Los perros de Chernóbil: los habitantes olvidados de la zona de exclusión necesitan tu ayuda

Un grupo de voluntarios está cuidando de esta población canina (y tú puedes colaborar).

Más de 250 perros viven en el área de exclusión de Chernóbil, la ciudad ucraniana donde en 1986 se desató uno de los mayores y más graves accidentes nucleares de la historia. Fue tras este aparatoso suceso que los habitantes de Chernóbil y otras ciudades aledañas tuvieron que dejar sus hogares. Pero muchos de ellos dejaron atrás no sólo su vida como la conocían hasta entonces, sino también a sus mascotas.

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Los perros que hoy habitan en la planta nuclear son los descendientes de los perros abandonados tras el accidente. Y es que, pese al intento del ejército soviético de exterminar a todos los canes para evitar que propagaran la radiación, el ejército no pudo dar con todos. Algunos voluntarios de la organización Clean Futures Fund descubrieron esto en un viaje a Chernóbil, y decidieron lanzar la campaña Dogs of Chernobyl en 2017 con el fin de vacunar y dar atención veterinaria a todos estos perros, así como esterilizarlos para evitar que se sigan reproduciendo.

Ahora que el tema del accidente nuclear ha cobrado relevancia a partir de la serie Chernobyl de HBO, la campaña Dogs for Chernobyl ha aprovechado para animar a la gente a ayudar a los perros de Chernóbil. Lo mejor es que, estemos donde estemos, podemos colaborar con este esfuerzo donando cualquier suma de dinero directamente a la organización Clean Futures Fund, aquí.

Así que el éxito de Chernobyl podría traerle buena fortuna a estos perritos. Ahora que lo sabes, sólo necesitan de tu solidaridad.

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* Imágenes: Clean Futures Fund



La improbable amistad entre un perro y un delfín que conmueve al mundo (video)

Ben el perro y Duggie la delfín se conocieron en las costas de Irlanda y ahora son amigos inseparables.

Ben, un perro labrador, disfrutaba sus caminatas cotidianas en la Isla Tory, en Irlanda. Pero un día de 2016, al darse su tradicional chapuzón en el mar, la vida de Ben cambiaría para siempre. Fue cuando conoció a una hembra delfín que, con el tiempo, se convertiría en su mejor amiga.

Pero la historia es aún más conmovedora. Pues Duggie –nombre que recibió la delfín–, vive en la costa de Donegal desde que perdió a su pareja en esas aguas, a partir de lo cual decidió ya no seguir su recorrido y permanecer (quizá como luto) ahí.   

Por eso todos celebraron cuando el labrador y la delfín se conocieron y conectaron instantáneamente. Ahora juegan y recorren juntos el área, nadando a veces hasta por 3 horas. Por cierto, cuando Duggie nota que su amigo canino ya esta muy cansado, lo empuja y ayuda a cargar parte de su peso con tal de seguir disfrutando de su compañía. 

Hay sentimientos, por ejemplo la amistad, que superan cualquier frontera –sea ésta ideológica, geográfica o incluso biológica–. El caso de Ben y Duggie, como otros, es una muestra perfecta de esto; es, de algún modo, una sencilla celebración de la existencia



El bosque de Chernóbil se ha convertido en una increíble reserva radioecológica

Más de 30 años después del accidente nuclear, el ecosistema inhóspito para la vida humana es refugio de especies amenazadas.

A raíz de la aceptación que ha tenido la serie Chernobyl de HBO, la pregunta latente por el papel de la vida humana sobre la Tierra se pone nuevamente sobre la mesa. Frente al reto del calentamiento global, ¿la naturaleza nos necesita o, más bien, somos nosotros quienes la necesitamos?

Pero mientras los humanos debatimos acerca de cómo preferimos extinguirnos, la vida se abre paso como si ya lo estuviéramos.

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Perímetro de la zona de exclusión en Bielorrusia

La Reserva Radioecológica Estatal de Palieski, en Bielorrusia, también tiene una historia que contar sobre los efectos del accidente nuclear del reactor número 4 de la planta Vladimir I. Lenin, en la Ucrania soviética, que dejó como saldo una zona de exclusión de 30 kilómetros alrededor del reactor y cuyo sarcófago es otra zona de peregrinaje necroturístico bastante visitado.

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Casi la mitad de la zona de exclusión está del lado de Bielorrusia

Esa zona de exclusión de 2,600 kilómetros cuadrados fue evacuada y sus 120,000 habitantes se convirtieron en los primeros exiliados nucleares de nuestra era. Pero a los pocos años, la naturaleza siguió su cauce. Investigadores británicos han constatado que las poblaciones de mamíferos han aumentado a pesar de la alta radiación desde 1988, 2 años después del accidente.

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Este lince, cuya especie se creía extinta en la zona, fue captado en 2017 (APB-Birdlife Belarus)

Especies que no aparecían en los registros de vida salvaje hace más de 1 siglo, de repente surgen como fantasmas en medio de la zona de exclusión. El oso europeo, el lince, el lobo (que se creían extintos en la zona) y numerosas especies de aves carroñeras mantienen en equilibrio a las poblaciones de tejón, alce, ciervo rojo, comadreja y castor.

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Tu nuevo caballo favorito: el caballo de Przewalski (APB-Birdlife Belarus)

Manadas de caballos de Przewalski y bisontes europeos pastan libremente entre aldeas abandonadas.

Este incremento en la flora y fauna fue notado en Bielorrusia desde 1988, cuando se instituyó la zona como reserva protegida. Lo llaman “ejemplo clásico de parque involuntario”,  una manera, tal vez poética, de aprender voluntariamente una lección científica a partir de la catástrofe.

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Se estima que en la zona viven unos 100 lobos europeos (APB-Birdlife Belarus)

La asociación de conservación APB-Birdlife Wetland Centre, con sede en Bielorrusia, ofrece auténticos safaris radioactivos en la zona. Las medidas de seguridad son estrictas en cuanto al tiempo de permanencia y tránsito, pero ni siquiera se necesita visa si se aterriza en el aeropuerto de Minsk.

Lo recaudado se reinvierte en conservación natural de la zona, por lo que el turismo radioactivo se vuelve una inusitada manera de hacer un viaje en el tiempo: cómo sería un mundo dentro de un mundo sin nosotros.