellas.