Los tenis hechos con chicles de las calles de Ámsterdam (navegando alternativas eco y muy frescas)

En Ámsterdam se encontró una original solución a los pegajosos problemas que trae consigo la goma de mascar. Y es totalmente ecoamigable.

A todos nos ha pasado ir por la calle y pisar un chicle, el cual se pega insistentemente en la suela de nuestro zapato. Lo cierto es que los chicles son más que esta molestia pasajera: se han vuelto un problema grave de salud pública –ya que cada goma de mascar contiene millones de bacterias– y tienen graves consecuencias para el medioambiente en general.

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Además, es indudable que los chicles impactan negativamente en la estética de las urbes, donde se libran guerras contra este tipo de contaminación, que suelen ser muy costosas –en México, retirar un solo chicle cuesta 9 pesos–.

Quienes se dedican a dirigir esta guerra en la Ciudad de México hablan del trabajo de quitar chicles como un tipo de “esclavitud moderna, ya que quienes lo hacen deben ponerse de rodillas para retirar cada goma, usando una espátula y gasolina.

Para colmo, ¿sabías que los chicles son en su mayoría plástico?

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Por eso, de no reciclarse, los chicles tienen un impacto tan negativo en el ambiente, pues la mayoría no son biodegradables. ¡Lo bueno es que son reciclables!

Una ocurrente solución a los múltiples problemas que acarrea el chicle ha sido implementada por una serie de empresas y diseñadores. Entre ellos se encuentra Gum-tec, una firma dedicada a reciclar este pegajoso material y convertirlo, a partir la extracción de su goma sintética, en todo tipo de productos.

Con ayuda de I Amsterdam y de la compañía de moda Explicit, Gumdrop encontró qué hacer con las 1.5 toneladas de chicle que se pegan al asfalto en Ámsterdam: ¡tenis!

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El desperdicio de goma de mascar se convierte en la materia prima con la cual se fabrica la suela de preciosos tenis que sin duda forman parte de la moda del futuro, pues son 100% sustentables.

Aunque sería paradójico comprar uno de estos tenis –que rondan los 200 euros– y pisar un chicle, ¿no crees? Pero lo que buscan los involucrados en el proyecto no sólo es luchar contra todos los problemas que acarrea el chicle, sino hacer conciencia sobre lo que desencadena el simple hábito de mascarlo –y más aún, de escupirlo en plena calle–. Por eso no sólo hacen tenis, sino también campañas de concientización.

Ahora tú también lo sabes: ¡no tires tus chicles en la calle!



Organizar tu día según la jornada de 8 horas te hace improductivo (y lo contrario te llena de energía)

Está demostrado que debemos tener muchos breaks durante la jornada.

La jornada de ocho horas de trabajo, por increíble que parezca, es el esquema en el que descansa el sentido que le damos al tiempo cada día. Pero, ¿por qué? Básicamente porque durante la Revolución Industrial, el galés Robert Owen concluyó que la fórmula “ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo, ocho horas de descanso” era la mejor para fomentar tanto la calidad en el trabajo como la calidad de vida de los trabajadores.

Pero, ¿es esta división en tres todavía funcional? Algunas empresas contemporáneas creen que no…

En un estudio conducido por la compañía tech, Draugeim Group, un grupo de investigadores rastrearon los hábitos de trabajo de empleados de la oficina mediante una aplicación. Ésta midió cuánto tiempo pasaron las personas en varias tareas y lo comparó con sus niveles de productividad.

Descubrieron algo que servirá en el futuro para desmontar la idea anacrónica de que la jornada debe durar estrictamente ocho horas, y que ésta debe llevarse de a cabo de manera consecutiva. Y es que los investigadores pudieron observar que la duración de la jornada no importaba tanto como la manera como los empleados estructuraban su día.

Al parecer, lo mejor es trabajar 1 hora y descansar 15 minutos.

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Esta estructuración del tiempo dio mayor energía y enfoque a los empleados. Y ella implicaba que estuvieran totalmente concentrados en su tarea durante la hora de trabajo, así como totalmente desconectados durante los 15 minutos de descanso. Siguiendo este ciclo, cada hora de trabajo fue mucho más eficaz.

Así que las nuevas dinámicas de trabajo requerirán que esto se tome en cuenta, dejando de ser tan rígidas si lo que quieren las empresas es una mayor productividad, una mayor calidad y cuidar la psique de sus empleados. Se trata de no condenar la procrastinación, pues otros estudios han demostrado que cuando “perdemos el tiempo” en internet –buscando información sobre productos, leyendo o viendo videos– es porque nuestra mente lo necesita. Y es que, en promedio, nuestra concentración no puede durar más de 20 minutos a su máxima potencia.

Eso sí: no podemos disolvernos en el internet y en las nocivas formas que tiene para acaparar nuestra atención. Se trata de estructurar nuestro tiempo y de hacer las cosas cuando debemos hacerlas –y no hacerlas cuando no debemos hacerlas, es decir: saber tomar verdaderos descansos–.

¿Qué hacer en los breaks?

Lo más importante es que te relajes. Si tu trabajo no te permite navegar mucho en internet, y crees que ahí encontraras sosiego, ¡adelante! Pero recuerda no todo son las redes sociales, y que éstas te pueden ocasionar ansiedad. ¿Y si mejor observas la foto del universo del día, cortesía de la NASA? ¿O qué tal si escuchas sonidos naturales de todo el mundo en este mapa interactivo. O descubre más música de los artistas que más te gustan. El punto es que pierdas el tiempo con sentido.

Pero si quieres estar offline, puedes simplemente salir al parque más cercano y sentarte a observar lo que pasa a tu alrededor. O aprovechar para respirar profundo por cinco minutos y oxigenar tu cerebro. Incluso puedes ponerte metas: como aprender origami, o aprender a tejer, pues las manualidades tienen la capacidad de relajar la mente. Verás que esos 15 minutos son mucho más tiempo del que parece.

*Imágenes: Max Löffler