Investigadores descubren dónde ocurre la espiritualidad dentro de nuestro cerebro

Sin importar religión, cultura o creencias, las experiencias místicas se anidan de la misma forma en el cerebro humano.

El punto de encuentro entre lo material y lo espiritual, su búsqueda, ha inquietado al ser humano durante milenios. La religión y la ciencia han tratado de determinar cómo y dónde coexisten estos dos mundos. Y ahora, un grupo de neurocientíficos de la Universidad de Columbia propone una “respuesta”.

En un reciente estudio, publicado el 29 de mayo en la revista científica Cerebral Cortex, se ubicó la zona específica del cerebro en la que se aloja la espiritualidad. La investigación se basó en pruebas realizadas a 27 personas, quienes debieron “revivir” una experiencia espiritual mientras sus cerebros eran monitoreados vía MRI.

El grupo de voluntarios se componía de personas de diversas religiones o creencias, cuyo concepto de una experiencia espiritual no era necesariamente uniforme. Lo fascinante es que en todos los casos se registró un patrón similar en la corteza parietal, sin importar los contextos culturales que cada uno atribuía a su respectiva vivencia. Es decir, desde un plano neurobiológico también existe universalidad en la forma en la que los seres humanos experimentamos la espiritualidad.

Sobre las implicaciones clínicas de este descubrimiento, la Universidad de Yale cita al profesor de psiquiatría de dicha institución, Marc Potenza, afirmando:

Las experiencias espirituales son estados fuertes que pueden tener un profundo impacto en la vida de una persona. Entender las bases neurales de esta experiencia podría ayudarnos a entender su papel en la resiliencia y la recuperación de la salud mental.

Curiosamente la ciencia va acercándose, lentamente, a muchos de los preceptos que diversas tradiciones místicas han sostenido a lo largo de los siglos. Este es sólo un episodio más del lento reencuentro entre dos fuerzas fundamentales en la historia del ser humano que en algún momento decidieron separarse, pero a las cuáles ahora la realidad está invitando a bailar de nuevo: ciencia y espiritualidad.



Científico prueba que los médiums acceden a un estado distinto de conciencia

Con este experimento, el científico Dean Radin ha logrado acotar la brecha entre la ciencia y la comunicación paranormal, demostrando que la actividad cerebral es distinta a aquella que sucede durante el pensamiento ordinario o la imaginación.

El científico Dean Radin es una de las grandes mentes que se han abocado a explicar cómo la ciencia da lugar a un sistema fracturado de disciplinas, mientras la espiritualidad sirve para conectar. Radin sugiere que la teoría de sistemas podría ser el mejor ejemplo que tenemos actualmente de cómo la ciencia puede empezar a abarcar algo tan vagamente definido como la conectividad y permanecer como una ciencia. 

Radin ha explorado las posibilidades psíquicas de la mente, tratando de conciliar la metafísica con la ciencia. En su estudio, codirigido por él y Julie Beischel, se encontró que la actividad electrocortical durante la “comunicación mediumística” es claramente diferente que durante otros momentos contemplativos, como pensar en personas vivientes o imaginarias. La investigación se hizo para explorar dos cuestiones: posibles correlaciones entre la precisión de las declaraciones de médiums y la actividad eléctrica del cerebro, y las diferencias en las actividades cerebrales de los médiums cuando evocaron intencionalmente cuatro diferentes estados subjetivos. 

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Para lograrlo, los investigadores recolectaron datos psicométricos y electrofisiológicos del cerebro de “seis individuos que previamente habían reportado información precisa acerca de individuos difuntos bajo condiciones de doble ciego” (médiums, o más específicamente, médiums previamente acreditados por el Instituto Windbridge de Beischel). Cada participante realizó dos tareas con los ojos cerrados. En la primera tarea se le dio al médium el primer nombre de una persona difunta y se le hicieron 25 preguntas, después se le pidió que percibiera silenciosamente la información relevante a la pregunta por 20 segundos y respondiera. Estas respuestas fueron luego cotejadas con individuos que conocían a las personas difuntas. Los investigadores encontraron que de los seis médiums evaluados, tres calificaron significativamente por encima de la casualidad, Uno de los médiums también mostró una correlación significativa entre la precisión y la actividad cerebral en el theta frontal. 

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En el segundo experimento se le pidió a los participantes que experimentaran cuatro estados mentales durante 1 minuto cada uno, un proceso que se llevó a cabo tres veces: 1) pensar en una persona conocida viva, 2) escuchar una biografía 3) pensar en una persona imaginaria y 4) interactuar mentalmente con una persona conocida muerta. De manera interesante, se encontraron diferencias estadísticas significativas en la actividad electrocortical entre los cuatro estados mentales de los seis participantes. Esto llevó a los investigadores a concluir que las diferencias en la actividad electrocortical “sugieren que la impresión de comunicarse con los difuntos puede ser un estado mental distinto al pensamiento ordinario o la imaginación”. 

Para concluir, pensamos que los resultados del médium 1, correlacionando la exactitud con la actividad electrocortical, califican como un hallazgo robusto. Los resultados en cuanto a las diferencias en las bandas de poder gamma entre distintos estados mentales permanece confusos mientras la diferencia gamma que observamos parece ascender, al menos en parte, del ojo o la actividad muscular. La caracterización de la naturaleza exacta de esta diferencia en la banda de frecuencia gamma, y evaluando si alguna de estas actividades se origina en el cerebro, requiere investigación adicional. Juntos, los resultados del estudio sugieren que la experiencia de comunicarse con los difuntos podría ser un estado mental distinto que no es consistente con la actividad cerebral durante el pensamiento ordinario o la imaginación.

Este hallazgo es realmente importante en el campo de la ciencia, que no pretende explicar por qué pueden acontecer estas “comunicaciones” psíquicas, pero sí pretende demostrar que de hecho suceden. Demuestra que las actividades cerebrales durante la comunicación paranormal, a diferencia de las actividades durante estados mentales “normales” como la imaginación, se comportan de maneras exclusivas a esa comunicación. Radin y sus colegas quizá estén acelerando la conciliación de la ciencia con la conciencia, y este experimento es un gran ejemplo de ello.