A veces olvidamos mirar más allá de lo aparente y pasamos desapercibido el hecho de que cohabitamos en un mismo mundo con millones de seres más. No sólo las plantas y animales desde los más grandes hasta los más pequeño. Sino que, de hecho, vivimos en un entorno dominado por virus y bacterias que están al acecho constantemente. Nuestro cuerpo es sabio y con el pasar de los años fue desarrollando mecanismos para defenderse de dichos microorganismos, incluso hubo un periodo en la historia donde los seres vivos adquirieron su sistema inmune. Un evento llamado ‘big bang’ del sistema inmune. 

Pese a que hoy en día es bien sabido que los humanos contamos con un escudo superinteligente que nos mantiene a salvo de ataques de virus y bacterias, el origen del sistema inmune sigue siendo un misterio para los investigadores. Su funcionamiento está basado en un intrincado cúmulo de decisiones que toma por sí mismo para mantenernos vivos. Y no es lineal, sino que cuenta con distintos niveles de defensa.

En primera instancia tenemos a la piel y todos los fluidos que actúan como un obstáculo para impedir la invasión de agentes extraños. Lágrimas y mucosidades forman parte de esta línea defensora. En segunda instancia tenemos a la inmunidad natural, que son un grupo de células y moléculas que se activan cuando un agente logra traspasar la barrera inicial.

células del sistema inmunológico

Dentro de la inmunidad natural se encuentran asombrosos soldados llamados macrófagos que se encuentran en constante patrullaje a través de las intrincadas redes del cuerpo y sus tejidos. Cuando se topan de frente con un invasor, lo tragan completo. También existen otros soldados con instintos asesinos llamados linfocitos nk (nk del inglés natural killer). Se encargan de matar a todo virus que osa entrar en el cuerpo y activan mecanismos para combatir la infección.

El último nivel defensivo es todavía mucho más complejo que los anteriores, es la inmunidad específica. Un sistema de reconocimiento que tiene la capacidad de identificar como mínimo, un billón de agentes patógenos distintos. Con base en ello, fabrica hasta un billón de anticuerpos distintos. Una inteligencia que ni las redes neuronales artificiales podrían llegar a igualar. Es como si el cuerpo estuviera preparado para combatir una cantidad enorme de ataques sin siquiera saberlo.

El big bang del sistema inmune 

Aparentemente este sistema inmunológico de élite apareció de la nada en los seres vivos más complejos como los vertebrados. Pero su origen se remonta a millones de años atrás, cuando una infección probablemente atacó a seres vertebrados marinos. Lo sabemos gracias a que los tiburones, que son criaturas increíblemente antiguas que surgieron hace 450 millones de años, ya contaban con dos genes llamados RAG1 y RAG2. Dos tipos de linfocitos B presentes en el nivel complejo de la inmunidad. Pero entonces, ¿cuál fue su origen?

big bang sistema inmune

Craig Thomson, de la Universidad de Chicago, sugirió en 1995 que los genes RAG1 y RAG2 en su momento fueron elementos genéticos móviles (trasposones). Es decir, eran pedazos de ADN que son capaces de integrarse en distintos lugares de las hélices genéticas. Así, estos elementos móviles fueron acarreados por un virus que infectó a un vertebrado hace 450 millones de años atrás. La invasión de trasposones creada por alguna bacteria o virus, transformó para siempre las defensas inmunológicas de los vertebrados y generó lo que se conoce como el big bang inmunológico.

Aparentemente el sistema inmune emergió de un mundo dominado por virus y bacterias y contradictoriamente, surgió para defendernos de aquellos diminutos seres. La constante lucha por la supervivencia es lo que nos ha llevado hasta ser lo que somos hoy en día. La próxima vez que dejes de sentirte especial, piensa en los millones de años que nos ha tomado evolucionar y convertir nuestro organismo en un sistema superinteligente.